
COLABORADOR DE MEDIOS
LA NACIÓN - CLARIN - INFOBAE

Janucá y Navidad, luces contra la oscuridad
20 de diciembre de 2025
Los que amamos la convivencia hoy estamos de luto por el atentado antisemita en Australia. Mientras un grupo de judíos celebraban la alegre festividad de las luminarias (Janucá) fueron masacrados en una playa, por el solo hecho de ser judíos.
¿Por qué fue elegida esta celebración para el atentado? Realizar el ataque durante una festividad religiosa judía buscaba no solo causar víctimas físicas, sino también infligir un trauma psicológico y simbólico a la comunidad, atacando su identidad cultural y religiosa. No se dieron cuenta los agresores de que no van a conseguir su objetivo, ya que Janucá celebra justamente la supervivencia del pueblo judío, su capacidad de resistencia y su resiliencia. La historia nos enseña que este pueblo ha sabido sobreponerse siempre al dolor y puede en el futuro –como expresó Ernesto Sabato– “volver a reír y bailar sobre las cenizas del último pogromo”. Recordemos que el 7 de octubre de 2023 Hamas perpetró su masacre en otras festividades judías: la Fiesta de la Torá y Shabat.
¿Qué celebra Janucá? Evoca el heroico levantamiento de los macabeos que terminaron con el poder grecosirio, que quería helenizar por la fuerza al pueblo de Israel.
Jerusalén fue liberada hacia el año 164 a. C. y se reinauguró el Templo (“Janucá” significa “inauguración”). Una vasija que tenía aceite para iluminar un día alcanzó a arder milagrosamente durante ocho días. Hoy la festividad se celebra encendiendo gradualmente un candelabro de ocho velas y con cantos alusivos. En realidad, lo milagroso es que, pese a todas las tragedias, el pueblo judío siga encendiendo la luz una y otra vez.
Janucá también celebra el coraje “de los pocos contra los muchos” y la astucia de las mujeres en la resistencia, ejemplificada en la historia de Judith (quien luego de embriagarlo eliminó al general Holofernes).
Volviendo a estos días. Según la Anti Difamation League (ADL), los incidentes antisemitas en Australia se han más que triplicado en los últimos dos años y el gobierno ha hecho poco para evitarlos. En el mismo sentido, el papa León XIV ha expresado con contundencia: “Basta de violencia antisemita”.
Estos fanáticos perpetradores de Sídney han olvidado las leyes coránicas (Suras 5:32, 6:151 y 4:93) que condenan el asesinato como una de las transgresiones más graves contra Dios y la humanidad. Por suerte hubo un musulmán en Australia que entendió la valoración de la vida que hace el verdadero islam y se abalanzó valientemente contra uno de los atacantes. El héroe, llamado Ahmed al Ahmed, cayó herido y se está recuperando.
También los cristianos están sufriendo los embates de grupos minúsculos de fanáticos musulmanes. Mientras católicos y evangélicos recuerdan el milagro del nacimiento de Jesucristo, la magna fiesta de la cristiandad, han sido objeto de manifestaciones anticristianas frente a árboles de Navidad. Estos hechos ocurrieron en mercados navideños de Bruselas (con consignas como “la Navidad insulta al profeta”), Londres, Viena y Milán. También cabe recordar el atropellamiento masivo en un mercado navideño de Magdeburgo, en 2024. Los investigadores piensan que los fanáticos quieren evitar la existencia de estos mercados porque los consideran una demostración pública del cristianismo. La consecuencia es que hoy estos mercados navideños son verdaderas fortalezas.
Nos hemos referido a Janucá y Navidad. Ambas festividades evocan milagros distintos y tienen diferentes significados, pero en la forma comparten muchas similitudes, como las reuniones familiares y el regalo a los niños. Ambas nacieron y crecieron en el hemisferio norte, en el frío mes de diciembre, en fechas cercanas al solsticio de invierno, cuando las noches son larguísimas. Es el momento propicio para apreciar la importancia de la luz. Las dos celebraciones representan el triunfo de la luz sobre la oscuridad y evocan una atmósfera emocional similar. La luz simboliza el conocimiento, la ilustración, la tolerancia. En cambio, la oscuridad representa el fanatismo, el dogmatismo y la intolerancia de los agresores.
En estos días en que la oscuridad del fanatismo intenta ganarle a la luz, reforcemos con más fuerza la luz. Hagamos que la luz disipe las tinieblas del fanatismo. Es una época de reuniones y de reinaugurar la esperanza en un mundo más justo. Pese al luto, hay que celebrar la vida y expresar gratitud y solidaridad.
¡Feliz Janucá, feliz Navidad!
PRESIDENTE DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN DE LA CULTURA SEFARDÍ (CIDICSEF)
Por Mario Eduardo Cohen
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SEAMOS ARQUITECTOS DEL TIEMPO
19 de septiembre de 2025
Mario Eduardo CohenCon el Rosh Hashaná (año nuevo hebreo), que se festejará desde el lunes por la noche, comienza el período de las llamadas Altas Fiestas Judías, cuyo punto culminante tendrá lugar el jueves 2 de octubre, con el Iom Kipur (Día del Perdón). De acuerdo con la tradición judía, el mundo fue creado en esta época del año y la primera pareja humana nació justamente este mismo día. En síntesis, se podría decir que esta festividad, que surgió hace casi tres milenios, sería una especie de gran cumpleaños del universo.
En estas celebraciones se valoran especialmente tres comportamientos, que en fonética española comienzan con la letra “t”: tefilá, teshuvá y tzedaká. Tefilá es la oración intensiva a Dios; el principio de teshuvá, que significa “retorno” o “arrepentimiento”, afirma que todos podemos mejorar y corregir nuestros errores, y tzedaká es el compromiso con los más necesitados, sembrando justicia social. Estos dos últimos mandamientos tienen un carácter universal.
Las Altas Fiestas Judías están relacionadas con la idea del juicio divino y representan la época ideal para realizar un balance del mayor capital que tiene cada ser humano: la vida. Implican un mensaje de renacimiento, perdón y responsabilidad individual y social. Escribió Jorge Luis Borges respecto del misterio del tiempo: “…no hay otro enigma que el tiempo, esa infinita urdimbre del ayer, del hoy, del porvenir, del siempre y del nunca” (El libro de arena).
El tiempo es la materia más escasa y más vital. Cada minuto que vivimos es único e irrepetible. Esta festividad es un buen momento para volver a reflexionar sobre el sentido de la existencia, un tiempo para repensar “el tiempo”. En cada nuevo año se pretende que renazca un ser humano renovado, con esperanzas para el futuro.
Habitualmente olvidamos cuánta gratitud les debemos a nuestros padres, a nuestros maestros, a nuestra familia y a tantos otros. No podemos vivir la vida de otra forma que no sea agradeciendo todo lo que somos y todo lo que poseemos. Como señala el Eclesiastés (27:19): “Así como el agua refleja la cara, así el ser humano se mira en el corazón de su prójimo”. Justamente esta es una época para expresar la gratitud hacia nuestros semejantes y perdonar los agravios.
El judaísmo convirtió la memoria en un mandato religioso, a través de rituales, símbolos e historias. El día del año nuevo judío se escucha en las sinagogas un instrumento antiquísimo llamado shofar, elaborado con un cuerno de carnero. Su sonido desgarrador tiene como fin levantarnos del letargo. Es una especie de oración sin palabras, “como un mugido sobrehumano que sobrecoge a los corazones”, en las palabras de Rafael Cansinos Assens (uno de los maestros de Borges). Un sonido que nos interpela.
¿Cómo se festeja hoy el Rosh Hashaná? Son días de regocijo y a la vez de reflexión, de recordación y de juicio, en los que predomina un sabor agridulce. Además de las oraciones en la sinagoga, este año centradas en un ruego por la paz en Medio Oriente, en la mesa familiar se come pan redondo untado con azúcar y manzana con miel, para “endulzar la vida”, en el año que se inicia. Es el modo de desear: “¡Que sea un buen año, pleno de dulzura!”. El año nuevo hebreo nos pide que seamos arquitectos del tiempo: con arrepentimiento, elaboramos el pasado y con fe, construimos un futuro común más ético.
Presidente del Cidicsef
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Una luna luminosa, dos Pascuas
14 de Abril de 2025
“La luna llena brilla en el cielo, /la noche de Pésaj ha llegado, /la mesa está puesta, /la familia está reunida, (…) /la historia (del Éxodo) será contada.” Así sintetizaba Samuel Ibn Nagrela (Granada, siglo XII) en pocas palabras la llegada de la Pascua hebrea. Este año, “la luna llena que brilla en el cielo”, que señalaba el poeta, acaeció el domingo 13 de abril (es la llamada luna rosa) lo que ha generado la exacta coincidencia de toda Semana Santa católica y evangélica con el Pésaj (o Pascua judía). Es habitual que haya algunos días en común, pero en rarísimas ocasiones se da esta total coincidencia. Para que esto ocurra, el plenilunio de abril debe acontecer necesariamente en el Domingo de Ramos.
La Semana Santa cristiana es una magna recordación de los últimos días de Jesucristo que justamente coincidieron la Pascua judía. Aunque el significado de ambas pascuas es muy distinto, ambas son festividades religiosas, en el sentido etimológico de la palabra “religión” del latín religare: “volver a ligar (con Dios)”. Ambas nos llaman a reflexiones éticas y son momentos para reunirse con la familia y amigos. En la ciudad de Buenos Aires y en muchas ciudades del interior veremos en un mismo edificio, que algunos estarán degustando los huevos de pascua y quizás en la ventana contigua otros estarán comiendo el pan sin levadura (llamado en hebreo matzá).
¿Qué evoca el Pésaj? La Pascua judía recuerda la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto (Mizrahim) ocurrida hace “apenas” tres mil doscientos años, y se la evoca consumiendo el pan sin levadura, entre otros elementos simbólicos. Es quizás la festividad religiosa más antigua de Occidente. Se trata de un acontecimiento fundacional en la historia de la humanidad. Es el paso de la esclavitud a la libertad, del desorden a la instalación de la ley; y también el comienzo del pueblo judío, generador de los grandes preceptos éticos.
¿Cómo se la celebra? Al comienzo de la cena pascual se lee una referencia al pan sin levadura (o matzá): “Este es el pan de la pobreza y la aflicción que nuestros antepasados comieron en la tierra de Egipto. Los que padecen hambre, entren y coman. Vengan los necesitados a celebrar el Pésaj...”. Es el momento en que se abren las puertas de la casa ¡Un hecho por demás simbólico!
La festividad de Pésaj no es meramente la festividad de los panes ácimos. Se ha mantenido durante tantos siglos porque representa ideales universales. La memoria de la esclavitud nos sensibiliza para no desentendernos del dolor del otro. La celebración recuerda la lucha universal por la libertad y la justicia. Es a la vez una expresión de gratitud por la intervención divina en liberación. Además, la festividad es una ocasión de encuentro de la familia y la comunidad. En síntesis, es un momento para honrar la historia y la memoria. Recordar es revivir emociones.
El Pésaj marca el comienzo de la primavera (en el hemisferio norte) y simboliza la eterna renovación de naturaleza y de la vida.
Es interesante aquí recordar las palabras de un poeta del siglo XX. “No conozco –escribió Beer Katzenelson– creación literaria capaz de educar mejor en el repudio de la esclavitud y el amor a la libertad que el relato de la servidumbre en Egipto y la liberación del pueblo judío”. ¡Felices Pascuas
Mario Eduardo Cohen
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El pecado del antisemitismo
12 de Febrero de 2024
El Papa difundió una histórica carta que, si bien está dirigida a “nuestros hermanos y hermanas judíos en Israel”, tiene carácter universal. En la importante misiva, que ha tenido muy poca difusión, denuncia el incremento del antisemitismo en todo el mundo y la reprobación rotunda de la Iglesia a toda manifestación de odio hacia los judíos.
En su párrafo central recuerda, con otras palabras, la fraternidad con los “hermanos mayores en la fe” (como los llamó a los judíos el papa Juan Pablo II) y señala: “El camino que la Iglesia ha iniciado con vosotros, antiguo pueblo de la alianza, rechaza toda forma de antijudaísmo y antisemitismo, condenando inequívocamente las manifestaciones de odio hacia los judíos y el judaísmo como un pecado contra Dios. Junto con ustedes, los católicos estamos muy preocupados por el terrible aumento de los ataques contra los judíos en todo el mundo”. Cabe reconocer que el Papa siempre ha tenido una actitud valiente y firme en contra de todas las formas de antisemitismo.
¿Qué es el antisemitismo? Se trata de un término acuñado en el siglo XIX que aglutina prejuicios, odio, acoso y acciones de discriminación contra los judíos. Una verdadera enfermedad grave de la sociedad occidental que tuvo su máxima expresión durante el Holocausto, hace apenas ocho décadas. Al parecer el mundo todavía no aprendió a qué extremos puede llevar el odio racial.
Llama la atención que el único racismo que tiene nombre propio en todos los idiomas occidentales sea el antisemitismo. No existe una palabra para expresar el odio a los negros, a los gitanos y a tantos otros grupos discriminados. Lo que nos muestra lo incorporado que está en muchas culturas. El antisemitismo puede sobrevivir en lugares donde no hay judíos.
En la carta, el Papa advierte sobre el preocupante aumento de los actos discriminatorios luego de la masacre perpetrada por el grupo Hamas y las acciones de respuesta de Israel. Según la ADL (Anti-Defamation League), del 7 de octubre al 7 de enero los actos antisemitas crecieron, en Estados Unidos, un 360% respecto a igual período del año anterior. En Alemania, entre octubre y noviembre de 2023 el incremento fue del 320%. En Australia hasta diciembre hubo una suba de 738% y en Brasil, en octubre, escaló un 961%. El caso extremo es el de Francia en que se decuplicaron los actos discriminatorios (en el período de octubre a diciembre de 2023).
En los últimos meses los judíos europeos se han acostumbrado a no usar en público elementos que indiquen su filiación, y a protegerse detrás de pilotes y guardia policial continua. La Unesco, en el mismo sentido que el Papa, convocó en noviembre a una reunión para tratar el tema del creciente antisemitismo. Se coincidió, entre otros puntos, en que el anonimato de las redes sociales es su nueva forma de expresión. Debemos destacar que el Papa ruega, en la carta, por la paz en Medio Oriente y por el retorno con vida de los rehenes. Cierra su histórica misiva reiterando un llamado a la hermandad de cristianos y judíos: “Todavía tenemos mucho que hacer juntos para garantizar que el mundo que dejamos a los que vienen después de nosotros sea mejor, pero confío en que podamos seguir trabajando juntos para lograrlo”.
(*) Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
Mario Eduardo Cohen
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Auschwitz, tumbas cavadas en el aire
24 de enero de 2024
El 7 de octubre Israel sufrió una feroz agresión del grupo terrorista Hamas. En el terrible ataque asesinaron, violaron y secuestraron a civiles, atrocidades que nos recuerdan la época del Holocausto. Los hechos no son comparables en su dimensión, pero son similares en su crueldad. Mientras los nazis ocultaban sus atrocidades, Hamas las hizo públicas.
Justamente, en esta semana la humanidad recuerda la persecución y matanza de judíos por parte de la Alemania nazi, hechos conocidos en la historia como Holocausto o Shoá (en hebreo). Según el filósofo español Manuel Reyes Mate fue la época en que “la humanidad alcanzó su más alto grado de inhumanidad”. El mayor trauma de la historia. El 27 de enero de 1945 finalizó el martirio en Auschwitz, donde fueron masacradas alrededor de 1.100.000 personas, en su gran mayoría judías. También asesinaron a homosexuales, gitanos, discapacitados y disidentes polacos y rusos.
El historiador Raul Hilberg así refiere la “eficiencia asesina” del campo: “El recién llegado descendía del tren por la mañana, por la tarde su cadáver ya había sido quemado y sus ropas empaquetadas y expedidas a Alemania”. El campo de concentración también servía como base para el trabajo esclavo y la experimentación médica en seres humanos. Auschwitz -Birkenau fue el engranaje más grande en la política nazi de asesinato masivo, pero no el único. Por su crueldad mayúscula hoy la bibliografía también se centra en los grupos de tareas, Einsatzgruppen, que mataron a sangre fría y a quemarropa a 1.500.000 civiles desarmados.
¿Por qué recordar lo que ocurrió en la Shoá? Porque Auschwitz había sido armado para el olvido. Los nazis trataron de no dejar pruebas del crimen. Destruyeron los hornos crematorios, quemaron los archivos, ejecutaron a los Sonderkomandos. Pero las evidencias fueron de tal tamaño que fue imposible tapar la realidad. Nos quedaron los testimonios de los sobrevivientes y miles de tumbas de los mártires “cavadas en el aire”. El sobreviviente Primo Levi también se expresó contra el olvido: “Si morimos en silencio, como nuestros enemigos desean, el mundo no sabrá lo que el hombre ha sido capaz de hacer y lo que todavía puede hacer: el mundo no se conocerá a sí mismo.”
La recordación del Holocausto se inscribe en el “devoir de mémoire” (“deber de la memoria”), concepto acuñado en Francia hace tres décadas, que se refiere a la responsabilidad moral de los Estados de recordar el sufrimiento causado a ciertas poblaciones (en este caso, a los judíos y otras minorías). Afirmaba el papa Juan Pablo II: “Auschwitz no deja de amonestarnos, aún en nuestros días, recordando que el antisemitismo es un gran pecado contra la humanidad”.
El Holocausto mató a millones de judíos, pero no mató al antisemitismo. En este momento en que ha resurgido ferozmente en muchas partes del mundo, es necesario recordar las consecuencias del odio y la xenofobia. Parece que no hemos aprendido las enseñanzas del Holocausto. La memoria se construye en una categoría fundamental para pensar lo impensado. Según Reyes Mate: “Para que no se repita, hay que recordarlo, porque en ese recuerdo se juega el ser o no ser de la humanidad”. La tarea de hoy es fortalecer la memoria. No podemos permitir que el olvido y la indiferencia causen una segunda muerte de los mártires.
(*) Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
Mario Eduardo Cohen
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Festividades que llaman a valorar la vida
16 de abril de 2022
La Argentina es una tierra de con-vivencia (es decir de “vivir con”), donde desde hace ya un siglo y medio residen, en armonía, todas las creencias religiosas. Además, existen varias instituciones de confraternidad entre los diversos credos, que son ejemplos para el mundo. Para que esa armonía continúe es necesario el conocimiento de las costumbres de cada fe y sus puntos de coincidencia.
Posiblemente este fin de semana en algún edificio haya vecinos que en puertas contiguas se reúnan con sus familias. Algunos cenarán con pan ácimo (sin levadura), por ser judíos; los cristianos degustarán huevos y roscas de Pascua, y los musulmanes estarán esperando el anochecer para merendar. Las fases de la luna de este mes generan que las tres religiones monoteístas se encuentren en alguna de sus principales festividades o conmemoraciones.
En efecto, desde el 2 de abril, los musulmanes se hallan en el mes lunar de Ramadán, que recuerda la época en fue revelado el Corán al profeta Muhammad. Es un mes de ayuno (durante las horas del sol), oración, caridad y reflexión. El calendario del Islam es lunar, por lo que el Ramadán va rotando durante el año solar y coincide con las Pascuas cada tres décadas.
Por otra parte, los católicos y los evangélicos van a conmemorar uno de sus días más sagrados. Se trata de la crucifixión y luego la resurrección de Jesucristo, momento inaugural y central de la fe cristiana. Como es sabido, los días más trascendentes son el Viernes Santo, el Sábado Santo y el Domingo de Gloria. El domingo pascual de la Iglesia ortodoxa será el 24 de abril. Y en el anochecer del viernes se iniciará la semana de Pésaj o Pascua judía.
La misma luna llena del 16 de abril genera ambas festividades y posee un significado más que simbólico. Pésaj es la fiesta de la libertad. Se trata, quizá, de la celebración religiosa más antigua de la humanidad. Evoca el éxodo de Egipto del pueblo de Israel bajo el liderazgo de Moisés, acontecimiento fundacional en la historia de la humanidad. Es el nacimiento del pueblo hebreo, generador de las ideas del monoteísmo ético, base de las religiones reveladas y enraizadas hoy en media humanidad.
A lo largo de los siglos también se interrelaciona ron estas confesiones. Hay estudiosos que refieren las coincidencias entre la cuaresma de las iglesias orientales con el Ramadán. Señala la investigadora Cristina de la Puente: “Los propios musulmanes hacen remontar la costumbre del ayuno a la imitación de las costumbres judías” (en referencia a Iom Kipur).
La palabra “Pascua” proviene del latín y deriva del término hebreo “Pésaj”. Como es conocido, los últimos días de Jesucristo coincidieron con la celebración de Pésaj. Las tres religiones tienen costumbres comunes en estas festividades: algunas restricciones alimentarias y comidas típicas, oraciones intensivas, las reuniones familiares y el deber de caridad para con el pobre y el desvalido. Las tres conmemoraciones miden su origen en milenios. El hecho de que se hayan transmitido a través de las generaciones nos indica que apelan al sentimiento humano de todos los tiempos.
En esta época en que estamos presenciando una cruel guerra, las autoridades de las tres religiones monoteístas deberían hacer un rotundo llamado para la paz. Simbólicamente las fases de la luna de abril nos convocan a una profunda reflexión. Las tres festividades nos llaman a valorar la vida como el bien supremo, a volver a la ética de la solidaridad y a tener un fuerte compromiso con el prójimo. Lectores: en estos días pueden saludar a los cristianos con un “¡Felices Pascuas!”, a los judíos con un “¡Jag sameaj” y a los musulmanes con un “¡Ramadán mubarak!”.
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
Mario Eduardo Cohen
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Festividades que llaman a valorar la vida
16 de abril de 2022
La Argentina es una tierra de con-vivencia (es decir de “vivir con”), donde desde hace ya un siglo y medio residen, en armonía, todas las creencias religiosas. Además, existen varias instituciones de confraternidad entre los diversos credos, que son ejemplos para el mundo. Para que esa armonía continúe es necesario el conocimiento de las costumbres de cada fe y sus puntos de coincidencia.
Posiblemente este fin de semana en algún edificio haya vecinos que en puertas contiguas se reúnan con sus familias. Algunos cenarán con pan ácimo (sin levadura), por ser judíos; los cristianos degustarán huevos y roscas de Pascua, y los musulmanes estarán esperando el anochecer para merendar. Las fases de la luna de este mes generan que las tres religiones monoteístas se encuentren en alguna de sus principales festividades o conmemoraciones.
En efecto, desde el 2 de abril, los musulmanes se hallan en el mes lunar de Ramadán, que recuerda la época en fue revelado el Corán al profeta Muhammad. Es un mes de ayuno (durante las horas del sol), oración, caridad y reflexión. El calendario del Islam es lunar, por lo que el Ramadán va rotando durante el año solar y coincide con las Pascuas cada tres décadas.
Por otra parte, los católicos y los evangélicos van a conmemorar uno de sus días más sagrados. Se trata de la crucifixión y luego la resurrección de Jesucristo, momento inaugural y central de la fe cristiana. Como es sabido, los días más trascendentes son el Viernes Santo, el Sábado Santo y el Domingo de Gloria. El domingo pascual de la Iglesia ortodoxa será el 24 de abril. Y en el anochecer del viernes se iniciará la semana de Pésaj o Pascua judía.
La misma luna llena del 16 de abril genera ambas festividades y posee un significado más que simbólico. Pésaj es la fiesta de la libertad. Se trata, quizá, de la celebración religiosa más antigua de la humanidad. Evoca el éxodo de Egipto del pueblo de Israel bajo el liderazgo de Moisés, acontecimiento fundacional en la historia de la humanidad. Es el nacimiento del pueblo hebreo, generador de las ideas del monoteísmo ético, base de las religiones reveladas y enraizadas hoy en media humanidad.
A lo largo de los siglos también se interrelaciona ron estas confesiones. Hay estudiosos que refieren las coincidencias entre la cuaresma de las iglesias orientales con el Ramadán. Señala la investigadora Cristina de la Puente: “Los propios musulmanes hacen remontar la costumbre del ayuno a la imitación de las costumbres judías” (en referencia a Iom Kipur).
La palabra “Pascua” proviene del latín y deriva del término hebreo “Pésaj”. Como es conocido, los últimos días de Jesucristo coincidieron con la celebración de Pésaj. Las tres religiones tienen costumbres comunes en estas festividades: algunas restricciones alimentarias y comidas típicas, oraciones intensivas, las reuniones familiares y el deber de caridad para con el pobre y el desvalido. Las tres conmemoraciones miden su origen en milenios. El hecho de que se hayan transmitido a través de las generaciones nos indica que apelan al sentimiento humano de todos los tiempos.
En esta época en que estamos presenciando una cruel guerra, las autoridades de las tres religiones monoteístas deberían hacer un rotundo llamado para la paz. Simbólicamente las fases de la luna de abril nos convocan a una profunda reflexión. Las tres festividades nos llaman a valorar la vida como el bien supremo, a volver a la ética de la solidaridad y a tener un fuerte compromiso con el prójimo. Lectores: en estos días pueden saludar a los cristianos con un “¡Felices Pascuas!”, a los judíos con un “¡Jag sameaj” y a los musulmanes con un “¡Ramadán mubarak!”.
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
Mario Eduardo Cohen
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La mayor masacre jamás antes conocida
Las Naciones Unidas designaron al 27 de enero como Día de Recordación del Holocausto. Es que en este día de 1945 el ejército ruso entró al campo de Auschwitz y dio por finalizada la mayor masacre jamás antes conocida. “La mayor inhumanidad en la historia de la humanidad”, en palabras del filósofo Reyes Mate. Una monstruosidad llevada a cabo por seres humanos, si así se los puede llamar.
El sobreviviente Primo Levi nos relata la actitud de los soldados soviéticos en ese día: “No nos saludaron ni sonrieron; parecían angustiados no solo por compasión sino por el sentimiento de culpa de que tal crimen nazi hubiera existido”.
Cuando se habla de Auschwitz se hace referencia también a Birkenau, Monowitz y a otros treinta campos menores. Allí fueron asesinados 1.100.000 hombres, mujeres y niños, de los cuales casi un millón fueron judíos. Auschwitz es el mayor cementerio judío de la historia. Un cementerio de mártires sin tumbas. También mataron a patriotas polacos y rusos, religiosos católicos, gitanos, discapacitados, homosexuales y testigos de Jehová. En estos campos, por la mañana entraban seres humanos y por la noche se despachaban a Alemania: cabellos, ropas, dientes de oro, etc.
Auschwitz fue solo uno de los engranajes de la matanza de seis millones de judíos, proceso conocido en la historia como Holocausto (término griego que significa “sacrificio por el fuego”). Hoy se lo denomina Shoá (del hebreo, “destrucción”, “catástrofe”). Para dar dimensión gráfica de la masacre se necesitarían 160 días para nombrar a cada una de las víctimas.
Conocemos dónde, cómo y cuándo ocurrió semejante descenso a la brutalidad. Pero es casi imposible entender el porqué. No hay y no habrá respuestas definitivas. Coincidimos con Ian Kershaw cuando señaló que “frente a Auschwitz, la capacidad de explicación del historiador resulta insignificante”. Ni el mismísimo Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, a pesar de haber descripto los caminos que llevan a la guerra, llegó a prever tamaña catástrofe.
¿Cómo es posible que los perpetradores no sintieran remordimiento? Hannah Arendt lo explicaba de esta manera: “Los asesinos en vez de decir: ‘¡Qué horrible es lo que hago a los demás!’, decían: ‘¡Qué horribles espectáculos tengo que contemplar en el cumplimiento de mi deber, cuán dura es mi misión!’”. ¡Los asesinos habían olvidado el concepto de la unidad del género humano!
Los nazis tergiversaron el lenguaje para metaforizar el crimen. Llamaban “insectos” a las supuestas “razas inferiores”, “solución final” al genocidio y “campos de concentración” a los campos de la muerte. Esta adulteración de la semántica nos debe alertar acerca del uso del lenguaje que realizan los dictadores, lo que Rabinbach llama “la catástrofe de la palabra”.
Justamente, en nuestra época han aparecido partidos de extrema derecha que desprecian al extranjero y al diferente. Si exageran sus posturas, podremos caer nuevamente en el abismo.
El Papa manifestó en 2021: “Recordar la Shoá es una expresión de humanidad, recordar es un signo de civilización”. Para el sobreviviente Elie Wiesel, el mandato de la memoria, luego de Auschwitz, nos exige: no olvidar, recordar y hacer recordar. Y esa memoria incluye la responsabilidad de ser activos, de no ser indiferentes ante el dolor, de adquirir suficiente poder como para defender la dignidad y la responsabilidad para la solidaridad. Parafraseando a Elie Wiesel se podría agregar que, luego de Auschwitz, la humanidad tiene un nuevo mandamiento para cumplir: evitar nuevos genocidios.
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
Mario Eduardo Cohen
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Iom Kipur: “la buena firma”
5 de octubre de 2022
Decía el escritor Joseph Roth en Judíos errantes: “Hoy no comerán y mañana tampoco… De pronto todos se han convertido en espíritus, con las mismas propiedades de los espíritus. Cada pequeño tendero es un superhombre, puesto que hoy ha de llegar hasta Dios”. Es que por un día en el año los seres humanos y los ángeles son iguales.
Pocos días en la liturgia universal son de tanta solemnidad como el Iom Kipur o Día del Perdón. Se trata del día más sagrado del calendario hebreo y está dedicado por entero a la vida espiritual en la sinagoga, a la plegaria intensiva, a la recordación de los fallecidos, al ayuno y a la meditación. Este año comenzó en el atardecer del martes 4 de octubre y culmina en el anochecer del miércoles 5.
El autoanálisis del balance del alma constituye una de las características principales de esta fecha, precedida de cuarenta días de preparación (en recordación de los mismos cuarenta días que pasó Moisés para lograr el perdón divino). Para conseguir ese estado, se prescinde, por más de 24 horas, de todos los placeres de la vida.
“Un hombre que se arrepiente –dice Erich Fromm– es un hombre que regresa”. El perdón divino no es un regalo, sino una meta que debe conquistar el hombre al volver sobre sí mismo. De alguna manera se nos pregunta qué hemos hecho para mejorar la humanidad y qué haremos en el futuro al respecto.
En 1913, un judío asimilado entró en una sinagoga, en Iom Kipur, y quedó tan impactado con lo que vio y sintió que cambió para siempre su camino; estudió y se convirtió en uno de los filósofos más renombrados del siglo XX. Nos referimos a Franz Rosenzweig, maestro y colaborador de Martin Buber. Es que profetas y poetas, músicos y pintores, creyentes y agnósticos han quedado prendados de la magia del Iom Kipur, reflejando en su arte parte de las sensaciones por las que atravesaron ese día.
¿Cuál es su origen? ¿Cuál es su significado? ¿Cómo es posible que plegarias y oraciones que datan de unos tres milenios de antigüedad, escritas en contextos tan diferentes, puedan conmover al hombre moderno? Nos anticipamos al decir que, en gran medida, interpretan al alma humana, prácticamente inalterable en el tiempo. De allí su vigencia.
El ayuno –han dicho últimamente algunos rabinos– facilita la comprensión, en carne propia, de lo que significa el hambre para el ser humano. Aunque fuera por un solo día, refleja lo que hoy padece, en diversos grados, casi un cuarto de la población mundial. ¿Cómo debe ser el ayuno? Según el texto del profeta Isaías, el cual se lee en este día, la inhibición de comer no debe ser pasiva, sino un llamado de atención para una actitud activa en favor del prójimo que así lo necesite. La palabra utilizada en hebreo para decir “caridad” es Tzedaká, que literalmente significa “justicia”, dado que ayudar a quien lo necesite es también hacer justicia.
Nos preguntábamos acerca de la vigencia de esta conmemoración durante casi tres milenios. La respuesta está, quizá, en que interpreta el sentimiento solidario de deseo de un mundo donde reine la justicia social, gobernado por la ética y el amor entre los seres humanos.
Hoy más que nunca se impone el llamado a la solidaridad, que nos hace el Iom Kipur, en una sociedad que se ha polarizado, aún más luego de la pandemia, entre los ultrarricos y millones de pobres que no tienen ni siquiera para su alimentación básica ni acceso a la salud.
La expresión “¡Jatimá tová!”, con la que nos saludamos al final del Día del Perdón, significa “¡buena firma!”. Simboliza el deseo de que sea refrendado por el Señor con una rúbrica afirmativa en el Libro de la Vida, en un mundo más justo.
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí. (CIDiCSef).
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Janucá, la semana de las luces
29 de noviembre de 2021
Si en esta semana, ustedes lectores, quieren saber si hay una comunidad judía en su barrio o en cualquier ciudad del mundo, no tienen que preguntarlo a nadie. Solamente recorran lugares públicos donde encontrarán enormes candelabros encendidos. Estas luces son expresión de la milenaria festividad hebrea de las luminarias o Janucá. Quizás el más simbólico de los candelabros sea el de la puerta de Brandemburgo, en Berlín, como expresión de concordia y paz, en un lugar que fue centro del odio racial, hace solo ocho décadas.
¿Cuál es el motivo de estos encendidos públicos? ¿Cuál es el significado de Janucá, que celebramos los judíos en esta semana? ¿Por qué este año se festeja tan temprano? ¿Cuál es la razón de darle vida a la luz? Habitualmente esta festividad se celebra a fines de diciembre, en una fecha muy cercana a la Navidad cristiana, pero este año, por efectos del calendario hebreo, se adelantó bastante (la última vez que ocurrió algo igual fue en 1975). Tanto Janucá como la Navidad (aunque de distinto significado) son festividades originadas en el invierno del hemisferio norte, cuando las noches son muy largas y propicias para las reuniones familiares con regalo a los más chicos. Ambas tradiciones le dan un valor supremo a “la luz”.
El símbolo principal de Janucá es la luz. La luz nos iguala a todos. Cuando la luz irrumpe, la oscuridad desaparece; incluso la tenue luz de una vela aleja mucha oscuridad. La luz es sinónimo de “sabiduría” y la oscuridad, de “ignorancia”. ¿Qué es Janucá? En muy pocas palabras, es la evocación de una de las primeras luchas por la libertad religiosa que se conoce en la historia de la humanidad. Esta ocurrió hacia el año 164 a. de C., pasaron “apenas” 2185 años.
El tirano rey greco- sirio Antíoco IV Epífanes había pretendido helenizar por la fuerza al pueblo hebreo. El judaísmo fue declarado ilegal, los judíos fueron masacrados y fue profanado el Templo. Sobrevino entonces un levantamiento popular de unos pocos, liderado por los macabeos. Luego de varios años de lucha desigual, consiguieron expulsar al ejército greco- sirio, recuperar la independencia y reinaugurar el Templo.
Justamente “Janucá” significa en hebreo “inauguración” o “dedicación”. Dice el historiador Flavio Josefo: “Estaban los hebreos tan alegres ( … ) que hicieron ley para la posteridad: el guardar esta festividad, en recuerdo de la restauración de su Templo de culto, durante ocho días”. Al reinaugurar el Templo pudieron encender el candelabro. Allí ocurrió lo que la tradición conoce como “el milagro de Janucá”: el aceite que servía para un día alcanzó para ocho. Por esto, actualmente, en los ocho días de la festividad se hacen encendidos graduales del candelabro de ocho velas (más una, que le sirve de apoyo), con cantos alusivos, y se comen alimentos freídos en aceite.
La celebración está también dedicada a recordar a dos heroicas mujeres: Janá (también llamada Salomé), que vio morir a sus siete hijos por no traicionar a sus creencias, y Judith, quien logró salvar su ciudad, luego de seducir, emborrachar y finalmente matar al comandante Holofermes. Nos preguntábamos al inicio el porqué de las ceremonias públicas de encendido de las luminarias de Janucá. El objetivo de la festividad es educar contra la tiranía y mostrar el milagro; es, también, un modo de “iluminar al mundo” con los valores milenarios.
Un deseo compartido: Janucá y Navidad son buenos momentos para renovar las esperanzas de que pronto veamos la luz del fin de la pandemia.
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“La Argentina, bendito y hospitalario país”
14 de octubre de 2021
Hace cien años se le otorgaba el Premio Nobel de Física 1921 a Albert Einstein. Este galardón le cambió la vida para siempre. De modesto empleado de una oficina de patentes y casi desconocido profesor universitario, pasó a ser el hombre de ciencia más famoso del siglo XX.
El científico había publicado, con solo 26 años, la Teoría de la Relatividad Especial y escritos sobre la transmisión de la luz y diez años después presentó la Teoría de la Relatividad General.
La imagen popular que permanece es la de su excéntrica cabellera y sus pantuflas, escribiendo en un pizarrón la famosa fórmula E=mc2 o tocando un violín. Pero fue muchísimo más que este estereotipo, tanto en lo científico como en lo humano.
Una de las tantas paradojas desafortunadas de la historia asoció su nombre al de la bomba atómica, siendo justamente él un acérrimo pacifista.
Aun cuando se crea que sus teorías no tienen vínculo con nuestra vida cotidiana, la realidad es distinta. Son numerosas sus contribuciones, aunque prácticamente desconocidas. Si bien no inventó ningún aparato (la heladera sin electricidad que diseñó casi no se utilizó), sus aportes teóricos han mejorado nuestra vida en forma notoria. Sin sus descubrimientos no tendríamos ni los rayos láser ni la energía nuclear. Sin sus observaciones acerca de que el tiempo transcurre distinto en la Tierra respecto del espacio, no habría satélites ni tendríamos el GPS. Incluso la televisión, el horno de microondas, las cámaras digitales y los paneles solares son consecuencia de su teoría del efecto fotoeléctrico.
Su historia también está asociada con nuestro país. Albert Einstein vivió durante un mes en la Argentina, en 1925. Había sido invitado a dar conferencias por la Universidad de Buenos Aires y por la Sociedad Hebraica Argentina. Según sus propias palabras, “vino a silbar el canto de la relatividad”. Su promotor había sido el escritor Leopoldo Lugones, quien lo había conocido en Europa, y pensaba que, quizás, la Argentina podría ser un buen refugio para el científico, dado el antisemitismo creciente en Alemania.
Einstein pasó aquí a ser una especie de rockstar. Incluso una publicidad de la época lo mencionaba jocosamente: “Einstein tenía razón. Todo es relativo. Guarde su ropa de un año para el otro en Albion House”.
Einstein creyó en nuestro potencial. Llamó a la Argentina “bendito país” y le pronosticó “un gran porvenir económico y cultural”. Lo consideró “uno de los países más hospitalarios del mundo” por haber dado refugio a numerosos inmigrantes de la comunidad judía.
El día de su llegada publicó, en La Prensa, su famoso artículo titulado “Pan-Europa”. En ese momento, cuando pululaban los nacionalismos extremos, se animó a proponer una Europa unificada. Decía el científico: “Europa forma, no obstante sus dimensiones políticas desde la antigüedad, una unidad espiritual”. Se anticipaba, en muchas décadas, a lo que se llamaría la Unión Europea, nacida luego de la dolorosa Segunda Guerra Mundial.
En síntesis, su legado principal no se halla solo en el plano científico. Fue un férreo defensor de la libertad individual, del pacifismo, del socialismo democrático y del sionismo. Se lo recuerda como uno de los fundadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde hoy se encuentran sus archivos. ¡Un idealista en un momento de odios exacerbados!
El apellido Einstein significa “una piedra”. En realidad fue una “piedra” que se trasformó en energía para toda la humanidad. “Uno” de los diez hombres justos capaces de salvar a una sociedad.
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Auschwitz y los antídotos contra la barbarie
26 de enero 2023
En la helada mañana del 27 de enero de 1945, la humanidad recuperaba su rostro. Había terminado la más oscura noche de la historia. Se abrieron las puertas de Auschwitz y el mundo conoció la mayor de las barbaries. En esta sucursal del infierno, en menos de cuatro años, habían sido asesinadas 1.100.000 personas, de bebés a ancianos, en su mayoría judíos, homosexuales y otras minorías. Este campo fue solo uno de los engranajes del asesinato masivo de judíos, llevado a cabo por los nazis, proceso conocido en la historia como Holocausto y que hoy se prefiere llamar Shoá (del hebreo “catástrofe”).
Nos preguntamos: ¿estos hechos están muy lejos en el espacio y en el tiempo y nada tienen que ver con nosotros? ¿O justamente lo contrario? ¿Cuáles son las herramientas para prevenir nuevos Holocaustos? ¿Nuestra cultura puede producir otro Auschwitz? ¿Por el camino de la llamada civilización se puede llegar a la barbarie?
Los pensadores del tema nos dan algunas respuestas. Señala Zygmunt Bauman: “El Holocausto se gestó y se puso en práctica en nuestra sociedad moderna y racional, en una fase avanzada de nuestra civilización”. Complementa esta reflexión el investigador Henry Faingold: “Auschwitz fue también una expresión del moderno sistema fabril. En lugar de producir mercadería, utilizaba seres humanos como materia prima y obtenía la muerte como producto final (…). Reflejo del moderno espíritu científico desviado de su camino”. El historiador Yehuda Bauer agrega: “Nada hay más peligroso que asesinos masivos inteligentes”.
El conocimiento técnico, alejado de los valores y principios morales, puede servir para transformar en pesadilla la existencia humana. Se podría decir que la conclusión es casi una ecuación matemática: si a la cultura se le quita la ética, genera la barbarie. Decía el sobreviviente Primo Levi: “Si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo que sucedió puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también. Por ello meditar sobre lo que pasó es deber de todos”. De aquí la importancia de la recordación y la memoria.
Lo señaló el Papa: “Recordar es expresión de humanidad, recordar es también tener cuidado para que estas cosas no vuelvan a suceder, empezando por las proposiciones ideológicas que quieren salvar a un pueblo y terminan con la destrucción del pueblo y de la humanidad”. La memoria colectiva también es una construcción. Decía sabiamente Jorge Luis Borges: “Somos nuestra memoria”. En ci Alain Finkielkraut expresa: “La memoria no es solo un recuerdo del pasado sino una proyección al futuro”. Y esta recordación debe incluir la responsabilidad de ser activos contra los autoritarismos y solidarios ante el dolor ajeno. Coincidimos con el premio Nobel Elías Canetti cuando señala: “La humanidad solo está indefensa allí donde carece de memoria”. Hoy han resurgido nacionalismos racistas y violentos contra los extranjeros. Parece que hemos olvidado lo ocurrido hace algunas décadas.
El Holocausto nos enseñó también que ninguna guerra termina con las guerras, que la maldad siempre tiene nuevos límites por superar y que es ineludible ponerse en guardia frente al resurgimiento de las más bajas pasiones humanas. La mejor vacuna contra el virus del odio racial es la educación basada en el respeto al otro, y una memoria activa contra la barbarie.
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Las enseñanzas del Holocausto
Domingo 13 de marzo de 1994.
Suplemento Cultural
“La lista de Schindler”, el film dirigido por Steven Spielberg que acaba de estrenarse en Buenos Aires, enfoca, desde un aleccionante caso particular, el horror del exterminio masivo de judíos que el régimen nazi emprendió sistemáticamente en los años más negros de su poderío. El autor de este artículo es director del área de cultura del Instituto Cultural Argentino-Israelí
En todas las épocas hubo matanzas, pero jamás como en el Holocausto se trató de una rígida y planificada determinación de borrar de la faz de la Tierra a bebés, ancianos, mujeres, niños y hombres por el solo hecho de pertenecer a un determinado pueblo; la más desarrollada y sofisticada tecnología convertida en apabullante máquina de matar y al servicio de una sistemática eliminación de la población civil.
Hasta aquí los historiadores han descripto en detalle el “cómo” se hizo: los reglamentos y las cadenas de mando, el costo y uso del gas, el trabajo forzoso en las barracas y el horario de los trenes.
Pero muy poco se ha escrito sobre el “porqué”; tal vez porque la elocuencia de los hechos en su diabólica perfección de matanza han paralizado los argumentos de los críticos más racionales.
No coincidimos con afamados historiadores que, como en el caso de Arnold Toynbee, minimizan el hecho de que la víctima escogida haya sido un pueblo determinado, sosteniendo que Auschwitz “ ... no era nada fuera de lo usual ... “ y afirmando que era sólo un caso más de la inhumanidad del hombre hacia el hombre en épocas de guerra. Esto llevó al generalizado enfoque de que en el Holocausto el criminal no fue un régimen específico sino “el hombre”, y que la víctima no fue un pueblo específico sino “la humanidad”.
Bien escribe Elías Canetti -Premio Nobel de Literatura 1981- que “ ... la Humanidad sólo está indefensa allí donde carece de memoria ... “ y el célebre cineasta Luis Buñuel afirmó categóricamente que “ ... sin memoria no hay posibilidad de inteligencia alguna en el presente, ya que ella es el inmenso espacio del pensamiento de donde surgen los grandes signos de la vida ... “.
Más de dos mil años de antisemitismo pueden ser considerados como antecedente de Auschwitz, pero entre ellos y Auschwitz media un abismo. La memoria es fundamental para que haya un estado de alerta generalizado, y no podemos sino advertir que los historiadores suelen obviar el hecho criminal del Holocausto, reduciéndolo -por incomprensión- a la mera perspectiva histórica de los sucesos de la Segunda Guerra Mundial.
Enseñanza
Pero no basta con el ejercicio de la memoria; es imprescindible sumar a éste la enseñanza moral, para que no se vuelvan a repetir en el futuro semejantes episodios de sufrimiento, dolor y pesadilla para la humanidad.
A fines de 1942 el silencio y la inacción caracterizaban al mundo libre. Cuando las víctimas futuras no sabían aún de su tremendo fin, la Casa Blanca, el Pentágono, el mundo libre lo sabían, y callaban.
En datos recogidos recientemente por el director de La lista de Schindler, Steven Spielberg, se ha verificado que el sesenta por ciento de los estudiantes norteamericanos desconocen hoy el significado de la palabra “Holocausto”, y que un veinte por ciento niega la existencia del mismo. Y sin ánimo de errar mucho, podemos suponer que la situación no es muy diferente en América latina.
Enseñar en todos los niveles y con una adecuada metodología -como deber de gobiernos democráticos, de la Iglesia, del periodismo, de la escuela- posibilitará crear una coraza contra la discriminación, el fanatismo y la intolerancia.
Enseñar el Holocausto y con esto arribar a la conclusión terminante del ¡Nunca más! implica la adquisición de un seguro contra cualquier forma futura de insanía colectiva que pueda emerger.
A casi medio siglo de estos hechos, debe puntualizarse cómo un orador carismático y capaz de hacer entrar en trance hipnótico a la masa, explotando determinadas características históricas, pudo inducir a cientos de miles de ciudadanos a emprender un plan de asesinato “industrial” y en masa contra una inerme minoría, logrando también la muda pasividad de otros millones de hombres en el mundo.
“¿Cómo cuenta uno -se pregunta el Premio Nobel de la Paz,
Elie Wiesel- a niños, grandes y pequeños, que la sociedad pudo perder su mente y empezó a asesinar su propia alma?” Las formas de esta enseñanza pueden ser diversas. Recientemente en los Estados Unidos, por ejemplo, se inauguró un museo que se propone “ ... informar a los ciudadanos sobre esta tragedia sin precedentes, recordar a quienes sufrieron e inspirar a los visitantes a contemplar las implicaciones morales de sus decisiones y responsabilidades como ciudadanos de un mundo interdependiente ... “
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, enseña la Biblia; del Holocausto debemos aprender que el conocimiento técnico alejado de los valores y los principios morales, puede servir para transformar en pesadilla la existencia humana. Por ello debemos saber que allí donde se pretendan pisotear los principios del pluralismo -ideológico, religioso, etnocultural, etc.-, el desarrollo de la ciencia y la técnica no sólo dejarán de aliviar los padecimientos del hombre, sino que serán útiles también para la instalación de un régimen del horror más absoluto.
Escribió el autor alemán Günter Grass que “ ... En su causa primera, Auschwitz no fue el resultado de la habitual barbarie humana, sino la reiteración de una responsabilidad organizada, sin más asidero que los límites objetivos, desdoblada hasta hacerse infinitesimal, que deviene irresponsabilidad ... “
El Holocausto nos enseñó también que ninguna guerra termina con las guerras, que la maldad siempre tiene nuevos límites por superar y que es ineludible ponerse en guardia frente al resurgimiento de las más bajas pasiones humanas.
“ ... Un mundo sin prójimos -escribe Alain Finkielkraut-, tal fue en su esencia el proyecto del nazismo ... lo que podemos recordar de su poder es que lo humano en el hombre no es un elemento de naturaleza sino una cualidad precaria siempre sujeta a desaparición ... “
A partir del Holocausto debemos también rever la posición de la filosofía y de los filósofos alrededor de su habitual temática. La filosofía debe hacerse cargo de este hecho y repensar conceptos tales como “racionalidad humana”, “libre albedrío”, “libertad”, “diálogo”, “prójimo”, etc., cuya enunciación abstracta fue tan desvirtuada frente a un hecho enormemente devastador.
Miles de hombres siguiendo una alocada idea dieron por tierra con las idealizaciones preexistentes acerca de las actitudes humanas y cuestionaron la presunta universalidad de la actitud humanista y civilizada.
Todo futuro desarrollo conceptual acerca de la naturaleza humana deberá partir de premisas éticas y los filósofos no deberían encasillarse sólo en el abordaje de la lógica o la epistemología -aun reconociendo la decisiva validez de estas disciplinas-. La actitud de compromiso de filósofos, pensadores e intelectuales será esencial.
Del Holocausto debemos desprender una enseñanza -pública, informativa y formativa- y las enseñanzas, que son las ineludibles conclusiones morales. Sólo éstas respetarán la dignidad de los asesinados en los campos de exterminio nazi y mostrarán que no murieron en vano.
El lenguaje
El lenguaje humano suele ser pobre e impotente para describir la atroz realidad del Holocausto. Las palabras no permiten ni siquiera rozar la catástrofe en toda su crudeza. Primo Levi, que padeció los horrores de los campos, definiría así las limitaciones del lenguaje cotidiano: “ ... Decimos hombre, fatiga, miedo, dolor, invierno, pero es algo completamente diferente. Estas palabras son palabras libres creadas e inventadas por hombres libres que vivían, gozaban y sufrían en sus casas ... “.
Las mismas palabras tienen otro significado cuando se habla del Holocausto. ¿Qué es el hombre sobreviviente del Holocausto? Un hombre reducido a la necesidad, caído por debajo de la persona o a pesar de todo obstinado en sobrevivir. Hombres y mujeres que contaban sus años no como edad de vida, sino como años de pérdida de vida. El despojo fue total.
El citado Alain Finkielkraut escribe que “ ... Sobre las ruinas de la conciencia quisieron (los nazis) implantar un hombre nuevo. Un hombre liberado del sentimiento de unidad de la especie humana, un hombre que, en nombre de la raza, repudiara la idea misma de humanidad y que, de esta manera, estuviera eximido de toda obligación para con las otras razas, para con los otros hombres ... “.
La Humanidad sigue su afanosa búsqueda para poner en palabras lo innombrable, y toda la villanía criminal nazi pareciera quedar encerrada en una sola palabra: “Holocausto”.
© LA NACIÓN
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A medio siglo de la liberación.
Auschwitz: la noche más oscura de la historia
Viernes 27 de enero de 1995, pág.7
Se cumplen hoy cincuenta años de aquel día en que se abrieron las puertas de Auschwitz y el mundo conoció un horror nunca antes visto
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Y el Señor le dijo a
Caín: “La voz de la
sangre de tu hermano
clama a mí desde la
Tierra”
Génesis IV, 9 y 10
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Auschwitz divide la historia de la humanidad en un antes y un después. Oswiecim, tal el verdadero nombre en lengua polaca de esta zona del sudoeste de Polonia, tuvo el nombre de Auschwitz sólo por cinco años -los de la ocupación del invasor nazi-, pero esta sola palabra basta para simbolizar el mal más absoluto para toda la eternidad.
Advertencia e interrogante
Durante estos últimos cincuenta años, historiadores, investigadores, teólogos, políticos, escritores, han tratado de explicar lo inexplicable, de razonar lo irrazonable, de contar lo incontable, de imaginar lo inimaginable y todavía hoy las preguntas son más que las respuestas. Qué mecanismos sociológicos y psicológicos hacen que algunos seres humanos (si es que se los puede llamar así) perpetren crímenes sin precedentes en toda la historia de la civilización. Qué los hace utilizar los cadáveres para la producción industrial o el cabello de las víctimas para las industrias textiles y aun las cenizas humanas usadas como fertilizantes.
Auschwitz es asimismo una advertencia moral para la humanidad, para que ésta creara mecanismos de defensa contra la barbarie. El Holocausto no es sólo un problema de victimarios y víctimas, sino de la humanidad toda. En la filosofía del renacido Estado de Israel se halla precisamente el evitar nuevos holocaustos, y también por ello las Naciones Unidas emitieron su Declaración de los Derechos Humanos formulando votos para la convivencia pacífica entre los pueblos y los hombres. En pueblos y hombres en los que está la posibilidad de impedir una nueva caída en la barbarie.
La Estación de la Muerte
Auschwitz es el mayor símbolo del Holocausto judío (“Shoá”, en hebreo) y el de otros pueblos (rusos, polacos, gitanos, etcétera). Auschwitz ha recibido numerosas calificaciones -todas valederas-, como las de “la mayor calamidad de la historia”, “cementerio de naciones”, “mayor industria de la muerte”, entre otras. Y bien dijo el papa Juan Pablo II que “ ... Auschwitz fue construido para la negación de la fe en Dios y en la humanidad ... “
Dado que la mayoría de la población actual del mundo nació después de Auschwitz, y muchos quizá no hayan escuchado esta palabra o, lo que es peor, el hecho del resurgimiento de grupos neonazis que reinvindican lo irreivindicable, corresponde puntualizar lo que verdaderamente fue aquel campo de exterminio y hacerlo de acuerdo con el conocimiento obtenido tras las últimas investigaciones.
El lenguaje de los nazis hablaba de “campos de concentración”, cuando eran verdaderos campos de aniquilamiento. Se trataba -en el caso de Auschwitz- de un complejo militar-político-económico, conocido también como “Auschwitz-Birkenau” (Auschwitz I, edificado en 1940; el gigantesco Auschwitz II o Birkenau, de 1941, y el Auschwitz III o Monowitz, fábrica química construida en 1942). El lugar del emplazamiento de este complejo cumplía con ciertas características que llevaron a su elección: zona relativamente despoblada, lugar aislado pero con buenas posibilidades de acceso ferroviario y de fácil camuflaje.
Existieron cerca de mil campos, pero seis de ellos fueron construidos -y/o ampliados- con la finalidad del exterminio: el ya citado Auschwitz-Birkenau, Majdanek, Treblinka, Beizec, Cheimno y Sobibor.
Los años no vividos
Aunque de difícil cálculo, las últimas investigaciones indican que murieron sólo en Auschwitz no menos de un millón de personas (1). En unos treinta meses llegaron a semejante tropelía, colocando a la Segunda Guerra Mundial como “cortina de humo”. Aunque suene hoy a irreal, los nazis se preguntaban desde el principio acerca de cuál sería la mejor forma de matar masivamente, de reducir los cuerpos “a la nada” y de obtener un “aprovechamiento económico” de los mismos. Fue así como llegaron a la diabólica idea de la implantación de las cámaras de gas industriales y los crematorios, luego del absoluto despojo de todo elemento de valor de sus prisioneros -desde los anteojos hasta los dientes postizos de oro-.
Los que consideraban aptos para el trabajo, eran utilizados en los trabajos forzados e igualmente desfallecían y morían tiempo después; aparecían reclamando mayor producción pero sus prisioneros-”obreros” perdían constantemente sus fuerzas por el régimen de castigos imperante y alimentación y medicinas se les retaceaban.
Utilizando el gas de Zyklon-B, las cinco cámaras de Auschwitz tenían una capacidad de exterminar diariamente a varios millares de personas (hombres, mujeres, niños, ancianos). Durante muchos meses en los años 42, 43 y 44 los nazis mataban semanalmente y de manera intencional a más de 100.000 personas (2) -mayoritariamente judíos- en los tristemente célebres “campos de la muerte”.
Los campos de exterminio fueron la forma “más efectiva” de matar que utilizaron los nazis, pero coexistieron también otros métodos de alcanzar el objetivo, como los fusilamientos masivos, y la muerte de importantes contingentes por hambre, enfermedades y toda la gama imaginable de degradación y humillación. Y contradictoriamente, aun despojados de todo, los judíos seguían siendo vistos por los nazis como “poderosos” o “representantes del demonio”.
Sobrecogedora denuncia
Escribió el científico judío Primo Levi -sobreviviente de Auschwitz, que se suicidaría muchos años después por no poder seguir conviviendo con el recuerdo de la atroz pesadilla- que “ ... Auschwitz era una gran máquina para reducirnos al estado de bestias. Nosotros no nos convertimos en bestias. Nuestro deber era el de sobrevivir para contar la historia ... “ (3)
Mantener la condición humana, afianzar la solidaridad entre los prisioneros, aferrarse a la esperanza, narrar al exterior lo que adentro transcurría, constituyeron actos de cotidiano heroísmo, sumados a los levantamientos, las fugas, las insurrecciones que, menos frecuentes, tuvieron el valor y el temple de la rebelión por la justicia y la vida digna (a veces, sólo por la muerte digna).
Dijo un escritor judío: “ ... los habitantes del planeta Auschwitz no tenían nombres. No tenían padres y no tenían hijos. No se vestían como nos vestimos aquí. No nacieron allí y no concibieron allí. Respiraban y vivían según leyes distintas de las de la naturaleza. Su nombre era un número ... “ (4)
Aquello fue una pesadilla peor que cualquier pesadilla del dormir. Y así lo certifica el psiquiatra Viktor Frankl (prisionero en Auschwitz) al narrar que un compañero del campo se revolcaba una noche aprisionado por las malas imágenes de una pesadilla; en un momento quiso Frankl despertarlo, pero abdicó pronto de su primitiva intención al entender que ningún sueño -por malo que fuere- sería peor a la realidad a la que lo llevaría al despertarle ... (5)
Necesidad de educar
La memoria humana debe forzar al entendimiento para poder dar cuenta de tanta maldad premeditada. Dice al respecto Aba Ebban: “ ... ¿Cuál es la lección del Holocausto para toda la raza humana? El Holocausto nos enseña, en primer lugar, que cualquier intento por clasificar a la gente por raza, credo o color, en seres superiores o inferiores, está destinado a terminar en la tragedia y el desastre para todos ... “ (6)
Y hemos escrito nosotros mismos en otro artículo publicado en LA NACIÓN (7): “ ... Debemos aprender que el conocimiento técnico alejado de valores y principios morales puede servir para transformar en pesadilla la existencia humana ... “ y citamos también en dicho artículo a Alain Finkielkraut cuando expresa que: “ ... Sobre las ruinas de la conciencia quisieron (los nazis) implantar un hombre nuevo. Un hombre liberado del sentimiento de unidad de la especie humana, un hombre que, en nombre de la raza, repudiara la idea misma de humanidad y que, de esta manera, estuviera eximido de toda obligación para con las otras razas, para con los otros hombres ... “. Y fue Winston Churchill quien no dudó en calificar al Holocausto como “ ... el crimen más grande y horrible jamás cometido en la historia del mundo ... “ Pensemos que la palabra “genocidio” es un neologismo nacido en tiempos de Auschwitz para explicar aquello para lo cual no cabían ya las palabras existentes ...
Auschwitz nos enseña que la condición humana no nos es dada, sino que se trata de un ideal a alcanzar en cada día de nuestra vida y sólo a partir de considerar al prójimo como a nuestro hermano. Si aprendemos la lección de la historia, los mártires no habrán muerto en vano. © LA NACIÓN
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(1): “Auschwitz, voices from the ground”. Muzeum Ozwiecim. Poland.
(2): Paul Johnson. “Historia del Pueblo Judío”. Editorial Javier Vergara. Página 501.
(3): Primo Levi. “If this is a Man”. Penguin Books, 1979. Página 47.
(4): Testimonio del escritor Katzetnik en el juicio contra Eichmann. Jerusalén, 1961.
(5): Viktor E. Frankl, “El hombre en busca de sentido”. Editorial Herder. 1993. Barcelona, España.
(6): Aba Ebban, “Legado. La civilización y los judíos”. Ediciones La Semana, 1987. Jerusalén, Israel.
(7): Mario Eduardo Cohen, “Las enseñanzas del Holocausto”. Diario LA NACIÓN del 13 de marzo de 1994.
(8): Antonio Requeni, “Kadish por un zapato roto” en “Israel: entre lo cotidiano y lo sobrenatural”. Ediciones ICAI, Buenos Aires, 1991. Página 20.
(#) Secretario técnico del Instituto Cultural Argentino Israelí de Buenos Aires. Editor de “Sefárdica”. Recientemente condecorado con la Orden del Mérito Civil por el rey de España.
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Juan Pablo II y los “hermanos mayores”
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En los últimos cuarenta años,
las relaciones judeo-católicas
han tomado un giro alentador
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Falta mucho para acabar con
los prejuicios, pero la situación
nos permite ser optimistas
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UBIQUÉMONOS por un momento en una solemne sala del Vaticano. Allí el papa Juan Pablo II recibe a una de las más altas autoridades religiosas del judaísmo, el gran rabino del Estado de Israel, Meir Lau. La formal entrevista se lleva a cabo en fraternal marco y queda espacio para el relato anecdótico. Entonces el religioso judío narra al Sumo Pontífice un hecho acaecido hace largas décadas en una ciudad europea. Le cuenta que, luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, una señora católica se dirigió al párroco de su pueblo, para hacerle una consulta. Ella tenía a su cuidado, desde los días de la guerra, a un pequeño, judío. Los padres de éste, desaparecidos en el trágico infierno de la masacre nazi, habían previsto para él un futuro en la tierra de Israel. La señora se encontraba ante una encrucijada y pedía al sacerdote católico un consejo. El párroco tuvo una pronta y comprensiva respuesta: “Se debe respetar la voluntad de los padres”. El citado niño judío fue enviado al entonces naciente Estado de Israel, donde se criaría y educaría.
La anécdota resultaba muy interesante para Karol Wojtyla. Y pasó a ser más conmovedora aún cuando el gran rabino le aclaró la identidad de aquellas personas: “Usted, Eminencia, era ese párroco católico. Y ese niño huérfano ... era yo”. Los protagonistas de este diálogo han vuelto a encontrarse, ahora en Jerusalén y en la sede del Gran Rabinato, y seguramente recordaron la anécdota.
Juan el Bueno
Las relaciones judeo-católicas han tomado en los últimos cuarenta años un giro muy alentador, que nace con el papado de Juan XXIII, conocido por todos como Juan el Bueno. La convocatoria del Concilio Vaticano II fue uno de los hechos centrales que marcaron un rumbo de apertura de la Iglesia y señalaron el camino de las relaciones ecuménicas. Hasta tal punto, que muchos autores que estudian las relaciones entre hombres y grupos han indicado que el principio de equidad en los estilos de comportamiento, que consiste en escuchar el punto de vista de los demás y darles de ese modo el respeto y la participación necesarias para el diálogo, ha tenido su más alto exponente en Juan XXIII.
En Nostra aetate (el documento concluido por el Concilio Vaticano II en 1965), la Iglesia Católica inicia el camino de reconciliación con el judaísmo. Este documento exonera a todos los judíos (de la época y de las precedentes) de supuesta culpabilidad colectiva por la muerte de Jesucristo.
Pero es el papa Juan Pablo II el que se ha convertido en el artífice de la convivencia entre las dos más antiguas religiones monoteístas. No sólo condenó una y mil veces el antijudaísmo (al igual que cualquier otra expresión discriminatoria), sino que la relación entre católicos y judíos alcanzó su mejor punto de concordia, cuando en 1994 el joven Estado de Israel pasó a tener su primer embajador en el Vaticano (el diplomático israelí Shmuel Hadas, nacido en el Chaco, República Argentina). Justamente de este funcionario queremos repetir su concepto sobre Juan Pablo II: “Ha sido el primer papa que puso a la Iglesia Católica frente a las responsabilidades históricas con los judíos”.
Entre otros hitos significativos, se puede recordar la primera visita de un pontífice a una sinagoga, en 1986. Fue nuevamente Juan Pablo II el que dio ese trascendental paso de aproximación. En el templo hebreo saludó a los feligreses con palabras que pronto se volvieron célebres: “Los judíos son nuestros amados hermanos y, en cierto sentido, son en verdad nuestros hermanos mayores [en la fe]“. La repercusión fue enorme en todo el mundo. Pero nos interesa repetir lo escrito entonces por un diario local: “Se necesitaron muchos siglos para que un papa se decidiera a franquear los pocos centenares de metros que separan el Vaticano de la Gran Sinagoga de Roma”. Esta política ecuménica ha constituido uno de los hechos más salientes de las últimas décadas del siglo XX. Y, con la visita que esta semana efectúa el Papa al Estado de Israel, este proceso llega a su culminación.
Los crucificados
Paralelamente a la actividad diplomática, la actual gestión papal realiza los más precisos análisis del dogma y señala sin eufemismos los dictámenes equivocados de los tiempos del desencuentro. Así, por ejemplo, cuando hace un par de años en el vía crucis del Viernes Santo, el padre Raniero Cantalamessa sentenció, en presencia del Sumo Pontífice: “Los judíos han sido crucificados por nosotros durante demasiado tiempo [...]; el antisemitismo no nació de la fidelidad sino de la infidelidad a las Sagradas Escrituras”. Es de destacar el alto compromiso y excepcional significado de aquellas palabras del predicador papal en esa trascendente jornada de la cristiandad. Otro avance, si bien parcial, lo constituye el nuevo documento La Iglesia y las culpas del pasado y el pedido de perdón público del 12 de este mes. De todas maneras, vale recordar que este proceso no ha sido unidireccional. Hemos sido también testigos de pronunciamientos papales contradictorios, como el proceso de beatificación de Pío XII, la beatificación de Edith Stein, la cristianización del Holocausto.
El papa actual recuerda constantemente que las fuentes de las que ha bebido el cristianismo han sido judaicas. Los puntos en común entre ambas religiones reveladas y monoteístas son muchos: la creencia en un Dios creador; la descripción omnisciente y omnipotente; oraciones y ritos analogables. Sin embargo, el trato de los cristianos a los judíos ha sido hasta este siglo -exactamente hasta el advenimiento de Juan XXIII- hostil, cuando no decididamente traumático. Así lo reconoce el documento La Iglesia y las culpas del pasado: “La hostilidad o la desconfianza de numerosos cristianos hacia los hebreos a lo largo del tiempo es un hecho histórico doloroso”.
Agonía inmortal
Nuestro Jorge Luis Borges tuvo también aquí las palabras más exactas, cuando en su poema dedicado a Rafael Cansinos Asséns definió el carácter del pueblo judío como “inmortal en su agonía”. Y en otro párrafo de su obra, concluye: “Durante siglos, en toda Europa, el pueblo elegido fue confinado en barrios que tenían algo o mucho de leprosarios y que, paradójicamente, fueron invernáculos mágicos de la cultura judía”.
Los judíos han sufrido por siglos la intolerancia, la discriminación, la persecución. En distintos momentos y geografías fueron expulsados, confinados, deportados o masacrados en países y reinos cristianos. De la vida confinada en los guetos del este europeo del siglo XIX, donde se sufrían los pogroms (ataques masivos) de los antisemitas, se llegó en el siglo XX al más alto nivel de osadía persecutoria. Fue el intento de genocidio llamado incorrectamente Holocausto (porque esta palabra designa un sacrificio de naturaleza religiosa). El nombre hebreo Shoá, que remite a la aniquilación, es el más ajustado. seis millones de judíos (entre ellos 1.200.000 niños; un tercio de la población judía del mundo) fueron exterminados por la Alemania nazi y sus esbirros.
Un documento del Vaticano, Recordamos. Una reflexión sobre la Shoá, de 1998, fue muy elocuente al respecto (si bien, en opinión de muchos judíos, es un texto aún insuficiente): “Recordar este terrible drama significa tomar plena conciencia de la necesidad de evitar que las semillas infectas del antijudaísmo y del antisemitismo penetren en el corazón de los hombres”. A su vez, en La Iglesia y las culpas del pasado se cuestiona: “¿Ofrecieron los cristianos toda la asistencia posible a los perseguidos, en particular a los hebreos?”
Por todo esto, un aspecto también esencial de la visita de esta semana de Juan Pablo II a Jerusalén lo constituye su recorrido por el Memorial del Holocausto (Yad Vashem).
Sintetizando, el saldo de la relación entre el catolicismo y el judaísmo es positivo cuando acercamos la lente a los últimos cuarenta años. Especialmente cuando apreciamos que, aunque falta mucho para acabar con todos los prejuicios, hay diálogo entre las más altas jerarquías de ambas religiones.
Los feligreses de estas dos religiones (junto con los cristianos ortodoxos y protestantes) se hallan actualmente, como el resto del mundo, acechados por un extremo individualismo, un exacerbado egoísmo, un exagerado consumismo. La coexistencia de extrema riqueza y extrema pobreza suele originar un marco de manifiesta violencia. Para que el envilecimiento no crezca, es urgente el retorno a las fuentes éticas. Lo que bien puede constituir una solución para que la convivencia gane por igual a los hombres de buena voluntad de cualquier credo, color o ciudadanía. © LA NACIÓN
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Mario Eduardo Cohen es presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDICSEF) y autor del libro América colonial judía.
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Epicentro universal del alma humana
Jerusalén cumple 3000 años.
Domingo 27 de agosto de 1995
A partir del lunes 4, la Ciudad Santa por excelencia será escenario de una serie de importantes acontecimientos conmemorativos
Hace tres milenios se produjo la incorporación de Jereusalén al reino de Israel, por parte de su joven rey-poeta David. La hace capital y, desde entonces, la incorpora a la historia grande de la humanidad.
En Jerusalén se han escrito las más hermosas páginas de la vida espiritual del hombre: los Salmos, el Cantar de los Cantares, el Eclesiastés, los Profetas, fue el lugar de inspiración de los Evangelios, el Talmud jerosolimitano.
El monoteísmo ético la ha tenido también como escenario central.
Si en las últimas centurias que nos precedieron Jerusalén era sinónimo de nostalgia por un pasado de grandeza, hoy es nuevamente una ciudad en la que el conocimiento y el espíritu marchan indelegablemente unidos. Bastaría citar la enorme incidencia que ejerce la Universidad Hebrea de Jerusalén (que nació bajo la inspiración de Einstein, Freud y Buber, entre otros, en 1925 y mucho antes de la proclamación del Estado de Israel) para tener idea de la intensa vida cultural de esta ciudad, que se apresta a llevar a cabo un vastísimo programa de celebración.
Cómo se celebrará
La antigua-nueva Jerusalén programa para su “cumpleaños” una serie de eventos que comienzan a celebrarse en los próximos meses y que la convertirán seguramente en una de las capitales mundiales de la cultura. Entre los centenares de actividades programadas, se cuentan -por ejemplo- monumentales espectáculos describiendo la historia de la ciudad con la dirección de Franco Zeffirelli; los Salmos de David ejecutados musicalmente por renombrados solistas de fama mundial; las representaciones de la ópera Nabucco, de Verdi, en la producción de la Arena de Verona, y la de Fidelio, de Beethoven, por la Ópera de Berlín, lo mismo que centenares de coros cantando en las plazas jerosolimitanas. Súmese a ello infinidad de exposiciones, muestras arqueológicas, conferencias, funciones de teatro y de ballet de afamadas compañías internacionales, entre otros.
Jerusalén es una continua utopía. Dos visionarios de distintas épocas predijeron su reconstrucción. Así, mientras que un visionario soñador y realizador como Teodoro Herzl ya había afirmado en el siglo pasado “Jerusalén puede llegar a ser una de las ciudades más bellas del mundo, una joya ... “, de muchos siglos antes data la anécdota del rabí Akiva (que vivió aproximadamente entre el 50 y el 132 de la actual era) que describe el Talmud. De visita en Jerusalén, junto con otros sabios, al ver salir un chacal por entre las ruinas del templo, mientras los demás lloraban, el rabí Akiva reía. Les preguntó el rabí Akiva porque lloraban, y le respondieron: “Cómo no hemos de llorar si vemos ante nuestros ojos la advertencia de los profetas que dice que Jerusalén sería convertida en ruinas y que chacales saldrán del templo”. Y les replicó el rabí Akiva, fundamentando el motivo de su risa: “Y así como se cumplió la profecía de la destrucción, se cumplirá también la de la redención, ya que otra profecía afirma que “volverán a oírse en Jerusalén voces de alegría y de gozo, de novios y de novias”. Y estuvo en lo cierto.
La ciudad de la paz
De acuerdo con una de las etimologías más difundidas, “Ierushalaim” (el nombre, en hebreo, de la Ciudad Eterna) quiere decir “ciudad de la paz”, un deseo y un símbolo.
Así, el salmista nos pide que roguemos por la paz de la ciudad de la paz. Al respecto, dicen los Salmos (CXXII, 6 y 7): “Pedid por la paz de Jerusalén. Sean en prosperidad los que te aman. Haya paz en tu antemuro y descanso en tus palacios ... “. Un deseo que tiene vigencia hoy, cuando la mayoría de los judíos, cristianos y musulmanes realizan un importante esfuerzo por dar vida a una convivencia pacífica en la ciudad bíblica.
¿Qué tiene de distinto Jerusalén de las demás ciudades? Quizás el tiempo. Jerusalén no tiene horas, sino un continuo devenir: su bíblico nombre sobrevivió a los intentos de muchos visitantes que se creyeron sus conquistadores, y pensaron hasta en reemplazar su nombre. Un nombre que, como eterno designio, no pudo ser sustituido por sus tantos ocasionales conquistadores: romanos, bizantinos, cruzados, tártaros, mamelucos, otomanos.
Los caminos espirituales
Jerusalén es el punto de encuentro de siglos y de pueblos, de esperanzas y de sueños: símbolo de antigüedad y de renovación, sus lugares santos se asocian a los nombres de Abraham, David, Salomón, Isaías, Jeremías, Jesucristo y Mahoma, entre otros. Una ciudad que es el centro espiritual del universo, a la que veneran millares de creyentes de diversas religiones monoteístas y en la que se posan la mirada y la memoria de generaciones y generaciones.
Sus piedras han oído desde tiempos lejanos las más devotas oraciones en las más diferentes lenguas: muros, torres, cúpulas, fortalezas de Jerusalén, piedras que no se miden por unidades sino por milenios, son mudos testigos de las creaciones del espíritu.
Pisar su suelo es, para millares de creyentes, suspender la rutina del diario vivir y aprehender la noción de trascendencia.
Desde cientos de lugares de oración, infinidad de creyentes contemplan en Jerusalén el mismo cielo, esperanzados todos en obtener la iluminación de quien mora allí.
Desde Jerusalén también clamaron los antiguos profetas de Israel por el comportamiento moral de gobernantes y gobernados. Y sus palabras y exhortaciones tienen vigencia hasta el día de hoy. Y allí predicó Jesús y consecuentemente allí fue la génesis del cristianismo. Y de allí describen los musulmanes el ascenso al cielo de su profeta, Mahoma.
Escritores latinoamericanos
La Jerusalén actual ha sido abordada por innumerables autores y desde los más diversos ángulos. Importante es, asimismo, la producción de los más destacados escritores y pensadores latinoamericanos.
Vale entonces hacer una breve recorrida por algunas de las frases que inmortalizaron nuestros hombres de letras, no sin antes recordar que el máximo premio literario que otorga el Estado de Israel es el Premio Jerusalén, y que precisamente en cuatro diferentes ocasiones recayó en escritores iberoamericanos: los argentinos Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, el mexicano Octavio Paz y, este año, el peruano Mario Vargas Llosa.
Ellos y otros muchos más han dedicado bellísimas páginas en la lengua de Cervantes a la Ciudad Eterna. Es que Jerusalén no estuvo nunca ausente en la rica tradición judeocristiana. Y a ello se le sumó la admiración que despertó el renacimiento de la ciudad en las últimas décadas.
Así, nuestro Jorge Luis Borges escribió con su inigualable talento: “No hay en el mundo entero una ciudad que haya sido tan anhelada como Jerusalén. Sus treinta siglos podrían inspirar un libro mágico, una suerte de larga epopeya mágica, cuyas infinitas páginas rescatarían no sólo los hechos históricos que guardan los archivos y que conmemoran la fama, sino lo que sintieron y soñaron, secretamente, las generaciones de cautiverios y las generaciones de la Diáspora ... Jerusalén es una gran copa donde se han decantado y acumulado los sueños, las vigilias, las oraciones y las lágrimas de quienes no la vieron nunca pero sintieron hambre y sed de ella. Esto no es una fábula. Esto lo he sentido en Jerusalén”.
Mientras que el laureado Octavio Paz escribió: “Al enfilar el avión hacia Jerusalén, regresaba al origen ... al lugar donde la palabra humana y la divina se enlazaron en un diálogo que fue el comienzo de la doble idea que ha alimentado a nuestra civilización desde el principio: la idea de libertad y la idea de historia. Ambas son inseparables de la palabra judía”.
Colaboró: Natalio Arbiser
© LA NACIÓN
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Para la Libertad
Domingo 19 de enero de 1997
En abril próximo, el escritor español Jorge Semprún recibirá el Premio Jerusalén, una distinción que intenta rescatar no sólo valores literarios sino también morales
EL Premio Jerusalén es otorgado cada dos años por el Municipio de Jerusalén a un escritor extranjero que haya dedicado su vida y su obra a la defensa de la libertad del hombre en la sociedad. En los considerandos del jurado que en esta última edición distinguió a Semprún puede leerse: “En reconocimiento por su admirable obra como escritor y por ser un valiente luchador por la libertad en su vida y en su literatura”. Un especial motivo de orgullo para los autores (y lectores) de habla hispana lo constituye el hecho de que en esta oportunidad, y por primera vez en más de treinta años, el Premio Jerusalén recayó dos veces consecutivas en autores de lengua castellana: antes de Semprún, en 1995 lo había ganado Vargas Llosa.
Por qué Jerusalén
Este premio se instituyó en 1963 y hoy es el de mayor repercusión entre todos cuantos se otorgan en Israel en el campo de las humanidades. Desde que nació, y aún en la actualidad, el premio se otorga durante el acto central de la Feria Internacional del Libro que tiene lugar cada bienio en Jerusalén, en marzo o en abril (este año se realizará entre el 6 y el 11 de abril, en coincidencia con la culminación de los festejos por los tres mil años de la ciudad de David).
Es interesante señalar que aquella primera edición se llevó a cabo en un destartalado y largo cobertizo que cobijaba un modesto tinglado y contó con la presencia de apenas tres editores extranjeros. Paralelamente, en la década del sesenta Jerusalén dejó de ser una ciudad cuyos únicos atractivos estaban vinculados al pasado espiritual de la humanidad, para empezar a ofrecer también interesantes propuestas culturales contemporáneas. Prueba de ello fue la creación del Museo Israel, del Santuario del Libro, la Ópera, el crecimiento de la Universidad Hebrea y el edificio Binianei Haumá (Centro Internacional de Convenciones), que, desde hace años, aloja a la Feria del Libro. Desde aquel humilde tinglado a este Centro de Convenciones, desde aquellos tres editores extranjeros a los mil que estarán presentes este año representando a cincuenta países, el tiempo ha transformado a Jerusalén en una de las ciudades de frecuente cita para los amantes de la actividad cultural.
Por qué Semprún
Destierro, exilio, persecución (como históricamente ha acontecido con el pueblo judío) fueron constantes en la vida del premiado autor. Nieto de Antonio Maura, hijo de un gobernador republicano de Toledo, a los catorce años conoció el exilio (se fue con sus padres a Francia). Cuando los nazis invadieron el país galo, fue deportado a Buchenwald. En ese campo de concentración, donde estuvo prisionero durante dos años y del que salió en libertad cuando finalizó la guerra, vio de cerca el crematorio en el que miles de judíos fueron exterminados.
Agregan los considerandos del fallo que en su obra Semprún ha denunciado permanentemente la crueldad de los totalitarismos y, en su vida, fue, consecuentemente, un incansable luchador por la libertad, la dignidad y los derechos cívicos. Esto le valió, en 1964, la expulsión del Partido Comunista Español, al denunciar los atropellos del estalinismo (como en el guión de La confesión). Su terrible experiencia en Buchenwald fue reflejada en Le grand voyage. Supo definir el riesgo que siempre implica el retorno de los regímenes ominosos: “Sólo los poetas -dijo- son capaces de anunciarnos lúcidamente las catástrofes que produce la barbarie.” La dictadura de los coroneles griegos la reflejó en el guión de Zeta (que tan exitosamente llevó al cine el director Costa Gavras); la vida clandestina la describió en la laureada novela Autobiografía de Federico Sánchez (Premio Planeta 1977).
Eximio conocedor de la cultura europea, Semprún declaró que no imaginaba a ésta sin la decisiva contribución del pensamiento y la creatividad judías.
Para muchos, el escritor español es un intelectual convertido en hombre de estado; para otros, se trata de un político intelectual. Tras su paso por Buchenwald, Semprún solía preguntarse: “¿Qué significa ser después de Auschwitz? ¿Qué significa pensar, por tanto, ya que es inconcebible vivir sin pensar?”. Y le gusta repetir la célebre expresión de Elías Canetti: “La humanidad sólo está indefensa allí donde carece de experiencia o de memoria”.
© LA NACIÓN
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El Holocausto en el Premio Nobel de Literatura 1999
GüNTER GRASS CONTRA EL TIEMPO QUE PASA
“ La humanidad -decía el Premio Nobel Elías Canetti- sólo está indefensa allí donde carece de experiencia o de memoria”. En menos de siete días el recuerdo de la Shoá (= catástrofe, destrucción en hebreo), conocida habitualmente como Holocausto (1), ha vuelto sobre nosotros con una serie de noticias de distinto signo. Por un lado, una serie de elementos negativos: el triunfo de la ultraderecha en Austria, el anuncio en Londres del inicio del juicio que promueven los denegadores del Holocausto, la profanación de cementerios judíos en Buenos Aires y Berlín. Por otra parte, esta semana se dio a conocer la condena a Dinko Sakic en Croacia por sus crímenes cometidos cuando fue comandante del campo de Concentración de Jasenovac y el otrogamiento a Günter Grass del Premio Nobel de Literatura.
Entrando en el análisis de esta última noticia -y su relación con las demás- podemos señalar que Grass fue y es un verdadero despertador de la conciencia moral en su país y en el mundo. Formuló los interrogantes más inquietantes y se aventuró en las definiciones menos demagógicas. Es un intelectual libertario e independiente. Un alemán que pasó de ser adolescente hitlerista, a un implacable crítico del régimen nazi. Según señala la Academia sueca Günter Grass “es un hombre que emprendió la tarea de revisar la historia de su tiempo recordando a los ignorados y olvidados: las víctimas, los perdedores y las mentiras que la gente desea olvidar, porque una vez creyó en ellas”. ¿Cuál es el significado de estas palabras escritas por los que le otorgaron el premio máximo? Vale la pena repasar las opiniones del laureado escritor alemán respecto de la Shoá (Holocausto), por su calidad y por ser muy poco conocidas en nuestro medio.
Grass llegó a expresar con valentía en frente al auditorio de un congreso alemán de 1990 sobre Nuevas Propuestas que “Cualquiera que piense en Alemania en estos días y busque una respuesta a la cuestión alemana debe incluir a Auschwitz en sus pensamientos”; y agregó en otra oportunidad: “Para nosotros el pasado no puede dejar de estar presente. Nos seguimos preguntando: ¿cómo llegamos a eso? Y seguimos sin respuesta” (2). Sus enemigos le contestaron con atentados y lo acusaron injustamente de intentar reducir el derecho de los alemanes a la autodeterminación rastreando este tema ya antiguo.
Cuenta el propio Günter Grass cuál fue su motivación para abordar el tema de la Shoá. A comienzo de la década del sesenta manifestaba, “yo - que durante años había cuestionado a otros, la generación de mis padres - fui cuestionado por mis hijos ... Según sus edades, las preguntas eran formuladas así: ‘¿también mandaron a los chicos a las cámaras de gas?’. O bien: ‘¿cómo a los chicos? (...) El número de seis ceros seguía siendo inabarcable”. Comenta luego que durante años mientras se hallaba en la arena política, escribía en el mismo cuaderno borrador sus reflexiones sobre la coyuntura mezclada con las preguntas de sus hijos sobre la Shoá. A la pregunta de sus hijos: “¿Qué estás escribiendo?”, su respuesta fue: “Hijos, un escritor es un hombre que escribe contra el tiempo que pasa”. Luego se decepcionó cuando, diez años después, señaló “cuando mi libro estuvo terminado, todos los niños habían envejecido”.
¿Por qué los judíos?
Con enorme lucidez deduce que el prejuicio medieval y moderno hizo que las víctimas principales de la Shoá (Holocausto) fueran los judíos. “El odio hacia el judío, profundamente enraizado en el cristianismo, se fusionaron en el antisemitismo (moderno) y recientemente degeneraron en aceptación pasiva. No fueron bárbaros o brutos con figura humana, sino los representantes civilizados de la religión del amor al prójimo quienes dejaron hacer el crimen”. En otra parte de sus ensayos incluye asimismo su experiencia personal: “En esa época (1938), yo tenía 11 años y, aunque joven hitleriano, era católico creyente. En la Iglesia del Sagrado Corazón Langfuhr (en Danzig), a 10 minutos a pie de la sinagoga, incluso en plena guerra, jamás oí rezar por los judíos perseguidos. En cambio, junto con otros murmuré padrenuestros por la victoria del ejército alemán y por el bienestar del Führer Adolf Hitler”. Más adelante reconoce que también hubo excepciones y que la resistencia de algunos cristianos aislados y de grupos de cristianos contra el nazismo fue muy valiente.
Antes de continuar con el pensamiento de Grass es necesario aclarar que, afortunadamente para la conciencia humana, desde el momento en que Grass escribió estas reflexiones (año 1979), han habido una serie de saludables pronunciamientos. Son ejemplos de ello los recientes documentos autocríticos de las iglesias de Alemania, Polonia y Francia.
El propio documento del Vaticano de 1998, “Recordamos: Una Reflexión sobre la Shoá” señala claramente que “se deploran profundamente los errores y las culpas de estos hijos de la Iglesia” (...) “Recordar este terrible drama significa tomar plena conciencia de la necesidad de evitar que las semillas infectas del antijudaísmo y del antisemitismo penetren el corazón de los hombres”. En este sentido cabe recordar la visita del Papa a la Gran Sinagoga de Roma, la primera que un Papa realiza a un templo judío (para recorrer los pocos centenares de metros que separa al Vaticano de la Gran Sinagoga fue necesario esperar casi dos milenios) y sus históricas palabras: “los judíos son nuestros amados hermanos y que, en cierto sentido, son en verdad nuestros hermanos mayores (en la fe)”.
En el mismo sentido se expresó el propio Papa Juan Pablo II (en Cruzando el Umbral de la Esperanza, pág. 110): Auschwitz no cesa de amonestarnos aún en nuestros días, recordando que el antisemitismo es un gran pecado contra la humanidad (subrayado en el original); que todo odio racial acaba inevitablemente por llevar a la conculcación de la dignidad humana”.
Los que jugaron a los mudos
Volviendo al pensamiento del lúcido pensador alemán, cabe recordar que Grass cargó sus dardos en especial contra los culpables por omisión, los que callaron, los que miraron para otro lado o los que, pudiendo haber salvado vidas, no lo hicieron. Señala en uno de sus párrafos más críticos (que -con los cambios respectivos- también tiene vigencia para el caso latinoamericano reciente): “Auschwitz no fue el resultado de la habitual barbarie humana, sino la reiteración de una responsabilidad organizada, sin más asidero que los límites objetivos, desdoblada hasta hacerse infinitesimal, que deviene irresponsabilidad. Cada uno de los partícipes o no partícipes actuaba a sabiendas o inconscientemente a partir de su restringida noción. Sólo fueron condenados los ejecutantes in situ, se llamen Kaduk o Eichmann, pero quienes por deber obedecieron a sus jefes, o todos aquellos que jugaron a los mudos, que no hicieron por ni en contra, que sabían y dejaron hacer, ésos no encontraron jueces, porque no habían ensuciado sus manos”.
En otro párrafo agrega varios factores que contribuyeron a que este proceso pudiera desarrollarse y que “todo fuera a la luz del día. El odio inconmensuarable, proclamado por afiches, por slogans. El cobarde silencio de las iglesias cristianas. Los ciudadanos que se acostumbraban a ellos. La autodecadencia, primero consciente, de un pueblo que, más tarde, cuando fueron descubiertas las dimensiones del crimen, debía considerarse ignorante y, sin embargo, responsable”.
A Günter Grass se le podría aplicar la expresión de Jorge Semprún: “sólo los poetas son capaces de anunciarnos lúcidamente las catástrofes que produce la barbarie”.
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(1) Para ampliar los datos respecto del tema Shoá (Holocausto) sugiero releer mis artículos anteriores en LA NACIÓN: “Las enseñanzas del Holocausto” del 13/3/94 y “Auschwitz: la noche más oscura de la historia” del 27/1/95.
(2) La mayoría de las citas de Günter Grass provienen del ensayo escrito en 1979, “¿Cómo decírselo a los niños?”, publicado por Essais de Critique, París, 1986.
Mario Eduardo Cohen es Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDICSDEF) y Orden del Mérito Civil del Rey de España.
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A CUARENTA DÍAS DE LA MASACRE DE BUENOS AIRES
LA PÉRDIDA CULTURAL: BORRAR LA MEMORIA
28 de agosto de 1994
Muchos de los conceptos que volcáramos en estas mismas páginas al referirnos al Holocausto (1), vuelven lamentablemente a tener actualidad: “ ... No basta -escribíamos entonces- con el ejercicio de la memoria; es imprescindible sumar a éste la enseñanza moral, para que no se vuelvan a repetir en el futuro semejantes episodios de sufrimiento, dolor y pesadilla para la humanidad”. Y agregábamos las palabras de Alain Finkielkraut: “Lo humano en el hombre no es un elemento de naturaleza sino una cualidad precaria siempre sujeta a desaparición ... “. Frase, esta última, que perfectamente se puede aplicar a quienes ordenaron y ejecutaron la reciente masacre de Buenos Aires,
Salvando las distancias y la gigantesca diferencia de magnitudes, se produjo lo que podríamos llamar un “Holocausto” en nuestra propia ciudad de Buenos Aires, en el ataque más terrible contra los judíos y la Argentina, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La principal pérdida -qué duda cabe- es la de un centenar de vidas tronchadas: un padre que no vuelve a su hogar, un niño que ya no sonreirá, una mujer que ya no mirará. Los malheridos, los sobrevivientes de una situación traumática como la vivida, los familiares, parientes y amigos que padecieron y padecerán tanta zozobra y finalmente el dolor y el estupor de toda la sociedad desde la terrible mañana del 18 de julio.
El hombre es el único ser en la tierra creador de cultura, por lo que la pérdida de un sólo ser humano asesinado por el oscurantismo, implica la disminución de nuestra propia cultura.
Pero la devastadora mano criminal no sólo apuntó a tronchar vidas ... también pretendió borrar hasta el último rastro de más de cien años de vida, existencia y cultura judía en la Argentina.
En un principio parecía que la Historia del país vio destruido el importante capítulo de más de un siglo de vida judía documentada en los archivos y bibliotecas del IWO, Instituto Científico Judío que se alojaban en el edificio de AMIA y DAIA. Los masacradores saben que suprimiendo la memoria el hombre deja de ser hombre.
La memoria no muere
Transcurridos ya cuarenta días y en una primera evaluación que puede no ser la definitiva, cabe señalar que se han perdido para siempre: actas fundacionales de las colonias judías del país, libros incunables, memorias, registros de fallecimientos, objetos rituales antiguos, diarios, cuadros, fotografías y archivos consultados por especialistas de todo el mundo. Siguen sin ubicarse, por ejemplo, cartas de Einstein y Freud, un periódico como “Eco” de 1898 que era manuscrito, obras de teatro en idish y parte de la biblioteca que era orgullo del país.
Quiso la providencia que un sector del valioso material cultural que contenía el edificio no sucumbiera ante el criminal propósito, tal vez para expresar que la memoria no muere, que la creación humana sobrevive a los crímenes más atroces.
De todas maneras, pese al enorme entusiasmo con que se trabaja, la difícil tarea de catalogación y ordenamiento del material rescatado demandará varios años.
Vuelven hoy a tener vigencia las palabras del Rabí Janiná cuando los
romanos lo torturaban por enseñar la Torá: “Los pergaminos queman pero las letras flotan”. Con las letras que están flotando es hora de recomenzar las palabras. Debemos reconstruir, reestudiar y recrear nuestra indivisa conciencia de hombres y mujeres civilizados como la mejor manera de conservar la memoria de las víctimas.
(1) Mario Eduardo Cohen: “ Las Enseñanzas del Holocausto “, “ La Nación “, Pág. 6 del Suplemento Cultural (Sección 7) 13/3/94.
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UNA FESTIVIDAD JUDÍA UNIVERSAL
13 de septiembre de 2021
El miércoles al anochecer comienza el Iom Kipúr (en español, Día del Perdón) y termina el jueves ya entrada la noche. El mismo está precedido por cuarenta días de reflexión. La palabra hebrea kipúr tiene relación con verbo lejaper que significa “mejorar”, “reparar” y “perdonar”.
El Iom Kipur es la conmemoración más característica y más respetada de la liturgia judía, pero su significado la trasciende, ya que tiene una dimensión mucho más amplia. Lo particular y lo universal se dan la mano. En este sentido es un llamado a rectificar conductas para con nuestros semejantes, a volver al sentido ético de la existencia, a recordar a los fallecidos, a reflexionar sobre el sentido de la vida y del tiempo. Todos estos conceptos tienen vigencia para todas las épocas y para todos los seres humanos.
Es realmente significativo que personas del siglo XXI se re-unan (en el sentido original de la palabra de “volver a unirse”) y se conmuevan al leer oraciones de alabanza al Creador y de arrepentimiento que tienen, algunas, más de dos milenios de antigüedad. Otras fueron originadas en la diáspora donde “germinó una increíble teología”, según se admiraba Jorge Luis Borges, que rubricaba: “Durante siglos, en toda Europa el Pueblo Elegido fue confinado en barrios que tenían algo o mucho de leprosorios y que, paradójicamente, fueron invernáculos mágicos de la cultura judía”.
En este marco, esta festividad nos pide –además de un ayuno total– tres actividades que representan a los seres humanos en todas sus dimensiones (éstas comienzan en español con la letra “t”): Teshuvá, Tefilá y Tzedaká. La primera, Teshuvá es el arrepentimiento personal y también puede significar volver (a sí mismo); la segunda, Tefilá (oración, ruego), es la relación con el Creador. La tercera es la Tzedaká (es mucho más que “caridad”) en el trato con nuestros semejantes. Tzedaká significa hacer justicia. Cuando apoyamos a los necesitados estamos restableciendo el equilibrio que alguna vez se rompió y que generó una injusticia que estamos reparando.
Estamos en estos días atravesando un momento angustioso para la humanidad, por la pandemia que nos acosa, sin poder avizorar su final. Nos encontramos sometidos a incertidumbre, aislamiento social y lamentablemente a la pérdida de seres queridos. En este contexto las grandes religiones nos brindan cobijo y esperanza para soportar la crisis. Los ruegos por la salud toman nuevos y profundos significados. Debido a la pandemia los servicios en las sinagogas serán restringidos a pocos feligreses. Muchos deberán seguirlos on line.
Una reflexión final. Todos nos declaramos defensores de la justicia pero somos indiferentes ante los millones de seres humanos que mueren por hambre, enfermedades evitables, guerras inútiles, destrucción del medio ambiente. Entre 720 y 821 millones de personas sufren hambre (FAO 2020). La pandemia ha acentuado las diferencias entre los ultra ricos y el resto de la población. Es hora de volver a la solidaridad antes de que sea tarde,
¡El universo puede ser mejor! y para ello, todos debemos ajustar nuestro proceder a los principios éticos, aun en nuestro micro cosmos. Esta celebración es un buen momento para reconciliarnos con el Todopoderoso y con los seres humanos. Como señalaron los poetas: “por un día los seres humanos y los ángeles son iguales”.
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Una voz de alerta contra toda tiranía
En estos días, en muchas plazas de nuestra ciudad y de las provincias encontramos candelabros gigantes junto a coloridos árboles de Navidad. Quizás, a través de las ventanas de las casas, también descubramos los tradiciona-les pinos iluminados y candelabros encendidos.
Es que en las tradiciones de las tres religiones monoteístas (judía, cristiana y musulmana) inmortalizar los hechos del pasado tiene un lugar central. El verbo zajor (“recordarás”) se repite 169 veces en la Biblia hebrea. Justamente, judíos y cristianos se encuentran “recordando” hechos milagrosos ocurridos en esta época. Los católicos y evangélicos celebran en la Navidad el nacimiento de Jesucristo. Los judíos estamos festejando la Janucá (la fiesta de las lumina-rias), que recuerda la primera lucha de la historia por recuperar la libertad de culto, llevada a cabo un siglo y medio antes de la era cristiana.
La Navidad y Janucá tienen significados muy distintos, pero en la forma tienen aspectos comunes, según han se-ñalado los investigadores: son fundamentalmente festividades de diciembre, hogareñas y nocturnas, en las que se dan regalos a los más pequeños y en las que la luz tiene una gran relevancia. También encontramos otra similitud: Janucá se festeja durante ocho días, el mismo lapso que hay entre la Nochebuena y el primer día del año.
Otro detalle las asemeja: el 24 de diciembre, al anochecer, los judíos estaremos prendiendo la 7a vela del cande-labro y los cristianos tendrán iluminado su árbol típico. Este es representado como un triángulo asentado sobre un tronco, y el candelabro de Janucá se compone de ocho brazos que forman un triángulo inverso, sostenido por un mástil central. Lo más significativo es que ambas fiestas son momentos para celebrar, tiempos para la reflexión y para compartir en familia. ¿Qué hecho recuerda la festividad de Janucá? Esta perpetúa el heroico levantamiento contra el sanguinario tirano grecosirio Antíoco IV Epífanes, quien había prohibido todo el culto judío y había dedicado a Zeus el Gran Templo de Jerusalén.
La familia del sacerdote Matatías se propuso valientemente echar al invasor. En los “Libros de los macabeos” (que aparecen en las Biblias cristianas) se refiere la inquietud planteada por el pueblo a Iehudá Macabeo, hijo de Matatías, antes de la batalla: “¿Cómo podremos combatir, siendo tan pocos, con una multitud tan poderosa?”. Este les respondió: “Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad (…); nosotros, en cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes”.
Los defensores lograron, luego de tres años de lucha, la reinauguración del Templo (Janucá significa “inauguración”) y entonces ocurrió el llamado milagro de Janucá: el aceite del candelabro, que solamente alcanzaba para un día, fue usado durante ocho días. En la actualidad se lo recuerda con el encendido gradual del candelabro.
Para concluir, los Antíocos Epífanes no han desaparecido. También hoy existen tiranos, y somos nosotros los que debemos oponernos, como en aquella época los enfrentaron los macabeos. El recordarás… (zajor) también nos ilumina para evitar nuevos dictadores. Nuestra defensa es siempre resistir, resistir y resistir ante los opresores. Janucá es asimismo una voz de alerta contra toda tiranía. ¡Feliz Navidad, feliz Janucá!
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Ernesto Sabato y el pueblo judío
Los Profetas de Israel raramente adivinaban el futuro, más bien recriminaban la corrupción y mostraban el camino de la ética. Sal-vando los tiempos y la distancia, Ernesto Sabato fue una especie de profeta laico de nuestro tiempo. Predicó la justicia en todos los ámbitos y también luchó contra el antisemitismo y el nazismo. Este mes se cumple un nuevo aniversario de su nacimiento y es buen mo-mento para repasar alguno de sus memorables conceptos.
Al respecto recuerda las incoherencias del pensamiento antijudío: “El antisemita dirá sucesivamente –y aun simultáneamente– que el judío es banquero y bolchevique, avaro y dispendioso, limitado en su gueto y metido en todas partes. Es claro que en esas condiciones el judío no tiene escapatoria: cualquier cosa que diga, haga o piense caerá en la jurisdicción del antisemitismo”; luego profundiza sobre las consecuencias de este sentimiento: “Bastaron unos cuantos gritos bien seleccionados por los teóricos de Hitler para movilizar a millo-nes de ciudadanos en el país más instruido del mundo”.
Contra casi toda la opinión pública, en 1960, apoyó el derecho de Israel a juzgar al nazi Adolf Eichmann. Lo hizo en su famoso artículo “Soberanía para carniceros”, que le valió varias amenazas de muerte.
Sabato comparte con Jorge Luis Borges el hecho de haber sido admiradores de la cultura judía y de la sefardí en particular. Maravi-llado frente a la reacción de este “misterioso pueblo (judío) de volver a reír y bailar sobre las cenizas del último pogromo”, comentaba: “Ese pueblo que ha sufrido los peores horrores y que ha dado a la humanidad entera uno de los conjuntos más asombrosos de genios a la ciencia, en el pensamiento filosófico, en las artes y en la religión”.
En otra conferencia confirmaba el derecho del pueblo judío a tener un Estado: “Hay que partir de una base irreversible: el pueblo judío tiene derecho definitivo a tener su Estado de Israel. Este es un hecho indiscutible. (…) El pueblo judío tiene ese derecho: lo ha ganado con sangre, sudor y lágrimas” y agregaba respecto de la vida en las colonias colectivas: “La experiencia del kibutz es el experi-mento más trascendental que ha emprendido la humanidad”. También defendió, en los últimos años, el derecho de los palestinos a tener paralelamente su propio Estado nacional.
Sabato fue un gran defensor de la creación del Estado de Israel, que le otorgó, en 1989, su máximo galardón, el Premio Jerusalén. Señalaba en un reportaje en 1969: “Cuando llegamos a Jerusalén era de noche y a Matilde (su esposa) se le empezaron a caer lágrimas y yo mismo, confieso, tenía la garganta anudada”. Y una anécdota que quedó para el recuerdo colorido de ese viaje: “Hay tres Sabatos en la guía telefónica de Jerusalén: ¿será que mi fascinación por el pueblo judío es ancestral? Paseando con Matilde por la Ciudad Vieja, entré en un comercio a comprar baratijas: el dueño –vaya casualidad– se llamaba Sabato”.
En síntesis, el pensamiento ético, su admiración por el pueblo judío y la lucha contra los prejuicios fueron la razón de su vida. Saba-to fue una de las diez personas justas que señala la parábola bíblica, capaces de redimir a toda una sociedad.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Pascuas, un llamado a la esperanza
El aislamiento por la pandemia nos produjo algún tipo de depresión, angustia, miedo, recelo hacia nuestro prójimo, pérdida de fuentes de trabajo y también dolor ante la partida de amigos, familiares y conocidos. La historia hu-mana nos enseña que todas las epidemias terminan en algún momento, por lo que no debemos perder nunca la confianza.
Las tres grandes religiones monoteístas nos proponen en estos días un alto en el camino para pensar en el uni-verso en su conjunto y en su Creador. Celebramos algunas de las festividades religiosas más importantes del año: las Pascuas. Este año hay una feliz coincidencia, que no se da desde hace un cuarto de siglo. La Pascua Hebrea (en hebreo Pésaj) es exactamente coincidente con Semana Santa (católica y protestante). Esta concordancia ocurre porque tuvimos la luna llena el domingo 28 de marzo. Los judíos comenzamos la Pascua Hebrea el 15 del mes lunar de Nisán (mes de los pimpollos) y que generalmente es el plenilunio de fin de marzo o comienzos de abril. Este año el Pésaj comienza justamente la noche previa al citado 28 de marzo, y para la diáspora finalizará el 4 de abril.
Los cristianos establecen el Domingo de Resurrección en función del primer domingo posterior al plenilunio después del equinoccio del 21 de marzo. Una vez fijado el Domingo de Resurrección (este año por el plenilunio del 28 de marzo) queda conformada para atrás toda la Semana Santa. Luego, la Semana Santa (para los católicos y protestantes) comenzó el 28 de marzo con el llamado Domingo de Ramos y finaliza el 4 de abril con el citado Do-mingo de Gloria o de Resurrección. Además existe otra Pascua, la de los cristianos ortodoxos, cuyo domingo pascual será el 2 de mayo, ya que ellos se guían por otro calendario (el Juliano). (Recordemos también que con la próxima luna nueva, los musulmanes comenzarán con el mes sagrado del Ramadán).
¿Qué es el Pésaj? Esta festividad recuerda la salvación de la esclavitud de los judíos en el Egipto de los faraones hace unos 3200 años y el inicio del pueblo hebreo, generador de grandes ideas éticas que todavía no han sido al-canzadas del todo: el “ama a tu prójimo como a ti mismo”, la igualdad de todos los seres humanos ante el Creador, el interés por el sufrimiento humano, la no discriminación, la igualdad del nacido en el país con el nacido en el extranje-ro (Ex. XII-40), la liberación de los oprimidos. Parafraseando a Jorge Luis Borges, podríamos decir respecto a estos valores: “…los más antiguos son los más nuevos”. La celebración del Pésaj implica un llamado de esperanza a la humanidad toda. Eterna convocatoria que afirma que la libertad es posible.
Estas festividades de distinto significado poseen algunas costumbres en común, como las reuniones familiares y las comidas tradicionales. En Buenos Aires, ciudad de la convivencia, algunos vecinos (los judíos) comen panes sin levadura; otros (los cristianos), prueban roscas de pascua y huevos de chocolate. Por segundo año consecutivo, de-beremos reunirnos en grupos pequeños esperando tiempos mejores. Es el momento para desear ¡felices Pascuas!; rogar y actuar para que se termine el actual flagelo de la pandemia.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Auschwitz: que no muera la memoria
"Yo la miraba, yo la observaba/ a esa niñita de dos años, a esa viejecita/ a esa abuelita. / Cien años de edad tenía esa nenita judía,/ su serenidad, su enorme pena./ Lo que su abuela no había visto en sueños siquiera/ lo había visto en la realidad esta pequeña". El poeta Itjok Katzenelson refleja aquí todo el terrible sufrimiento de una niña durante el Holocausto.
Las Naciones Unidas han elegido el 27 de enero para recordar a las víctimas del Holocausto. Este día, hace 76 años, las tropas rusas entraron en Auschwitz y el mundo pudo empezar a conocer el más terrible campo de la muerte en la historia humana. Unos pocos sobre-vivientes recibieron a los salvadores. No se había podido cumplir totalmente el vaticinio de los masacradores: "De aquí solo se sale por las chimeneas".
En Auschwitz-Birkenau fueron asesinadas por lo menos 1.100.000 personas, desde bebés hasta ancianos, en su gran mayoría judíos; también discapacitados, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, patriotas polacos y comunistas. A las víctimas no solo se les querían quitar los derechos humanos, sino que también se las quería despojar del derecho a "ser" humanos.
Auschwitz fue solamente un engranaje, entre muchos otros, en el proyecto de eliminación total del pueblo judío. Esto es lo que histórica-mente se ha conocido como Holocausto (del griego: "todo quemado"); que ahora prefiere llamarse Shoá (del hebreo: destrucción, catástrofe, devastación).
El papa Benedicto XVI lo calificó como "una vergüenza indeleble en la historia de la humanidad". Para Reyes Mate: "La humanidad al-canza el más alto grado de inhumanidad". Norberto Bobbio lo consideró "el acontecimiento más monstruoso de la historia… pero no fue realizado por monstruos de otros planetas, fue hecho por hombres y mujeres comunes". En nuestra opinión, debió decir "hombres y muje-res ilustrados" y que, además, contaron con la indiferencia de millones.
Los que decidieron y ejecutaron tamaña matanza fueron hombres con estudios superiores. En la conferencia de Wannsee que decidió el Holocausto (en apenas 85 minutos), ocho de los catorce invitados eran graduados universi-tarios. Dos tercios de comandantes de los Einsatzgruppen (grupos de tareas móviles) que llevaron a cabo la masacre –mediante fusilamientos a sangre fría de más de un millón de judíos en la ex-Unión Soviética– tenían estudios supe-riores, y un tercio de ellos habían cursado doctorados. Del Holocausto debemos aprender cuánto daño puede hacer el conocimiento técnico prescindente de valores morales.
Sostiene Ian Kershaw que "el camino que va a Auschwitz se construyó con el odio, pero se pavimentó con la indife-rencia". Al respecto, el historiador Yehuda Bauer enunció tres nuevos mandamientos luego del Holocausto: "No serás una víctima. No serás un perpetrador. No serás un espectador".
En nuestros días, durante la pandemia, han resurgido grupos ultrarracistas y fanáticos, por lo cual tenemos el deber de mantener una alerta continua.
Agrega el sobreviviente Elie Wiesel: "Hemos aprendido algunas lecciones; todos somos responsables; la indiferencia es un pecado y merece un castigo". El mandamiento actual y futuro es educar para la convivencia y no ser indiferente ante ningún proyecto genocida.
La última muerte que puede generar el Holocausto es la muerte de la memoria.ß
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Hacia una Justicia universal
Entre 1942 y 1944, Adolf Eichmann, desde su Oficina de Asuntos Judíos de la Cancillería del Reich, coordinó "con suma eficiencia" las deportaciones de por lo menos 1.500.000 judíos a los campos de exterminio (a un promedio diario de unas 1500 personas). Su trabajo consistía en presionar a las policías locales para que agruparan a los judíos (y gitanos) en determinadas estaciones de ferrocarril. Simultáneamente, conseguía que las empresas ferroviarias le brindaran trenes vacíos (en su mayoría, de carga) para que pasaran a retirar la "carga humana". Antes había conseguido "boletos de ida" solamente. Debían llegar rápidamente a su destino final: la muerte. También se ocupó de expoliar los bienes de las víctimas.
Eichmann vivió durante 10 años en la Argentina con un nombre falso. En 1960, hace 60 años, fue secuestrado por un comando israelí y fue llevado a juicio. Antes de esa fecha, los sobrevivientes no se animaban a contar los horrores vividos durante el Holocausto, "no resul-taban fácilmente creíbles" (según comentó Jorge Semprún). La importancia del juicio a Eichmann, para la Historia con mayúscula, es que despertó el interés en los estudios profundos sobre el Holocausto. Fue un verdadero punto de inflexión.
Las audiencias del juicio se llevaron a cabo en Jerusalén entre abril y agosto de 1961, con traducción simultánea a varios idiomas, ante periodistas y personalidades de todo el mundo. Se presentaron 110 testigos de 17 nacionalidades y un gran número de documentos. El fiscal Guideon Hausner comenzó su alegato con estas palabras: "En el sitio en que me encuentro hoy ante ustedes, jueces de Israel, para demandar contra Adolf Eichmann, no me encuentro solo: conmigo se levantan aquí en este momento seis millones de demandantes. Pero ellos no tienen la posibilidad de comparecer en persona. Sus cenizas se encuentran esparcidas por Europa". Seguidamente presen-tó los cargos relativos a crímenes contra el pueblo judío, contra la humanidad y de guerra.
El defensor Robert Servatius (abogado que también defendió a alemanes en Nuremberg) contestó: "La defensa presentará pruebas de que el acusado no tiene responsabilidad sobre los exterminios realizados. Se comprobará que no los ordenó, y tampoco los llevó a cabo. Se comprobará que no tenía posibilidad de desobedecer las órdenes recibidas". Eichmann se defendió diciendo que era un "mero técnico de transportes", un burócrata, casi un dactilógrafo, y que "cumplía órdenes".
Finalmente, las pruebas de su participación fueron abrumadoras. Fue encontrado culpable y ejecutado. Sus cenizas fueron tiradas al mar.
El juicio de Jerusalén sentó jurisprudencia a nivel mundial, en el sentido de que no se puede esgrimir el argumento de la "obediencia debida" en los crímenes de lesa humanidad. El principio de irretroactividad de la ley no es aplicable para estos casos (Israel lo juzgó de acuerdo con una ley de 1950 por los hechos ocurridos unos años antes, entre 1939 y 1945). Tampoco se aplica el principio de territoriali-dad para los genocidas.
Según comenta Álvaro Abós, el proceso de Jerusalén fue un antecedente en el que se basaron, entre otros, el juicio que abrió Alfonsín contra las Juntas Militares; los promovidos en España contra Augusto Pinochet; el accionar del juez Baltasar Garzón por los horrores franquistas, y la Corte Penal Internacional contra Milocevic, etc.
Desde el juicio a Eichmann ningún genocida puede dormir en paz. Sus crímenes no prescribirán jamás.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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La celebración de dar vida a la luz
"Para la fiesta de Janucá no hemos preparado muchas cosas: algunas golosinas solamente y, sobre todo, las velitas. Debido a la escasez de velas únicamente las encendimos durante diez minutos; pero el canto ritual no fue olvidado y eso es lo principal". Comenta Ana Frank en su diario, el 7 de diciembre 1942. Cabe recordar que esto ocurrió en ple-na Guerra Mundial, en un minúsculo refugio donde estaba hacinada con su familia y amigos. ¿Por qué hicieron un alto para festejar? ¿A qué se refería cuando detalla que hubo golosinas, cantos y velas?
Es que estaban celebrando la festividad de las luminarias (o Janucá). La misma recuerda un hecho histórico ocurrido hace 2184 años en la tierra de Israel: se trata de la histórica victoria de los macabeos contra el terrible rey grecosirio Antíoco Epífanes, que quería imponer el politeísmo heleno y había prohibido -bajo pena de muerte- los rituales judíos.
Los invasores fueron expulsados y se produjo la restauración de los servicios religiosos en el Templo de Jerusalén. Janucá justamente significa "inauguración", "consagración". El aceite que solamente servía para un solo día alcanzó milagrosamente para ocho días. De allí la costumbre de dar vida a la luz al prender gradualmente luminarias hasta llegar a ocho (unido a un canto tradicional).
Janucá fue un triunfo que reinstaló la soberanía política y religiosa sobre la tierra de Israel. Se trata, posiblemente, de la primera guerra de guerrillas que registra la historia, con el objetivo de obtener la libertad religiosa. Fue, además, una victoria en la justa lucha de pocos contra muchos, de una minoría que luchó por mantener su identidad.
Acaso algunos se hayan sorprendido al ver enormes candelabros (de ocho brazos y uno adicional) en plazas públi-cas de varias ciudades argentinas y en urbes de sesenta países. Es que justamente estamos en estos días en esta festividad y el objetivo de estos candelabros "es hacer público el milagro".
Este año el calendario parece querer darnos un mensaje de convivencia. El martes 24 a la noche, al tiempo que los judíos encenderemos tres luminarias de Janucá, los católicos (y muchas iglesias protestantes) iluminarán en su tota-lidad el árbol hogareño de Navidad. Posiblemente los símbolos de ambas festividades se encuentren hermanados, ventana a ventana, en algún barrio de Buenos Aires o del interior, y sean mudos testigos de la convivencia. En ambos casos habrá alegres reuniones familiares y regalos a los más pequeños (recordemos las golosinas que recibió Ana Frank). Otro detalle relevante es la importancia que ambas tradiciones le dan en estos días a la luz. Debe tenerse en cuenta que estas festividades nacieron en el hemisferio norte, donde las noches son las más largas del año y a ve-ces las más gélidas, propicias para reuniones familiares.
¿Cuál es la importancia actual de Janucá en una época en que la globalización borra todas las minorías? Lo que los macabeos hicieron fue luchar por el derecho de todos los seres humanos a vivir en sus propias tradiciones y reve-renciar al Dios de su creencia. Defendieron el derecho de hablar en el idioma de su elección, de cultivar la memoria de su historia y venerar sus antepasados. Válidos para todas las épocas.
El siglo XXI se caracteriza por reconocer el valor de las mujeres. Justamente en esta festividad recordamos a dos heroínas: Jana (llamada también Salomé), que prefirió sacrificar a sus siete hijos para no caer en paganismo, y Ju-dith, que con un ardid le dio comida salada y luego emborrachó al general griego Holofermes para decapitarlo y así consiguió ahuyentar su ejército. ¡Feliz Janucá, feliz Navidad!.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Volver a la solidaridad
¿Cuál es el secreto de la supervivencia de la festividad hebrea del Yom Kipur (conocida en castellano como "el Día del Perdón"), du-rante casi tres mil años? Trataremos de dar algunas hipótesis sobre su vigencia en épocas tan distintas y en geografías tan disímiles.
La fecha recuerda el día que Moisés consiguió el Perdón Divino tras cuarenta días de ayunos y ruegos. Se trata del día más sagrado del calendario hebreo, y está dedicado por entero a la vida espiritual en la sinagoga, a la plegaria intensiva, a la meditación y a la recor-dación de los fallecidos.
¿Cuál es el misterio de esta festividad, que pudo perdurar por milenios en una sociedad en la que nos parece antigua una tecnología del año pasado? ¿Cómo es posible que plegarias y oraciones que datan de tantos siglos de antigüedad puedan conmover a los seres humanos modernos? Tendremos que aceptar que aquí se formulan las grandes preguntas de la existencia humana en el universo. A responder a la necesidad que tenemos los seres humanos de repensar el pasado y el futuro, regresando a la senda moral.
Una de las características principales de esta fecha es el arrepentimiento. "Un hombre que se arrepiente -dice Erich Fromm- es un hombre que regresa". El Perdón Divino no es un regalo, sino una meta que debe conquistar el hombre al volver a lo mejor de sí mis-mo. Antes de pedir debemos perdonar a nuestros semejantes.
Emanuel Levinas, siguiendo a los profetas de Israel, muestra que la tragedia del hombre no procede de sus limitaciones y de la inexo-rabilidad de la muerte, sino que la hallamos en la injusticia que producimos o en la indiferencia ante el dolor de los demás. Por lo tanto, es un momento para pensar en el "otro", en el necesitado. La palabra utilizada en hebreo para referirse a la dádiva o la caridad es Tzedaká; que literalmente significa "justicia", dado que de eso se trata cuando ayudamos a quien lo necesita. En síntesis, es un Día de Reparación.
Al respecto se cuestionaba el cabalista Yehuda Ashlag con una pregunta inquietante que deberíamos hacernos siempre: ¿nuestra existencia beneficia a alguien?
¿Cómo es nuestro mundo? Actualmente, se destruye nuestro hábitat natural por la sobreexplotación; según el informe de la FAO, ya son 820.000.000 de personas (149.000.000 son niños) que padecen hambre, y son numerosos quienes mueren por enfermedades prevenibles. En nuestro mundo se tiene que imponer la ética de la solidaridad que nos enseña el Iom Kipúr. Vale recordar que el papa Francisco recriminó recientemente a la humanidad, señalando que vivimos en la época de la "globalización de la indiferencia".
En el Día del Perdón recordamos las palabras del profeta Isaías, quien proclamó que no es el ayuno lo que purifica a las personas, sino los actos de solidaridad con el prójimo.
Concluye el día de oración con el expreso pedido de "¡Játimá Tová!", que significa: "¡buena firma!". Simboliza el deseo de cada perso-na de ser refrendada por el Señor con una rúbrica afirmativa en el Libro de la Vida y en un mundo más justo.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Una deuda con la cultura judía
"He hecho lo mejor que pude para ser judío. Pude haber fracasado... Si pertenecemos a la civilización occidental, entonces todos nosotros, a pesar de las muchas aventuras de la sangre, somos griegos y judíos... Muchas veces me pienso judío pero me pregunto si tengo derecho de hacerlo". Así reflexionaba Borges, con ironía, acerca de su intere-sante y eterna relación con el judaísmo. A 120 años de su nacimiento, corresponde honrar al más universal escritor argentino de todos los tiempos.
Jorge Luis Borges es el escritor latinoamericano que llevó, más que ningún otro, muchos aspectos de la cultura judía e Israel a la intelectualidad hispanoparlante (la Cábala, el Golem, Cansinos Assens, Spinoza, Agnón, Heine, el Libro de Job, además de los innumerables personajes judíos de sus cuentos, entre otras cosas). Nuevas investiga-ciones han ampliado los conocimientos que teníamos al respecto.
¿Cómo y por qué se interesa Borges por el judaísmo? En los hechos, recibió las primeras nociones de la mano de su abuela inglesa, quien tenía memorizada gran parte de la Biblia; luego reforzó su bagaje a través de su amistad, en Suiza, con dos intelectuales judíos, y más tarde, en su estancia en España, cuando conoció a Cansinos. Con los años, profundizaría esta relación con otros miembros de la comunidad judía.
Además, como dijera André Malraux, "Borges lo leyó todo, especialmente lo que nadie lee". Entre todo eso, leyó y tradujo, por ejemplo, al filósofo Martín Buber.
¿Quién era este raro escritor llamado Cansinos Assens? Borges lo considera su maestro y señala: "Cansinos era sevillano de tradición católica... Profesó el judaísmo y se casó con una judía, para engendrar en ella un hijo judío. Los judíos lo son por andanzas pretéritas de su sangre y por un heredado acto de fe". ¡Toda una definición en muy pocas palabras!
Luego el autor de "El Aleph" llegó a expresar, según comentó Koremblit: "Una de mis felicidades consiste en pensar que podría pertenecer al pueblo de Moisés ben Maimón, de Yehudá Haleví y de las Sefirot". En el mismo sentido, la investigadora Gabriela Mizraje descubrió recientemente una carta (de 1920) en la que Borges se enorgullece de su supuesto origen sefardita (por parte del apellido Acevedo) y señala: "No sé bien cómo celebrar ese arroyo de sangre israelita que corre por mis venas".
Otra novedad es el descubrimiento, hecho por el estudioso Martín Hadis, de las cartas entre Borges y Ben Gurión, en las que ambos muestran mutua admiración. En una de ellas, el escritor le dice al fundador del Estado de Israel: "Aca-so usted no ignore la afinidad que siempre he sentido por su admirable pueblo".
En otra oportunidad Borges reafirma este fuerte sentimiento casi sanguíneo de la siguiente manera: "Sin Israel la historia sería distinta... Israel no solo es una idea necesaria para la civilización, es una idea indispensable. No pode-mos imaginar la cultura sin Israel”.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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El judeoespañol, ¿enigma o milagro?
En el reciente VIII Congreso Internacional de la Lengua Española , donde me tocó disertar, se constituyó por primera vez un panel (a sala llena) para analizar el futuro de "la dulce lengua sefardí" como Miguel de Unamuno denominó al judeoespañol (también llamado ladino). Ruth Fine, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, lo definió así: "El judeoespañol es una lengua de base medieval, a la que se ha su-mado un conglomerado lingüístico de expresiones de diferentes dialectos de España, así como de las múltiples regiones donde los sefar-díes se establecieron después de la expulsión (de la península ibérica), en especial alrededor del Mediterráneo, desde Viena hasta el norte de África".
Durante siglos, los sefarditas exiliados fueron embajadores itinerantes del idioma español y su lengua; el judeoespañol fue un elemento de fidelidad e identidad al igual que la religión, las costumbres, las comidas. Los judíos lo llevaron a Asia y África (donde fundaron las primeras imprentas), y de esta manera en todos los continentes conocidos se habló el español. Dada la desconexión con España, la lengua judeoespañola experimentó un desarrollo paralelo al del español moderno. Así se produjo un doble malentendido: la mayoría de los peninsulares no supieron (hasta el siglo XX) que en el otro extremo del Mediterráneo se hablaba su lengua, y muchos judíos suponían que hablaban una "lengua judía" que no creían que fuera el idioma español.
Hoy los hispanistas y estudiosos se siguen preguntando -y no encuentran respuestas contundentes- cómo pudo desarrollarse una lengua hispana en lugares tan lejanos a la metrópoli cultural española y en un imperio como el otomano, donde la mayoría no hablaba esa lengua. ¿Cómo pudo persistir en el espacio, en un territorio tan amplio y con una fuerza tan notable durante más de cuatro siglos, una len-gua (escrita habitualmente en caracteres hebreos) que no tenía ni diccionarios ni una Academia que estableciera los usos correctos. Se trata, quizá, de un caso único en la historia. Uno de los investigadores llamó a esta lengua "un gran enigma"; otro la consideró "fascinante fenómeno", y un tercero sugirió que es "casi un milagro" su desarrollo.
El desmembramiento del Imperio Otomano, la gran emigración y el Holocausto generaron una mengua notoria del número de sus hablan-tes. Se impone pues trabajar duro para salvar toda una literatura que es patrimonio de la humanidad. Uno de los responsables de este rescate fue el moderador y expositor Shmuel Refael Vivante, quien trabaja para la apertura de la Academia Nacional del Judeoespañol en Israel (sería la número 24 de las academias del español). Comentó que la feliz idea de dicha creación se debe a la Real Academia Española, a la concientización del pueblo de Israel y a sus académicos.
Periodista y apasionado de esta lengua, el académico Moshé Shaúl señaló que ve en estos días, como un milagro, su renacimiento. A su vez, con humor se dijo que la relación de España con el pueblo judío es similar a la de la pareja humana. Hubo un "casamiento" durante la larga estadía del pueblo judío en Sefarad. Luego un "divorcio" con las expulsiones y en las últimas décadas, un "reencuentro". Al final de la sesión se escuchó la dulce voz de la cantante Berta Guindín: "A la una yo nací, a las dos m'engrandecí, a las tres tomí amante y a las cuatro me cazí. Alma, vida y corazón". Felicitamos a los organizadores del Congreso por dar cabida a esta riquísima expresión de la hispanidad: la lengua judeoespañola.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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El judeoespañol, ¿enigma o milagro?
En el reciente VIII Congreso Internacional de la Lengua Española , donde me tocó disertar, se constituyó por primera vez un panel (a sala llena) para analizar el futuro de "la dulce lengua sefardí" como Miguel de Unamuno denominó al judeoespañol (también llamado ladino). Ruth Fine, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, lo definió así: "El judeoespañol es una lengua de base medieval, a la que se ha su-mado un conglomerado lingüístico de expresiones de diferentes dialectos de España, así como de las múltiples regiones donde los sefar-díes se establecieron después de la expulsión (de la península ibérica), en especial alrededor del Mediterráneo, desde Viena hasta el norte de África".
Durante siglos, los sefarditas exiliados fueron embajadores itinerantes del idioma español y su lengua; el judeoespañol fue un elemento de fidelidad e identidad al igual que la religión, las costumbres, las comidas. Los judíos lo llevaron a Asia y África (donde fundaron las primeras imprentas), y de esta manera en todos los continentes conocidos se habló el español. Dada la desconexión con España, la lengua judeoespañola experimentó un desarrollo paralelo al del español moderno. Así se produjo un doble malentendido: la mayoría de los peninsulares no supieron (hasta el siglo XX) que en el otro extremo del Mediterráneo se hablaba su lengua, y muchos judíos suponían que hablaban una "lengua judía" que no creían que fuera el idioma español.
Hoy los hispanistas y estudiosos se siguen preguntando -y no encuentran respuestas contundentes- cómo pudo desarrollarse una lengua hispana en lugares tan lejanos a la metrópoli cultural española y en un imperio como el otomano, donde la mayoría no hablaba esa lengua. ¿Cómo pudo persistir en el espacio, en un territorio tan amplio y con una fuerza tan notable durante más de cuatro siglos, una len-gua (escrita habitualmente en caracteres hebreos) que no tenía ni diccionarios ni una Academia que estableciera los usos correctos. Se trata, quizá, de un caso único en la historia. Uno de los investigadores llamó a esta lengua "un gran enigma"; otro la consideró "fascinante fenómeno", y un tercero sugirió que es "casi un milagro" su desarrollo.
El desmembramiento del Imperio Otomano, la gran emigración y el Holocausto generaron una mengua notoria del número de sus hablan-tes. Se impone pues trabajar duro para salvar toda una literatura que es patrimonio de la humanidad. Uno de los responsables de este rescate fue el moderador y expositor Shmuel Refael Vivante, quien trabaja para la apertura de la Academia Nacional del Judeoespañol en Israel (sería la número 24 de las academias del español). Comentó que la feliz idea de dicha creación se debe a la Real Academia Española, a la concientización del pueblo de Israel y a sus académicos.
Periodista y apasionado de esta lengua, el académico Moshé Shaúl señaló que ve en estos días, como un milagro, su renacimiento. A su vez, con humor se dijo que la relación de España con el pueblo judío es similar a la de la pareja humana. Hubo un "casamiento" durante la larga estadía del pueblo judío en Sefarad. Luego un "divorcio" con las expulsiones y en las últimas décadas, un "reencuentro". Al final de la sesión se escuchó la dulce voz de la cantante Berta Guindín: "A la una yo nací, a las dos m'engrandecí, a las tres tomí amante y a las cuatro me cazí. Alma, vida y corazón". Felicitamos a los organizadores del Congreso por dar cabida a esta riquísima expresión de la hispanidad: la lengua judeoespañola.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Auschwitz, mártires sin tumbas
Las Naciones Unidas fijaron el 27 de enero como Día de Recordación del Holocausto . En esta fecha de 1945 las tropas rusas entraron en el campo de Auschwitz. El sobreviviente Primo Levi cuenta que los soldados que ingresaron ese día se avergonzaban, como seres humanos, ante el horroroso cuadro que veían.
Auschwitz (junto a Birkenau y otros campos satélites) era un centro de trabajo esclavo para empresas como I. G. Farben (fabricante del mortal gas Zyklon B), Krupp, etcétera; un espacio de experimentación médica con seres humanos vivos y un enorme lugar de asesinato masivo por gaseado y otros métodos. (Auschwitz, sin tumbas de los mártires, es el mayor cementerio judío del mundo.)
En poco más de cuatro años fueron "eliminados" más de un millón de judíos europeos, patriotas polacos, rusos, gitanos, testigos de Jehová y homosexuales.
El historiador Georges Bensoussan afirma: "En Auschwitz no solo se mató a individuos, también se mató a la muerte. Esta implica un proceso esencialmente humano, con un ritual muy fuerte y muy denso. Aquí ya no queda nada, ninguna huella: la propia muerte ha sido destruida...". Se "fabricaban cadáveres" que el mismo sistema se encargaba de "eliminar eficientemente".
El investigador italiano Enzo Traverso así expresa su visión del Holocausto o Shoá: "El genocidio judío es el único en que el exterminio de víctimas no era un medio, sino un fin en sí mismo".
Los nazis eran profundamente paganos, pero se valieron del antisemitismo latente cristiano para transformarlo en agresión. El profundo sentimiento antijudío que se expresó en Auschwitz, refleja siglos de odio; basados en una interpretación errónea de los Evangelios que equiparó al pueblo hebreo como supuestamente "deicida" (asesino de Dios). Recién en 1965 el Concilio Vaticano II desligó de responsabilidad a los judíos por la muerte de Jesucristo. El papa Juan Pablo II reafirmó que "el antisemitismo es un gran pecado contra la humanidad" y agregó que "Auschwitz no deja de amonestarnos".
Además de Auschwitz y otros campos, sabemos -por las nuevas investigaciones- que hubo fusilamientos masivos a sangre fría cometidos por los comandos de las SS (los Einsatzgruppen), con el apoyo de nazis locales. Entre 1941/1942, en el este de Europa asesinaron -según David Engel- cerca de 1.400.000 judíos. Nos preguntamos: ¿hubo sanción social por estos crímenes? No, después de la guerra solo veintidós jefes fueron juzgados. ¡No hubo arrepentimiento masivo!
La mayoría de los comandantes de estos grupos asesinos poseían estudios superiores -y un tercio, doctorados-. Raoul Hildberg señala que "los perpetradores eran hombres educados y de su tiempo". Es desolador el resultado de la educación sin premisas éticas, consecuencia de los conocimientos técnicos en manos de quienes no poseen valores humanos elementales.
Nos preguntamos: ¿Cómo prevenir nuevos Holocaustos? En nuestra época han aparecido partidos políticos nacionalistas y xenófobos. Urge enfatizar en la enseñanza del Holocausto/Shoá en pos del "¡nunca más!". Es necesaria la creación de una coraza que proteja a la humanidad contra la discriminación, el fanatismo y la intolerancia. Se impone definitivamente la ética de la solidaridad.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Una luna para dos Pascuas
¿Por qué la Pascua cristiana y la judía varían de año en año? ¿Por qué habitualmente se celebran a inicios o mediados de abril y este año se adelantan? ¿Por qué suele haber días en común (aunque no siempre) entre la Semana Santa y la semana de Pascua judía?
Con una sola palabra se contestan casi todas estas preguntas: se lo debemos al plenilunio. Desde antaño, la luna llena de poetas y enamorados constituyó también una orientación temporal. Simbólicamente, hoy la luna llena une ambas Pascuas. La Semana Santa contiene a la luna llena y la semana del Pésaj comienza habitualmente con esta luna.
Para calcular la fecha de la Pascua católica y protestante se toma el equinoccio del 21 de marzo y se busca la primera luna llena posterior. El Domingo de Pascua será el primer domingo siguiente a esa fecha. Este año la tempranera luna llena aparece el sábado 31 de marzo; el Domingo de Pascua será el 1°de abril. Así, la Semana Santa son los días que la preceden.
El vocablo "Pascua" proviene -a través del griego y del latín- del hebreo "Pésaj", nombre de la celebración pascual judaica. Si bien recuerdan hechos diferentes, tienen puntos en común. El padre Guillermo Marcó escribió alguna vez en este diario que la Pascua cristiana tiene raíces judías y que "no se trata de dos fiestas diferentes", sino de la "resignificación de la primera". Y afirmó que es probable que haya sido en el Pésaj la última cena de Jesucristo. Incluso que la hostia podría derivar de la "matzá" (pan ázimo elaborado solo con harina y agua que los judíos consumimos en Pésaj). El calendario hebreo es lunisolar. La semana de la Pascua hebrea comienza siempre el 15 del mes de Nisán, que generalmente coincide con la luna llena de marzo o abril (puede pasar a mediados de abril cuando hay un mes adicional compensatorio de la diferencia entre los doce meses lunares y los solares). Este año comienza al anochecer del viernes 30, casi con la luna llena.
¿Qué recuerda la Pascua hebrea o Pésaj? ¿Es solamente -como algunos creen- la fiesta de los panes ázimos? En el presente, ¿continúan celebrándola los judíos? La Pascua hebrea o Pésaj es quizá la fiesta religiosa más antigua de Occidente, pues se comenzó a festejar hace más de tres milenios. Pésaj recuerda la liberación de la esclavitud del pueblo de Israel en el Egipto de los faraones. En síntesis, se trata del nacimiento del pueblo hebreo. El generador de las ideas del monoteísmo ético, de la igualdad de los seres humanos ante el Creador, del respeto por el extranjero, del descanso semanal y de la solidaridad con el semejante. Esta festividad es mucho más que la evocación del pan ázimo; representa uno de los momentos fundantes en la historia humana que hoy se sigue celebrando como hace milenios.
"No conozco -escribió el poeta judío Beer Katzenelson- creación literaria capaz de educar mejor en el repudio de la esclavitud y el amor a la libertad que el relato de la servidumbre en Egipto y la liberación del pueblo judío. Y tampoco tengo conocimiento de tan larga memorización del pasado dirigida totalmente hacia el futuro, transformada toda ella en un simbolismo del presente y del porvenir, como es la recordación del éxodo de Egipto".
Gracias a esta temprana luna llena, cristianos y judíos celebran casi al mismo tiempo sus respectivas Pascuas y recuerdan los principios éticos universales enunciados hace ya milenios. ¡Felices Pascuas!
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Iom Kipur: un canto a la solidaridad
El pensador Giles Lipovetsky estudió la vida posmoderna y llegó a la conclusión de que hacia finales de la década del 50 se produce en la sociedad occidental la generalizada aceptación de la ética individualista y hedonista. El nuevo personaje de la posmodernidad es narcisista, consumista, irreverente, ávido de juventud, indiferente y apático. Idealiza el éxito, el placer y la felicidad egoísta. Este autor llama a la actual sociedad "la nada en tecnicolor".
Uno de los problemas de nuestra época es el exagerado individualismo y la falta de solidaridad. Últimamente, intelectuales como Lipovetsky, también Bourdieu y Dubet lo acaban de señalar enfáticamente. El Papa caracteriza nuestros días como los de la "globalización de la indiferencia". Justamente contra esta indolencia toma nuevas dimensiones el Iom Kipur (día de la expiación o borrado de las culpas), llamado vulgarmente Día del Perdón. Una festividad judía -la más sagrada del año- nacida hace tres milenios y que sigue teniendo plena vigencia. Este año se conmemora desde el martes 18 al atardecer hasta el anochecer el miércoles 19 de septiembre. Es una jornada de oración intensiva en la sinagoga.
El Iom Kipur no es un día aislado, sino que se inscribe en el marco más amplio de cuarenta días previos de reflexión y pedido de perdón por los errores cometidos. Moisés, el legislador bíblico, permaneció este mismo tiempo para conseguir el perdón divino. Según el texto (Éxodo XXXIV: 28): "Y estuvo allí con el Señor cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua". Así quedó reflejado el espíritu de constricción del gran legislador, el mismo que evocamos los judíos en estos días.
El sentido del ayuno del Iom Kipur no implica pasividad, sino, por el contrario, una actitud proactiva. Según el texto de Isaías (cap. 58), que se lee durante el rezo en la sinagoga, el ayuno debe tener un significado de activa solidaridad con los necesitados, los desvalidos y los desposeídos.
Es muy conocida la frase popular que dice que ni siquiera Dios puede cambiar el pasado. Pero se cuenta que hace unos años, el rabino Joseph Soloveichik sorprendió a sus alumnos cuando les dijo que "el ser humano es el único ser en la creación que tiene la capacidad de rectificar el pasado". Sus discípulos se quedaron atónitos. No podían creer lo que habían oído del maestro. Luego Sloveichik explicó sus palabras diciendo que la visión que tenemos sobre el pasado es absolutamente subjetiva. La intención de rectificar positivamente nuestras conductas éticas futuras modifica nuestra perspectiva del pasado. ¡Este es un camino que comienza con el Iom Kipur!
En esta jornada, el ser humano debe rendir cuenta ante sí mismo, ante sus semejantes y ante el Creador. Debe mirarse al espejo de sus actos sin maquillaje. De la sinceridad del arrepentimiento depende que sea inscripto y firmado en el simbólico Libro de la Vida. Es también un día para recordar a los fallecidos.
La solemne festividad concluye con el toque del shofar (cuerno de carnero). Este sonido primitivo es para despertar la conciencia, una especie de oración sin palabras. La palabra shofar tiene significativamente las mismas consonantes que la palabra hebrea shafor: perforar, aguijonear. Y casi las mismas que la palabra mejorar (shaper).
En síntesis, el Día del Perdón pone el comportamiento ético en el centro de la escena y está en abierta oposición al individualismo exagerado que nos quiere quitar nuestra dimensión humana.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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A 72 años del fin de Auschwitz.
El deber de la memoria
El filósofo Jean-François Lyotard elaboró una metáfora para referirse a lo que significó el Holocausto (o Shoá), uno de cuyos engranajes centrales lo constituyó Auschwitz: fue como un gigantesco terremoto que devastó ciudades enteras y personas, pero también destruyó los sismógrafos que podían medir su magnitud. Así nos advierte de la extrema dificultad para comprender este descenso al salvajismo. Al respecto, decía el historiador Ian Kershaw: "Frente a Auschwitz, la capacidad de explicación del historiador resulta insuficiente". El lenguaje sólo puede expresar una parcela de esta liberación de la bestialidad.
El 27 de enero de 1945, hace mañana 72 años, el ejército ruso entró en Auschwitz y liberó a los pocos prisioneros que quedaban en el campo. Ya habían sido asesinadas 1.100.000 personas, en su mayoría judías. Comenzó a conocerse ese día el más alto grado de inhumanidad que tuvo la humanidad. ¡Nuestro pasado más doloroso y pesado!
Los nazis comenzaron por tergiversar el lenguaje. Llamaban "solución final del problema judío" al plan de asesinato por gaseamiento; "emigrados", a los deportados; "trapos", a los cadáveres, etc. En un siniestro intento por metaforizar el crimen, los nazis decían que Auschwitz era un "campo de concentración". En realidad se trataba del mayor ejido preparado para el asesinato masivo, integrado por cámaras de gas, hornos, un complejo de fábricas de trabajo esclavo y experimentación médica con seres humanos vivos (Auschwitz; Auschwitz II o Birkenau; Auschwitz III o Monowitz). Como nunca antes en la historia se utilizaron los cuerpos productivamente: los cabellos, la piel y la grasa, incluso las cenizas de las víctimas.
La memoria no es el recuerdo individual; es una representación colectiva que tiene la humanidad de los recuerdos personales. La memoria es una construcción y esto depende de cada época y de cada sociedad. Auschwitz demandó varias décadas hasta que dejó de ser un lugar meramente geográfico para transformarse en un lieux de la memoire (lugar de conmemoración), según la expresión creada por Pierre Nora; es decir, uno de los espacios emblemáticos para la memoria colectiva.
Hay un antes y un después de Auschwitz, ya que hasta entonces la filosofía no había podido pensar una cuestión así. Rafael y Rena Moses (1986) se preguntaban: "¿Qué hay en los humanos que pudo dar origen al Holocausto? ¿Qué se puede hacer para evitar que se repita? Quizá no sea demasiado tarde para continuar con la búsqueda de respuestas".
Una respuesta la brindó Theodor Adorno: "La exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas en la educación". Alain Finkielkraut enfatiza: "La (sola) poesía de Goethe no impidió los siniestros logros de Hitler". Y en otra oportunidad señala: "Es imprescindible recordar para esterilizar el vientre que dio a luz a la terrible y horrenda bestia".
Concluye su libro Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz: "El fascismo es un cáncer que prolifera rápidamente, y su regreso nos amenaza. ¿Es mucho pedir que nos opongamos a él desde el principio?".
¿Cuál es nuestra función luego del Holocausto (Shoá)? Para el filósofo Edgar Morin está claro: "Debemos resistir a las formidables fuerzas de regresión y de muerte? Debemos prepararnos para nuevas opresiones... Resistir”.
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Auschwitz, recordar para que no se repita
Los nazis eligieron para realizar el mayor campo de la muerte de la historia humana un escondido lugar del sur de Polonia por ser una zona aislada, escasamente poblada, de fácil acceso ferroviario y que se podía camuflar. Le germanizaron el nombre, llamándolo Auschwitz. Allí y en los campos adyacentes se levantó también un complejo fabril con trabajo esclavo y un laboratorio de experimentación médica con seres humanos vivos. En Auschwitz-Birkenau fueron masacrados por lo menos 1.100.000 personas de toda edad, en su mayoría judíos; hubo también discapacitados, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, patriotas polacos y comunistas.
Nos señala el pensador Enzo Traverso: "Si bien Auschwitz era el más mortífero de los campos de exterminio, había más de un centenar de campos de concentración, y había guetos (Varsovia y otros) con centenares de miles de víctimas, más las masacres, más todas las formas de matanza imaginables o, mejor dicho, inimaginables". Esto es lo que históricamente se ha conocido como Holocausto (del griego, "entero quemado") o ahora se prefiere Shoá (del hebreo, "destrucción", "catástrofe", "devastación").
Historiadores y pensadores mantienen vivas las preguntas: ¿por qué la mayoría de las víctimas no contó inmediatamente lo ocurrido? ¿Los funcionarios medios que perpetraron la masacre eran todos sádicos o eran gente común llevada por una ideología perversa? ¿El Holocausto/Shoá es un producto de la civilización moderna o fue un carcinoma circunstancial que atacó el cuerpo social? ¿Estamos seguros de que no tendremos otros Auschwitz en el futuro?
Esbocemos algunas posibles respuestas: los nazis estaban seguros de que obtendrían la victoria final y de que nunca se sabrían los crímenes cometidos. Al respecto señala Daniel Rafecas (en su excelente libro Historia de la Solución Final): "Los perpetradores nazis les decían a los judíos cautivos en los campos de concentración: «Nadie quedará vivo para contarlo. Y si alguno logra escurrirse, cuando intente contar lo que vio, nadie creerá que semejante cosa pudo haber sucedido»". Por el intenso dolor del recuerdo, durante las primeras largas décadas no se animaban los sobrevivientes a dar ese tremendo testimonio. También prisionero de un campo, nos dice Jorge Semprún: "(El relato) no resultaba fácilmente creíble (...), incluso (era) inimaginable".
Entrando en la caracterización de los perpetradores, vemos que el historiador Raoul Hilberg plantea a sus lectores: "¿No estarían ustedes más contentos si se hubiera demostrado que todos los que lo hicieron estaban locos?"; y es elocuente su respuesta: "(Los perpetradores) fueron hombres educados y de su tiempo". La alienante propaganda nazi (según Omer Bartov) llevó a que se pudiera escuchar a Wag-ner, leer a Goethe y, en el mismo día, asesinar o facilitar que otro asesinara.
El pensador español Manuel Reyes Mate le da un contexto: "El Holocausto judío perpetrado por los nazis no fue la obra de un loco, sino el final de un proceso que compromete a lo mejor de la civilización occidental (?): ¿podemos pensar ya de espaldas a Auschwitz como si nada hubiera ocurrido?".
Según Daniel Rafecas, el Holocausto "ha significado un quiebre decisivo en la utopía del progreso civilizador; y, en efecto, se advierte que Auschwitz es un gran agujero negro en la modernidad".
Escribe el filósofo judío Emmanuel Levinas: "Jamás existimos en singular porque estamos relacionados con los seres y las cosas que nos rodean. Yo no soy el otro, pero no puedo ser sin el otro". Comprender y convivir con el otro es la mejor protección contra el racismo. Ad-vierte Claude Levi-Strauss que "nada indica que los prejuicios raciales disminuyan; y todo conduce a pensar que, luego de breves treguas locales, resurgen en otras partes con una intensidad mayor". Y, acertadamente escribe Elías Canetti: "La humanidad sólo está indefensa allí donde carece de memoria". Para que no se repitan genocidios, disponemos de dos potentes herramientas: la memoria y la educación.
Coincidimos con las conclusiones de Daniel Rafecas: "Está claro que la consolidación de los valores fundamentales de la humanidad, el mandato de evitar que Auschwitz se repita, sólo podrá lograrse preservando la memoria de lo acontecido, extrayendo las enseñanzas necesarias en todos los ámbitos del conocimiento humano y honrando a las víctimas de aquel horror. Todo ello, en exacta oposición a quienes relativizan, tergiversan o directamente niegan estos sucesos".
Sostiene Ian Kershaw que "el camino que va a Auschwitz se construyó con el odio, pero se pavimentó con la indiferencia". Juan Pablo II definió a Auschwitz como "el Gólgota de nuestro tiempo". Y Paul Valéry advierte: "La inhumanidad tiene un grandioso futuro".
Hoy recordamos los 70 años del final de Auschwitz y nos encontramos con casi los últimos sobrevivientes vivos. ¡Tenemos la última oportunidad para escuchar a las víctimas! ¡Debemos trabajar para que no haya un nuevo Gólgota!
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Auschwitz no deja de amonestarnos
Hace 69 años, el mundo se anotició del acontecimiento más monstruoso de la historia humana (así lo calificó el politólogo italiano Norberto Bobbio). A partir de la entrada de las tropas rusas a Auschwitz finalizó la máquina industrial de matar, el 27 de enero de 1945.
La sola pronunciación de este nombre sería fiel sinónimo de la más oscura noche de la historia . Vale precisar que se trató del más gran-de campo de la muerte. Fue a la vez campo de trabajo esclavo y de experimentación médica con seres humanos vivos. Existieron muchos más, en los que por los más crueles métodos se llevó a cabo la matanza sistemática de millones de judíos europeos, entre otras minorías, en un proceso conocido en la historia como Holocausto o Shoá (el significado original de estas palabras es distinto: "Holocausto" es una palabra griega y significa "sacrificio total por el fuego"; actualmente se utiliza, con mayor precisión, el vocablo hebreo "Shoá": aniquilación, catástrofe).
Sin lápidas, fue éste el más grande cementerio judío de todos los tiempos. También patriotas polacos y rusos, gitanos, testigos de Jehová, homosexuales y otras minorías padecieron el exterminio a manos de la invasora Alemania nazi.
A partir de ese ingreso de las tropas soviéticas, el mundo comenzaría a tomar conocimiento de la magnitud de la criminalidad nazi. Hubo más de un millón de asesinados sólo en Auschwitz y sus campos adyacentes (súmense varios campos más de exterminio): bebes, niños, jóvenes, ancianos, hombres y mujeres fueron asesinados en algo más de tres años.
Desde que ascendieron al poder en 1933, los nazis esperaron siete años para comenzar las matanzas masivas (1940). Desde antes y para facilitar sus objetivos fueron tergiversando el lenguaje: llamaban "insectos" a las supuestas "razas inferiores", "solución final" al genocidio, "emigrados" a los asesinados, "duchas" a las cámaras de gas, "kapos" a los colaboracionistas, "campos de concentración" a los campos de la muerte, "trapos" o "muñecos" a los cadáveres. Esto nos debe alertar hoy sobre el uso del lenguaje que emplean las dicta-duras, lo que Rainbach llama "la catástrofe de la palabra".
Así sintetiza su visión del Holocausto el investigador italiano Enzo Traverso: "El genocidio judío es único en la historia, por haber sido perpetrado con el objetivo de una remodelación biológica de la humanidad; el único en que el exterminio de víctimas no era un medio, sino un fin en sí mismo".
Para que no se repitan hechos como el Holocausto (Shoá) o genocidios contra cualquier minoría, disponemos de dos potentes herramientas: la educación y la memoria.
"La exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas las que hay que replantear en la educación", aseveró Theodor Adorno. Debemos entender la importancia de enseñar las consecuencias que trajo el Holocausto para que todos tomen conciencia y el mundo entero se proponga arribar también a la conclusión del "¡Nunca más!". Es el único modo de prevenir que no se repita semejante ataque a la civilización y a la convivencia humana.
Asimismo, el Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel -sobreviviente de Auschwitz- advierte que luego de semejante experiencia el mandato de la memoria incluye: "No olvidar; recordar; hacer recordar". En Buenos Aires, el Museo del Holocausto-Shoá (Montevideo 919) cumple con estos objetivos.
No se trata de un "pasado pasado", sino de un "pasado presente". Al punto que Giorgio Agamben afirma: "Auschwitz nunca ha dejado de existir". Y Wiesel agrega: "Hemos aprendido algunas lecciones: que todos somos responsables y que la indiferencia es un pecado que merece un castigo. Hemos aprendido que cuando la gente sufre, no podemos ser indiferentes".
Para Alain Finkielkraut, lo aberrante de la ideología nazi se expresa por el desprecio por el otro. "Sobre las ruinas de la conciencia quisieron [los nazis] implantar un hombre nuevo. Un hombre liberado del sentimiento de unidad de la especie humana, un hombre que, en nombre de la raza, repudiara la idea misma de humanidad y que, de esta manera, estuviera eximido de toda obligación para con las otras razas, para con los otros hombres..." Esta memoria activa nos exige una actitud alerta, en la que impere la responsabilidad solidaria para con todos los seres humanos.
Afirmaba Juan Pablo II: "Auschwitz no cesa de amonestarnos, aun en nuestros días, recordando que el antisemitismo es un gran pecado contra la humanidad".
Un 27 de enero el mundo recuperaba el rostro humano, malogrado en la fábrica del exterminio que significó Auschwitz (como los demás campos: Treblinka, Belzec, Majdanek, Chelmo, Sobibor, etcétera).
Para el sobreviviente Imre Kertesz, Premio Nobel de Literatura, después de Auschwitz "sólo queda resistir con palabras ciertas, sólo que-da la poesía". Justamente, queremos concluir esta nota recordando un fragmento de "Kaddish de un zapato roto", un hermoso poema de Antonio Requeni que evoca un zapato roto de un niño anónimo víctima de la Shoá: "Te contemplo/ lejos del tiempo y de las lágrimas/ en tu inocencia, náufrago. / Y quisiera ponerme de rodillas/ y pedirte perdón por estar vivo,/ porque en unos instantes saldré al mundo/ del sol y de los árboles, y acaso/ encuentre a un niño en mi camino,/ un niño rubio y sonriente/ con los zapatos nuevos”.
Mario E. Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Una luna para dos Pascuas
Este año debemos agradecer a la luna llena hoy, cuya luz ilumina días trascendentes para la cristiandad y también para el pueblo hebreo, que a partir de esta noche y hasta el domingo festeja el inicio del Pésaj o Pascua hebrea.
Seguramente, en estos días, en un mismo edificio de departamentos en Buenos Aires, ciudad de la convivencia, habrá vecinos que en puertas contiguas se desearán mutuamente ¡Felices Pascuas!, mientras degustan huevos y roscas de Pascua, en tanto otros comerán el pan ázimo o matzá y otras especialidades elaboradas sin levadura.
Se sabe que los últimos días de Jesucristo coincidieron con la Pascua hebrea. Incluso él mismo pidió a dos apóstoles que prepararan la cena de Pascua (Lucas 22,7-8). Lamentablemente, la convivencia actual no coincide con el devenir histórico, pues una incorrecta interpretación de los Evangelios generó durante siglos persecuciones a los judíos coincidentes con estas fechas. El Concilio Vaticano Segundo dejó definitivamente cerrado el tema del supuesto "deicidio" que pesaba sobre el pueblo judío cuando señaló, en 1965: "Lo que en su Pasión (de Jesucristo) se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy".
Nos preguntamos: ¿qué recuerda realmente la Pascua hebrea o Pésaj? ¿Es, meramente, como muchos creen, la fiesta de los panes ázimos o es mucho más? ¿Los judíos del siglo XXI continúan con esta antiquísima festividad?
Se trata, quizá, de la festividad religiosa más antigua de la historia de la humanidad, celebrada desde aproximada-mente 3200 años en forma continuada. Inicia cada año el 15 del mes hebreo de Nisán, habitualmente con la luna llena, en el mes de la primavera (en el hemisferio norte). La primera tuvo lugar en el propio Mizraim , Egipto, en la tierra donde el pueblo hebreo fue esclavo. La tierra del culto a los muertos en vez del culto a la vida. Los cabalistas han analizado el origen de esta palabra, Mizraim , y encontraron su relación con la palabra hebrea metzarim , "limitaciones", "angosturas", "estrecheces", "penas"; tal era la percepción de la vida hebrea en el país del Nilo. Por el contra-rio, la idea de la libertad nos remite a lo amplio, espacioso y vasto. Es, pues, en una primera acepción, una fiesta de la liberación que, con el paso de los siglos, se transformó en una festividad familiar, la más respetada hasta hoy.
En estos días, la Pascua hebrea llega para recordarnos el nacimiento del pueblo hebreo, generador de las ideas del monoteísmo ético, de igualdad de los seres humanos ante el Creador, del respeto por el extranjero, la viuda y el huérfano, del derecho al descanso semanal y de la obligación de solidaridad con los semejantes. Creencias que hoy, a través de las grandes religiones monoteístas (cristiana, musulmana y judía), representan los ideales de la fe religiosa -todavía muy lejos de ser alcanzados- de media humanidad.
Si leemos las recientes tristes noticias de la masacre de Toulouse, hoy estamos cada vez más alejados del "ama a tu prójimo" de las Escrituras (Levítico XIX, 18). Por todo esto, esta festividad es mucho más que la recordación del pan ázimo: representa la evocación de uno de los momentos fundacionales en la historia humana. La primavera de la historia. © La Nación
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Celebrar una feliz convivencia
Celebrar implica compartir con nuestros semejantes. Raramente se puede celebrar en soledad. Las reuniones de celebración generalmente unen a los amigos y a la familia, generan alegría grupal y se expresan buenos deseos hacia los que nos acompañan. Al res-pecto, este año el calendario parece querer darnos un mensaje de convivencia. Los judíos nos encontramos en la semana de la Festividad de las Luminarias (o Janucá) y los católicos y varias iglesias protestantes están a punto de entrar en las celebraciones mayores de la cristiandad: la Navidad y el Año Nuevo. Al anochecer del 24, al tiempo que los judíos encenderemos cinco luminarias del candelabro, los católicos iluminarán el árbol de Navidad hogareño. Ambas festividades tienen aspectos comunes.
Para la celebración de la festividad de Janucá, en estos días pueden verse gigantescos candelabros (de ocho brazos y uno adicional) en plazas de varias ciudades argentinas y en ciudades de 65 países. También, en lugares tan insólitos como el Cuzco o el Tíbet; un dato curioso: hubo encendidos de luminarias en el espacio exterior, cuando se hizo la ceremonia en el transbordador Challenger. Si bien Janucá data de hace más de dos milenios, las ceremonias públicas masivas son una creación de las últimas décadas.
Literalmente, Janucá significa "inauguración", "consagración" y recuerda un hecho ocurrido hace exactamente 2176 años: la histórica victoria de los macabeos contra el terrible rey grecosirio Antíoco Epífanes, que quería imponer el politeísmo.
La palabra hebrea Janucá tiene las mismas consonantes que jinuj (educación, en hebreo), porque la resistencia a la opresión debe también ser transmitida a través de la enseñanza a las nuevas generaciones. Janucá representa la lucha por mantener los propios valores en este mundo globalizado, que bajo la apariencia de pluralismo a menudo nos exige la uniformidad.
Según los investigadores, las dos festividades guardan similitudes en la forma de la celebración: la principal es la época del año en que se celebran, ambas están asociadas al número 25 (Janucá comienza el 25 del mes hebreo de Kislev y Navidad es el 25 de diciembre); los ocho días de duración de la hebrea y otros tantos de separación entre la Nochebuena y el Año Nuevo cristianos; el carácter de reunión familiar, los regalos para los más pequeños, la sugerencia de mostrar el símbolo de la festividad en lugar visible para que los demás lo puedan ver y, por sobre todos los detalles, la importancia otorgada al elemento luz. Debe tenerse en cuenta que estas festividades tuvieron su origen en el invierno del hemisferio norte, donde las noches son, en esta época, las más largas del año y la luz ad-quiere un significado difícil de entender en nuestros días de energía eléctrica.
Dice la tradición judaica que un haz de luz tiene el poder de disipar una enorme oscuridad. Los sucesos del Génesis hablan de la primera creación después de los cielos y la Tierra: la luz. Los cabalistas señalan que la palabra "luz" ( or ) es la 25» palabra de la Biblia (número asociado a la Janucá). Asimismo, en la visión profética la luz adquiere un carácter idealizado; de este modo, "la luz del sol será septuplicada como la luz de siete días" (Isaías XXX, 26). Y, de acuerdo con la Kabalá hebrea, el hombre guarda en sí una chispa de luz divina. Se podría decir que el mal continúa cuando somos apáticos y no hacemos un esfuerzo por iluminar el camino de nuestros semejantes.
Las celebraciones judías y cristianas de este mes de diciembre transmiten un mensaje: buscar lo mejor de nosotros mismos, hallar una feliz convivencia y mayor compromiso con el prójimo. ¡Felices celebraciones! © La Nacion
Mario Eduardo Cohen
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
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Israel en las palabras de Borges
27 de noviembre de 2023
La Nación
“Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente”, canta León Gieco, palabras muy apropiadas en estos momentos en que estamos angustiados todos los que valoramos la paz. En estos días vemos manifestaciones en las que se reivindican los justos derechos de los refugiados palestinos y simultáneamente se deslegitima el derecho de Israel a existir, todo ello unido a una escalada feroz del antisemitismo y el olvido del derecho a retornar a sus hogares de los rehenes secuestrados por el grupo terrorista Hamas.
Hay que recordar que Israel también es un país formado por refugiados: los de la barbarie nazi y los expulsados de los países árabes. Un detalle, en 75 años ha producido 13 premios Nobel. Este es un momento oportuno para reflexionar sobre lo que significa Israel en la cultura universal, a través de las palabras de Borges. En un reportaje señalaba: “Uno no puede imaginarse el mundo, uno no puede imaginarse la historia sin Israel. Sin Israel la historia sería distinta… Israel no solo es una idea necesaria para la civilización, es una idea indispensable. No podemos imaginar la cultura sin Israel”. Cabe recordar la valerosa actitud que tomó, hace poco más de medio siglo, durante la Guerra de los Seis Días, en una situación de peligro inminente para Israel. Los ejércitos de tres estados árabes se habían concentrado con amenazas tales como “vamos a echar a los judíos al mar”.
Cuando estalló la guerra, el 5 de junio de 1967, Borges confesó que la situación lo angustió profundamente, por lo que tomó una actitud valiente. En efecto, en la mañana del 7, cuando todavía no se vislumbraba el triunfo de Israel, Borges se presentó en la biblioteca de la Sociedad Hebraica Argentina –según lo comenta Bernardo Ezequiel Koremblit– “diciendo por todo saludo al entrar en el cuarto ‘¡Viva la patria!’... Vengo a pedir la hospitalidad de la revista Davar para un poema llamado ‘A Israel’”. Borges ya estaba ciego, todo lo que creaba lo tenía guardado en su pensamiento. A partir de ese momento conectaron el grabador y “con la voz emocionada, resistiéndose a sentarse, rechazando el café, comenzó a decir los estremecedores endecasílabos del célebre soneto” que finaliza así: “Salve, Israel, que guardas la muralla/ De Dios, en la pasión de tu batalla”.
Aquí no terminó la historia. Cuando finalizó la guerra, Borges se acercó a la casa de Koremblit para “pedirle” que publicara un nuevo poema llamado “Israel”, cuyos versos finales son los siguientes: “Un hombre lapidado, incendiado/ y ahogado en cámaras letales, /un hombre que se obstina en ser inmortal / y que ahora ha vuelto a la batalla, / a la violenta luz de la victoria, / hermoso como un león al mediodía”.
Para finalizar, recordemos los últimos versos del poema “Israel, 1969″ que hoy tienen plena vigencia: “Serás un israelí, serás un soldado. /Edificarás la patria con ciénagas; la levantarás con desiertos. / Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca. / Una cosa te prometemos:/ tu puesto en la batalla”. María Kodama luego recordó la pasión del gran escritor: “Lo que Borges escribió sobre Israel provoca una emoción casi física, que debe sentirse como la cercanía del mar o el amor de una mujer”. Borges era un gran pacifista. Si hubiera vivido en esta época, seguramente habría expresado, en este momento doloroso, un profundo deseo de paz entre árabes e israelíes. ¡Shalom! ¡Salam!
Presidente del Cidicsef
Mario Eduardo Cohen
https://www.lanacion.com.ar/opinion/israel-en-las-palabras-de-borges-nid27112023/
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¿Por qué Javier Milei citó a los Macabeos?
18 de diciembre de 2023
En el discurso inaugural, el presidente Javier Milei sorprendió con dos citas a la gesta de los Macabeos y a la festividad de Janucá. Trataremos de explicar en este artículo por qué las utilizó y cuál es su contexto.
Dijo en una parte de su disertación: “No es casualidad que esta inauguración presidencial ocurra durante la fiesta de Janucá, la fiesta de la luz, ya que la misma celebra la verdadera esencia de la libertad. La guerra de los Macabeos es el símbolo del triunfo de los débiles por sobre los poderosos, de los pocos por sobre los muchos, de la luz por sobre la oscuridad”.
La festividad hebrea de Janucá o de las Luminarias evoca la primera lucha por la libertad religiosa que se conoce en la historia de la humanidad. Un hecho acontecido hace casi veintidós siglos y que sigue teniendo vigencia, como una voz de alerta contra toda tiranía.
En estos días se recuerda la gesta de los Macabeos. Los judíos comandados por Iehuda o Judá Macabeo (y su familia) expulsaron al tirano rey grecosirio Antíoco IV Epífanes, que había pretendido imponer brutalmente las costumbres helénicas (incluso había colocado una estatua de Zeus en el Gran Templo).
Los Macabeos, con un pequeño ejército, recuperaron la independencia de Judea, restauraron el oficio del Templo y milagrosamente volvieron a encender el candelabro. En la historia de la humanidad han quedado como referentes de la valentía y la resistencia contra el poderoso opresor muy superior en número.
El historiador Flavio Josefo (siglo I) comenta el origen de la celebración: “Estaban [los hebreos] tan alegres al recuperar su libertad de culto, que hicieron ley para la posteridad el guardar esta festividad, en recuerdo de la restauración de su Templo de culto, durante ocho días. Y desde ese entonces y hasta ahora es que celebramos esta festividad, y la llamamos Luces”. Hoy esta celebración se denomina Janucá. El símbolo principal de Janucá es la luz. La luz nos iguala a todos. Cuando la luz irrumpe, la oscuridad desaparece; incluso la tenue luminosidad de una vela aleja mucha oscuridad. La luz es sinónimo de “sabiduría” y la oscuridad, de “ignorancia”.
Hoy vemos en muchísimas ciudades candelabros gigantes en recordación de la gesta de los Macabeos y de la luz. Gobernantes de todas las ideologías han encendido las velas de Janucá (entre muchos otros: Biden, Putin, el Rey Carlos III, Macron, Zelenski y, ahora, Milei).
En otro momento del discurso, Milei señaló que, dos años atrás, su partido tenía solo dos diputados. Cuando le dijeron que nada podían respecto a doscientos cincuenta y siete, así contestó: “La respuesta es una cita del Libro primero de Macabeos 3:19 que dice que la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo”.
Una curiosidad: ¿por qué el libro citado utiliza “las fuerzas del cielo” y no directamente “Dios”? Es que el autor del Libro de Macabeos era una persona religiosa que evitó nombrar en un libro histórico el nombre de Dios y lo hizo a través de “Señor” o “las fuerzas del cielo”.
Janucá es una festividad de la esperanza y de que los milagros son posibles. Milei cerró su alocución con la misma referencia bíblica: “Por lo tanto, Dios bendiga a los argentinos y que las fuerzas del cielo nos acompañen en este desafío”.
Presidente del Cidicsef
Mario Eduardo Cohen
https://www.lanacion.com.ar/opinion/por-que-javier-milei-cito-a-los-macabeos-nid18122023/
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Tiempo para repensar el tiempo
24 de enero de 2024
El 7 de octubre Israel sufrió una feroz agresión del grupo terrorista Hamas. En el terrible ataque asesinaron, violaron y secuestraron a civiles, atrocidades que nos recuerdan la época del Holocausto. Los hechos no son comparables en su dimensión, pero son similares en su crueldad. Mientras los nazis ocultaban sus atrocidades, Hamas las hizo públicas.
Justamente, en esta semana la humanidad recuerda la persecución y matanza de judíos por parte de la Alemania nazi, hechos conocidos en la historia como Holocausto o Shoá (en hebreo). Según el filósofo español Manuel Reyes Mate fue la época en que “la humanidad alcanzó su más alto grado de inhumanidad”. El mayor trauma de la historia. El 27 de enero de 1945 finalizó el martirio en Auschwitz, donde fueron masacradas alrededor de 1.100.000 personas, en su gran mayoría judías. También asesinaron a homosexuales, gitanos, discapacitados y disidentes polacos y rusos.
El historiador Raul Hilberg así refiere la “eficiencia asesina” del campo: “El recién llegado descendía del tren por la mañana, por la tarde su cadáver ya había sido quemado y sus ropas empaquetadas y expedidas a Alemania”. El campo de concentración también servía como base para el trabajo esclavo y la experimentación médica en seres humanos. Auschwitz -Birkenau fue el engranaje más grande en la política nazi de asesinato masivo, pero no el único. Por su crueldad mayúscula hoy la bibliografía también se centra en los grupos de tareas, Einsatzgruppen, que mataron a sangre fría y a quemarropa a 1.500.000 civiles desarmados.
¿Por qué recordar lo que ocurrió en la Shoá? Porque Auschwitz había sido armado para el olvido. Los nazis trataron de no dejar pruebas del crimen. Destruyeron los hornos crematorios, quemaron los archivos, ejecutaron a los Sonderkomandos. Pero las evidencias fueron de tal tamaño que fue imposible tapar la realidad. Nos quedaron los testimonios de los sobrevivientes y miles de tumbas de los mártires “cavadas en el aire”. El sobreviviente Primo Levi también se expresó contra el olvido: “Si morimos en silencio, como nuestros enemigos desean, el mundo no sabrá lo que el hombre ha sido capaz de hacer y lo que todavía puede hacer: el mundo no se conocerá a sí mismo.”
La recordación del Holocausto se inscribe en el “devoir de mémoire” (“deber de la memoria”), concepto acuñado en Francia hace tres décadas, que se refiere a la responsabilidad moral de los Estados de recordar el sufrimiento causado a ciertas poblaciones (en este caso, a los judíos y otras minorías). Afirmaba el papa Juan Pablo II: “Auschwitz no deja de amonestarnos, aún en nuestros días, recordando que el antisemitismo es un gran pecado contra la humanidad”.
El Holocausto mató a millones de judíos, pero no mató al antisemitismo. En este momento en que ha resurgido ferozmente en muchas partes del mundo, es necesario recordar las consecuencias del odio y la xenofobia. Parece que no hemos aprendido las enseñanzas del Holocausto. La memoria se construye en una categoría fundamental para pensar lo impensado. Según Reyes Mate: “Para que no se repita, hay que recordarlo, porque en ese recuerdo se juega el ser o no ser de la humanidad”. La tarea de hoy es fortalecer la memoria. No podemos permitir que el olvido y la indiferencia causen una segunda muerte de los mártires.
Presidente del Cidicsef
Mario Eduardo Cohen
https://www.lanacion.com.ar/opinion/tiempo-para-repensar-el-tiempo-nid20092023/
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Auschwitz, tumbas cavadas en el aire
A nadie le puede quedar duda de que Hamas es un grupo terrorista que pretende destruir al Estado judío. Pese a las amenazas, Israel vive y vivirá.
20 de septiembre de 2023
La Nación
Nos encontramos en el período llamado habitualmente como de las Altas Fiestas Judías, que comenzaron con el Rosh Hashaná (año nuevo hebreo y de recordación de la Creación) y van a llegar a su punto más alto el lunes 25 con el Iom Kipur (conocido como Día del Perdón).
Estas festividades son una oportunidad para repensar la vida por lo ocurrido en el pasado inmediato y el futuro. Permiten al ser humano revisar sus actos en relación con los demás seres, con la voluntad de mejorar, siendo que el futuro se construye necesariamente con la elaboración del pasado. Una oportunidad para mirarse al espejo sin maquillaje. Un llamado a volver a la solidaridad y en contra de la indiferencia con los que más sufren. Al respecto reflexionaba Emanuel Lévinas respecto de nuestra necesidad de con-vivir con el prójimo: “Yo no soy el otro pero no puedo ser sin el otro”.
¿Cuál es el significado profundo de estas antiguas festividades? Las Altas Fiestas Ju-días tienen un carácter universal porque convocan al sentido ético de la existencia humana, mientras que en su aspecto formal se manifiestan como una expresión particular del pueblo judío. Son celebraciones cuyo origen se remonta a un pasado muy remoto (unos 3000 años) a la vez que en el plano moral nos proyectan hacia un futuro más ético, transmitiéndonos su milenario mensaje ya que su lenguaje trasciende todos los tiempos. Son festividades cuyas premisas enriquecen la calidad de la vida, porque instan al ser humano a asumir con responsabilidad las acciones realizadas.
El llamado “Día del Perdón”, lejos de ser un día aislado, se inscribe en un ciclo más amplio de cuarenta días previos de reflexión. La tradición lo asoció con los mismos cuarenta días que pasó Moisés en el Monte Sinaí orando por los pecados cometidos por su pueblo.
Las Altas Fiestas representan la época ideal para la realización de un balance del mayor capital que tiene cada ser humano: la vida. Un momento de re unión, de religión en el sentido original del latín: religare (volver a ligar). Un momento para volver a reflexionar sobre el sentido de la existencia, un tiempo para repensar “el tiempo”.
Escribió el genial Jorge Luís Borges respecto al misterio del tiempo: “Repetidas veces me dije que no hay otro enigma que el tiempo, esa infinita urdimbre del ayer, del hoy, del porvenir, del siempre y del nunca” (El libro de arena). Justamente en estos días que recordamos la Creación del Universo está implícita la idea del comienzo de los tiempos.
“¿Cabría preguntarse cuál es en el mundo de hoy el sentido del tiempo?”, se cuestionaba el rabino Abraham I. Heschel, y se contestaba: “La civilización técnica es la conquista del espacio material por el hombre. Es un triunfo frecuentemente logrado mediante el sacrificio de uno de los ingredientes esenciales de la existencia: el tiempo... Pero ‘tener más’ no significa ‘ser más’. Parafraseando a Heschel, acotamos que durante las Altas Fiestas: “somos llamados a participar en lo que hay de eterno en el tiempo y pasar de los resultados de la Creación al misterio de la Creación, del mundo de la Creación a la Creación del mundo “.
La pausa que imponen estas festividades nos sugieren pensar en dos dimensiones trascendentes que tienen validez universal, una de ellas es el tiempo (de nuestra existencia) y la otra es el espacio (en relación con nuestro prójimo).ß
Mario Eduardo Cohen es Presidente del CIDICSEF (Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí)
https://www.lanacion.com.ar/opinion/auschwitz-tumbas-cavadas-en-el-aire-nid24012024
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Pésaj, un llamado a recuperar la memoria
La nación. 22 de abril de 2024
En nuestra época vivimos aturdidos por la gran cantidad de información. Nuestra memoria diaria se encuentra almacenada en dispositivos artificiales. Estamos perdiendo una de nuestras capacidades humanas: la de memorizar y recordar. Justamente la Biblia hebrea pone énfasis en no perder esta facultad, repite “recordarás” (“zajor”) en más de cien oportunidades.
Este año, en forma tardía respecto a las fechas habituales, desde este lunes a la noche, los judíos “recordaremos”, durante la semana de la Pascua hebrea (Pésaj), un acontecimiento que ocurrió hace “apenas” 3.300 años. Se trató de la rebelión de los esclavos en Egipto, bajo el liderazgo de Moisés. Este hecho devino el nacimiento del pueblo hebreo libre, generador de las ideas de igualdad de los seres humanos ante el Creador, del respeto por el extranjero, la viuda y el huérfano, del derecho al descanso semanal y la obligación de solidaridad total con nuestros semejantes. Creencias que hoy, a través de las grandes religiones monoteístas (cristiana, musulmana y judía), representan los ideales de la fe religiosa de media humanidad, todavía muy lejos de ser alcanzados.
En la festividad del Pésaj las mujeres tuvieron y tienen protagonismo. Es poco recordado que el nacimiento y la existencia del libertador del pueblo hebreo, Moisés, ocurrió gracias a cinco mujeres. La Biblia nos relata que dos parteras (Shifrá y Puá) se negaron a cumplir la orden del faraón de no dejar nacer a niños varones hebreos. Una vez nacido Moisés, su madre (Iojebet), para salvarlo de la orden del faraón, lo colocó en una cesta en el río. Miriam (la hermana mayor de Moisés) lo custodió. La hija del faraón (Bitiá) lo encontró en el río, tuvo compasión del bebé y lo tomó como propio. Hasta aquí las mujeres fueron las únicas protagonistas. Luego vendrá la historia de la liberación del pueblo hebreo que recordamos en estas fechas.
Hasta hoy, la Pascua hebrea, llamada también “Fiesta de nuestra liberación”, es de una de las festividades más respetadas. El hogar se transforma en un templo. Y es la mujer la que enciende las velas para dar inicio a la celebración.
La festividad tiene su centro en una reunión familiar para “contarles a tus hijos que fuimos esclavos” y que, por lo tanto, sabemos de su dolor y cómo se luchó para conseguir la libertad, que siempre debe defenderse.
Son numerosos los elementos simbólicos de la festividad: el pan sin levadura (en hebreo, “matzá”) porque no hubo tiempo de que leudara, al momento de salir de Egipto. Las verduras amargas (en hebreo, “maror”) evocan la angustia y representan también el compromiso con el sufrimiento del otro.
La Pascua hebrea nos sirve para “recordar” el apego a valores universales inmutables, como el amor familiar, la lucha por la libertad, la solidaridad con el prójimo, el respeto por el extranjero y la convivencia. Nos transmite su milenario mensaje porque su lenguaje es el de todos los tiempos. Es un llamado a recuperar la memoria.
Revivimos, entonces, los hechos del pasado sin olvidar el presente. Hoy debemos unirnos en un ruego universal por la paz en el Medio Oriente y el pronto retorno con vida de los rehenes.
Cerramos con las evocadoras palabras del poeta Moacyr Scliar: “Recordamos el desamparo de los oprimidos frente a la arrogancia de los poderosos./ Recordamos con alivio: es el pasado/ Recordamos con tristeza: es el presente. /Todavía existen faraones: todavía existen esclavos”.
Por Mario Eduardo Cohen
https://www.lanacion.com.ar/opinion/pesaj-un-llamado-a-recuperar-la-memoria-nid22042024/
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El Iom Kipur del dolor
La Nación. 11 de octubre de 2024
Hace pocos días se cumplió un año del terrible pogromo del 7 de octubre. Este fue el más grave acto antisemita y antiisraelí desde el Holocausto. Desde entonces el dolor no deja de crecer. Todas las jornadas hay muertos y heridos en Medio Oriente. Un centenar de personas (entre ellas, varios argentinos) siguen secuestradas por el terrorismo. Solo nos queda rogar por la paz total y el retorno de los rehenes.
En este clima tenso estamos a las puertas de la conmemoración más solemne del calendario hebreo, la cual comienza hoy, al atardecer. Se trata de Iom Kipur (Día de la Expiación o más conocido como Día del Perdón). Esta jornada viene precedida de cuarenta días de preparación que representan los cuarenta días de oraciones con las que Moisés obtuvo el perdón divino.
Hace pocos días se cumplió un año del terrible pogromo del 7 de octubre. Este fue el más grave acto antisemita y antiisraelí desde el Holocausto. Desde entonces el dolor no deja de crecer. Todas las jornadas hay muertos y heridos en Medio Oriente. Un centenar de personas (entre ellas, varios argentinos) siguen secuestradas por el terrorismo. Solo nos queda rogar por la paz total y el retorno de los rehenes.
En este clima tenso estamos a las puertas de la conmemoración más solemne del calendario hebreo, la cual comienza hoy, al atardecer. Se trata de Iom Kipur (Día de la Expiación o más conocido como Día del Perdón). Esta jornada viene precedida de cuarenta días de preparación que representan los cuarenta días de oraciones con las que Moisés obtuvo el perdón divino.
La palabra Kipur deriva del verbo hebreo lejaper, que significa “mejorar”, “perdonar”, “reparar”. ¿Cómo es posible que plegarias y oraciones que datan de hasta tres milenios de antigüedad, escritas en contextos tan diferentes, puedan conmover al ser humano moderno? Se debe a que, en gran medida, interpretan el alma humana, prácticamente inalterable en el tiempo.
El rabino Iosef Carlebach enumeró tres razones que permitieron la trascendencia en el tiempo de Iom Kipur: la naturaleza pública del Iom Kipur (asisten todos a la sinagoga, tanto los justos como los transgresores, en oraciones en común y rezos a la memoria de los fallecidos); la particular relación de comunicación con el Creador; el efecto de alivio que la confesión produce en el alma.
Iom Kipur es uno de los momentos en que uno se vuelve a “sí mismo”. Es enfrentarse al espejo sin maquillaje. Por un día los seres humanos y los ángeles son iguales. El precepto bíblico “afligiréis vuestras almas” se interpretó como un ayuno completo y la abstención de todo placer físico durante el Día del Perdón. El sentido del ayuno no implica pasividad, sino, por el contrario, una actitud proactiva de solidaridad con los necesitados, los desvalidos y los desposeídos.
Albert Einstein expresó en su libro Este es mi pueblo: “En el judaísmo está claro que ‘servir a Dios’ fue equiparado a ‘servir a los seres humanos’”. En efecto, en la tradición hebrea se valora en gran medida el compromiso con el prójimo. Según la creencia judía, en Iom Kipur se decide o no la inscripción en el Libro de la Vida celestial, para el año siguiente. Por ese motivo, se transmite el saludo “Jatimá tová”, que significa “Buena firma”.
Fuera de la tradición, una interesante parábola indica que, quizás, el Libro de la Vida está también en los ojos de nuestros hijos. En ellos reflejamos todas nuestras virtudes y miserias. Allí queda todo inscripto y guardado. En la medida en que podamos mostrarnos como un buen ejemplo, hemos de trascender a través de ellos.
Sigmund Freud señalaba que el judío piadoso agradece al Creador en cada momento de la vida. La vorágine actual nos ha hecho tan engreídos que nos hemos olvidado de agradecer el milagro de la vida misma. Iom Kipur es un buen momento para hacerlo y además recordar el compromiso con nuestros semejantes.
Cerramos con un mismo deseo de shalom (en hebreo) salam (en árabe) y paz (en español).
Presidente del Cidicsef
Por Mario Eduardo Cohen
https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-iom-kipur-del-dolor-nid11102024/
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Celebración de cristianos y judíos
La Nación. 20 de diciembre de 2024
Este 25 de diciembre, mientras los católicos y evangélicos estén celebrando el nacimiento de Jesucristo, los judíos comenzaremos, al anochecer, el encendido de la primera luminaria del candelabro de Janucá, y la noche del 1º de enero encenderemos las ocho candelarias.
Este año se da una total coincidencia en el tiempo, lo que raramente ocurre. En Buenos Aires y en muchas ciudades del mundo convivirán esta semana gigantescos árboles de Navidad con enormes candelabros de Janucá. Y, quizás, en ventanas contiguas, en cualquier barrio, se asomen pinos navideños y candelabros judaicos. ¡Todo un símbolo de convivencia!
Si bien el significado de cada una de estas festividades es totalmente diferente, los investigadores han observado que tienen elementos en común: su carácter alegre, los regalos a los niños, las reuniones familiares y la alta importancia que se le da a la luz. Para comprender la relevancia de estos dos últimos factores debemos ubicarnos en el invierno del hemisferio norte, donde nacieron estas festividades antes de la iluminación eléctrica. Las larguísimas noches frías de diciembre eran propicias para las reuniones familiares, que, en este contexto, valoraban la alegría de la luz.
¿Qué evoca la festividad de Janucá? Se trata de la primera guerra de la historia por conseguir la libertad religiosa. Recuerda el levantamiento de los valientes macabeos contra la tiranía grecosiria, encabezada por Antíoco Epífanes, que quería helenizar por la fuerza a los judíos. Incluso había colocado una estatua de Zeus en el Templo de Jerusalén. Luego de tres años de luchas, en el año -164 se reconquistó la independencia y pudieron restaurar el Templo. Entonces se produjo el llamado “milagro de Janucá”: el aceite del candelabro que servía para un solo día alcanzó para ocho. Janucá significa, justamente, “inauguración” o “consagración”.
Hoy, además del encendido diario de las luminarias, la milagrosa duración del aceite se recuerda con distintas frituras que se consumen durante la celebración. También es una costumbre que los niños jueguen con una perinola cuyas letras hebreas recuerdan el milagro.
Volviendo a la historia, el coraje de los macabeos tuvo su correlato en la entereza de dos mujeres: Janá (Salomé, para los cristianos), quien vio morir a sus siete hijos por no apostatar de sus creencias, y Judith, quien sedujo y finalmente mató al comandante Holofernes. La valentía se mostró también en tiempos modernos, cuando en los campos de concentración los judíos desafiaron a los nazis prendiendo sus modestos candelabros. Incluso la familia de Ana Frank, en su escondite, decidió hacerse regalos y encender las velas (aunque fuera por diez minutos).
En estos últimos años se han encendido candelabros de Janucá en lugares inimaginables, como en el Everest a 6000 metros de altura, en la estación espacial internacional a 400.000 metros de la Tierra, en la Antártida, en Machu Picchu y hasta en el Vaticano. Estas iniciativas demuestran la determinación de los judíos de celebrar las festividades en cualquier lugar del mundo. Cada encendido es un triunfo póstumo contra Antíoco y los tiranos. En este sentido, Theodor Herzl preconizó la célebre frase: “Y resurgirán los macabeos”. Para finalizar, expresamos los habituales saludos de estas festividades: “¡feliz Janucá!, ¡feliz Navidad!”, y reiteramos el ruego por la paz en Medio Oriente y el pronto regreso de los secuestrados a sus casas.
Presidente del Cidicsef
Por Mario Eduardo Cohen
https://www.lanacion.com.ar/opinion/celebracion-de-cristianos-y-judios-nid20122024/
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Auschwitz: la indiferencia colectiva mata
La Nación. 27 de enero de 2025
¿Puede una bebé haber sufrido muchísimo más que su abuela? El poema “Canción al pueblo judío asesinado” describe lo que le pasaba a esta bebé durante el Holocausto: “Yo la miraba, yo observaba/ a esa niñita de dos años, a esa viejecita/ a esa abuelita./ Cien años de edad tenía esa nenita judía,/ su serenidad, su enorme pena./ Lo que esa abuela no había visto en sueños siquiera,/ lo había visto en la realidad esta niña”.
Esta poesía fue escrita por el poeta Itzjok Katzenelson, asesinado en Auschwitz.
Hoy es un buen momento para recordar y hacer algunas reflexiones sobre el Holocausto (o Shoá). Justamente estamos conmemorando el 80° aniversario de la liberación de Auschwitz con la entrada de las tropas soviéticas. Primo Levi denominó a este campo de exterminio “la capital del imperio de los campos de concentración”. Allí, en poco más de tres años fueron masacradas más de 1.100.000 personas, en su gran mayoría judíos, pero también homosexuales, patriotas polacos y rusos, gitanos y testigos de Jehová.
¿Cómo medir el descenso al salvajismo que representó el Holocausto, uno de cuyos engranajes centrales fue Auschwitz? El filósofo Jean-François Lyotard señaló que el Holocausto fue como un gigantesco terremoto que también destruyó los sismógrafos que podían medir su magnitud. Al respecto, decía el historiador Ian Kershaw: “Frente a Auschwitz, la capacidad de explicación del historiador resulta insuficiente”. El lenguaje solo puede expresar una parcela de esta bestialidad. La misma crueldad que, salvando las distancias, repitió el grupo terrorista Hamas en el fatídico 7 de octubre de 2023.
Según José Menascé, Auschwitz se caracterizaba por la continua mentira. Las víctimas suponían que iban a los campos a trabajar o que se dirigían a salas de duchas higiénicas, cuando en realidad iban a cámaras de gas.
Respecto del Holocausto expresó el papa Francisco: “Recordar es expresión de humanidad, recordar es señal de civismo, recordar es condición para un futuro mejor de paz y fraternidad, recordar es también tener cuidado para que estas cosas no vuelvan a suceder”.
Debemos “recordar” en el sentido etimológico de la palabra, es decir, “volver a pasar por el corazón”.
Advierte Claude Levi-Strauss que “nada indica que los prejuicios raciales disminuyan; y todo conduce a pensar que, luego de breves treguas locales, resurgen en otras partes con una intensidad mayor”. Justamente hemos vivido durante los años 2023 y 2024 un grave resurgir del antisemitismo y del racismo. Un lamentable olvido de lo ocurrido hace ocho décadas. Nadie se puede mantener indiferente.
Volviendo al pasado, sostiene Ian Kershaw: “El camino que va a Auschwitz se construyó con el odio, pero se pavimentó con la indiferencia”. Complementa esta reflexión el historiador Yehudá Bauer, quien enunció tres nuevos mandamientos que tenemos los seres humanos luego de la Shoá: “No serás una víctima. No serás un perpetrador. No serás un espectador”. Agrega Elie Wiesel: “Hemos aprendido algunas lecciones: que todos somos responsables y que la indiferencia es un pecado y merece un castigo. Hemos aprendido que cuando la gente sufre no podemos ser indiferentes”. En palabras de Hannah Arendt: “El mal no siempre viene de grandes actos, sino de la indiferencia colectiva”.
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (Cidicsef)
Por Mario Eduardo Cohen
https://www.lanacion.com.ar/opinion/auschwitz-la-indiferencia-colectiva-mata-nid27012025/
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Auschwitz. Memoria activa a 79 años del genocidio
20 de febrero de 2024
EL 27 de enero se recuerda el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. El tema merece una reflexión ya que no se trata de un pasado pasado sino pasado presente. Hoy el antisemitismo ha recrudecido con una virulencia que se nos hace recordar épocas ya superadas.
Lamentablemente, los fanatismos son aún más extremos y el riesgo de que vuelva a ocurrir un genocidio de la magnitud del Holocausto crece cada día.
Hace 79 años finalizaba la pesadilla de la noche más oscura de la historia, en Auschwitz-Birkenau. Fueron diezmadas 1.100.000 personas. Para el historiador Henry Feingold “Auschwitz fue también una expresión del moderno sistema fabril. En lugar de producir mercaderías, utilizaba seres humanos como materia prima y obtenía la muerte como producto final”.
Se preguntan los historiadores si el Holocausto, en que fueron asesinados seis millos de judíos, fue una locura momentánea en la historia. Para Zygmunt Bauman la civilización moderna tuvo un rol activo en el desencadenamiento y ejecución. Se seguían altos cánones de eficiencia, precisión, pericia, orden, economía del gasto, etc. Todos estos valores que nuestra sociedad privilegia.
En otra época se pensaba que los funcionarios de la destrucción eran sádicos, brutales por naturaleza, anormales fanáticos y que tenían taras mentales. Lamentablemente no fue así. El historiador Raoul Hilberg se plantea: “¿No estarían ustedes más contentos si hubiera logrado demostrar que todos los perpetradores estaban locos?” y llega a la desconcertante conclusión de que los autores de las masacres: “Fueron hombres educados y de su tiempo”.
El nazismo propugnaba un hombre nuevo autoritario, impiadoso, y sin responsabilidad para con los otros seres humanos. Y Auschwitz era apenas un engranaje dentro del sistema masivo de aniquilación de judíos, conocido como Holocausto o, preferentemente, Shoá (también fueron asesinados patriotas rusos y polacos, homosexuales y gitanos, etc.). En los últimos años se ha estudiado otra forma de genocidio. Se trata de los grupos paramilitares nazis (los Einsatzgruppen) que entraron en 1941 en la Unión Soviética con el avance del ejército. Estos grupos eran unas 3000 personas fusilaron y masacraron a casi un millón y medio de judíos. Esta matanza no pudo realizarse sin la colaboración de millares de colaboracionistas y la indiferencia del mundo.
La actual población mundial desconoce, por haber nacido mucho después, lo ocurrido en Auschwitz. Tenemos la obligación de no olvidar, recordar y de hacer recordar. Si el género humano permitió este suceso una vez… ¡puede volver a repetirse!
Para que no se repita contra ninguna minoría, debemos crear una cultura de la memoria y la educación; dirigida al respeto por el otro, por el diferente. Esta memoria activa nos exige una actitud alerta, donde impere la responsabilidad solidaria con todos los seres humanos.
El Papa Francisco esta semana señaló el deber de la memoria. "el recuerdo y la condena de aquel horrible exterminio de millones de judíos y personas de otras confesiones ayude a todos a no olvidar que la lógica del odio y la violencia nunca puede justificarse porque niegan nuestra propia humanidad". Ya habría expresado, en otros tiempos: “La raza pura, el ser superior, son los ídolos sobre la base de los que se conformó el nazismo… cada judío que se mataba era una bofetada a Dios vivo en nombre los ídolos”.
(*) Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
Mario Eduardo Cohen
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Festividades que llaman a valorar la vida
16 de abril de 2022
La Argentina es una tierra de con-vivencia (es decir de “vivir con”), donde desde hace ya un siglo y medio residen, en armonía, todas las creencias religiosas. Además, existen varias instituciones de confraternidad entre los diversos credos, que son ejemplos para el mundo. Para que esa armonía continúe es necesario el conocimiento de las costumbres de cada fe y sus puntos de coincidencia.
Posiblemente este fin de semana en algún edificio haya vecinos que en puertas contiguas se reúnan con sus familias. Algunos cenarán con pan ácimo (sin levadura), por ser judíos; los cristianos degustarán huevos y roscas de Pascua, y los musulmanes estarán esperando el anochecer para merendar. Las fases de la luna de este mes generan que las tres religiones monoteístas se encuentren en alguna de sus principales festividades o conmemoraciones.
En efecto, desde el 2 de abril, los musulmanes se hallan en el mes lunar de Ramadán, que recuerda la época en fue revelado el Corán al profeta Muhammad. Es un mes de ayuno (durante las horas del sol), oración, caridad y reflexión. El calendario del Islam es lunar, por lo que el Ramadán va rotando durante el año solar y coincide con las Pascuas cada tres décadas.
Por otra parte, los católicos y los evangélicos van a conmemorar uno de sus días más sagrados. Se trata de la crucifixión y luego la resurrección de Jesucristo, momento inaugural y central de la fe cristiana. Como es sabido, los días más trascendentes son el Viernes Santo, el Sábado Santo y el Domingo de Gloria. El domingo pascual de la Iglesia ortodoxa será el 24 de abril. Y en el anochecer del viernes se iniciará la semana de Pésaj o Pascua judía.
La misma luna llena del 16 de abril genera ambas festividades y posee un significado más que simbólico. Pésaj es la fiesta de la libertad. Se trata, quizá, de la celebración religiosa más antigua de la humanidad. Evoca el éxodo de Egipto del pueblo de Israel bajo el liderazgo de Moisés, acontecimiento fundacional en la historia de la humanidad. Es el nacimiento del pueblo hebreo, generador de las ideas del monoteísmo ético, base de las religiones reveladas y enraizadas hoy en media humanidad.
A lo largo de los siglos también se interrelaciona ron estas confesiones. Hay estudiosos que refieren las coincidencias entre la cuaresma de las iglesias orientales con el Ramadán. Señala la investigadora Cristina de la Puente: “Los propios musulmanes hacen remontar la costumbre del ayuno a la imitación de las costumbres judías” (en referencia a Iom Kipur).
La palabra “Pascua” proviene del latín y deriva del término hebreo “Pésaj”. Como es conocido, los últimos días de Jesucristo coincidieron con la celebración de Pésaj. Las tres religiones tienen costumbres comunes en estas festividades: algunas restricciones alimentarias y comidas típicas, oraciones intensivas, las reuniones familiares y el deber de caridad para con el pobre y el desvalido. Las tres conmemoraciones miden su origen en milenios. El hecho de que se hayan transmitido a través de las generaciones nos indica que apelan al sentimiento humano de todos los tiempos.
En esta época en que estamos presenciando una cruel guerra, las autoridades de las tres religiones monoteístas deberían hacer un rotundo llamado para la paz. Simbólicamente las fases de la luna de abril nos convocan a una profunda reflexión. Las tres festividades nos llaman a valorar la vida como el bien supremo, a volver a la ética de la solidaridad y a tener un fuerte compromiso con el prójimo. Lectores: en estos días pueden saludar a los cristianos con un “¡Felices Pascuas!”, a los judíos con un “¡Jag sameaj” y a los musulmanes con un “¡Ramadán mubarak!”.
Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí
Mario Eduardo Cohen
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El antisemitismo muta como los virus
Lo primero que llama la atención es que es el único racismo que tiene nombre propio en todos los idiomas occidentales.
29/08/2022
Cuál es pensamiento de los investigadores actuales sobre el antisemitismo y su evolución? ¿Después del Auschwitz, hay lugar para el antisemitismo? ¿Sigue siendo una preocupación actual?
Una gran parte de las respuestas a estas preguntas la da la excelente serie documental “Una historia del antisemitismo”, dirigida por Jonathan Hayoun y presentada durante dos meses por la Deutsche Welle (DW), la agencia estatal alemana de noticias. La serie se ocupa de analizar el origen de todos estos prejuicios. Recorre desde el pogromo de año 38, en Alejandría, hasta la actualidad.
Lo primero que llama la atención es que el único racismo que tiene nombre propio en todos los idiomas occidentales es el antisemitismo. No existe una palabra para expresar el odio a los negros, a los aborígenes, a los gitanos y a tantos otros grupos discriminados.
El individuo antijudío siempre encontrará razones para odiar. Lo decía sabiamente Ernesto Sábato, en Apologías y rechazos (1979): “El antisemita dirá sucesivamente -y aun simultáneamente- que el judío es banquero y bolchevique, avaro y dispendioso, limitado en su gueto y metido en todas partes. Es claro que, en esas condiciones, el judío no tiene escapatoria: cualquier cosa que diga, haga o piense caerá en la jurisdicción del antisemitismo”.
En la serie, Joël Kotek, de la Universidad de Bruselas, en el mismo sentido, hace una interesante distinción: mientras que en la Edad Media el anti judaísmo era hostilidad hacia los judíos por sus costumbres y creencias, es decir “por lo que eran”, el antisemitismo actual es el odio al judío “por lo que no es”, por lo que está solamente en el imaginario del individuo racista.
En el documental se informan detalladamente sobre las leyendas de supuestos crímenes rituales, el sacrilegio de la hostia, etc., que fueron entrando en las ideologías de masas iletradas europeas, durante siglos. La suma de todas estas inculpaciones pavimentó el camino hacia el Holocausto (Shoá) e incluso pogromos posteriores.
La peor de todas las acusaciones contra los judíos de todos los tiempos es haber supuestamente llevado a Jesús a la cruz (método romano de ajusticiamiento), lo que constituiría para el populacho un crimen de “lesa divinidad” (si se me permite el neologismo). Es recién con el Concilio Vaticano II de 1965 (veinte años después del Holocausto), cuando la Iglesia declara que “no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos”. Luego, varios papas se expresaron fuertemente contra el odio a los judíos.
Los especialistas, entrevistados en la serie, remarcan que no es necesario que haya judíos para que haya antisemitismo. Entre los siglos XVI y XVIII casi no hubo judíos en la Europa Occidental cristiana y, sin embargo, continuaron los panfletos antisemitas. Luego, con la Emancipación (siglos XIX y XX) la agresión contra los judíos llegó a su máxima expresión.
Una posible conclusión es que antisemitismo va mutando como los virus. En una primera época era un rechazo religioso, luego mutó hacia lo biológico (sangre, nariz o cráneo judío) y más tarde, pasó de un supuesto complot local a un complot económico judío mundial.
Hoy el prejuicio ha encontrado un aliado en el anonimato de las redes sociales y suele estar disfrazado de anti-sionismo. En síntesis, le pedimos a la DW vuelva a poner en Internet esta serie La misma nos revela que el antisemitismo es aún una grave enfermedad de la sociedad occidental y requiere una cura inmediata.
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El Holocausto dado vuelta
Las declaraciones desconcertantes del canciller ruso Serguéi Lavrov causan estupor y preocupación.
05/05/2022
En una entrevista con el canal de noticias italiano (propiedad de la familia Berlusconi), se le preguntó al canciller ruso, Serguéi Lavrov, cómo podía afirmar que intentaba “desnazificar” a Ucrania, si Volodímir Zelensky, el presidente del país, es judío. Lavrov contestó: “¿Y qué si Zelensky es judío? El hecho no niega los elementos nazis en Ucrania”. Hasta aquí la respuesta era coherente con los puntos de vista sostenidos por Rusia durante esta guerra.
Lavrov luego avanzó a un terreno agresivo que se acerca a la banalización del Holocausto nazi: “Quizás Hitler también era de origen judío, esto no significa absolutamente nada”.
Y por si fuera poco, amplió aún más sus desconcertantes declaraciones: “Hace mucho que escuchamos a los sabios judíos decir que los mayores antisemitas eran judíos”.
Estas afirmaciones, hechas por la máxima autoridad en materia de relaciones exteriores de una potencia como Rusia, causaron honda preocupación entre los sobrevivientes del Holocausto y entre los líderes de países democráticos de todo el mundo.
Lavrov repite, ante una audiencia masiva, estas teorías ridículas y descabelladas. Supone, sin fundamento alguno, que el mayor antisemita de la historia humana, Adolfo Hitler, tenía sangre judía y fuera de toda lógica habría actuado contra su propio pueblo. Implícitamente exculpa a todos los nazis de los más horrendos crímenes de los que se haya tenido conocimiento.
Llevado al extremo, siguiendo la lógica absurda de Lavrov, algunos podrían considerar que los judíos son sus propios asesinos.
Las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de Rusia también fueron inoportunas, ocurrieron tan solo tres días después del Día del Recuerdo del Holocausto, el Iom Hashoá, una de las fechas más solemnes del calendario judío.
Hay que repetirlo una y mil veces que fueron solo y únicamente los nazis los que llevaron a los campos de la muerte a judíos y otras minorías. Auschwitz, Treblinka, Sobibor, Maidanek, Dachau, Bergen Belsen y otros campos, donde se produjo la matanza a sangre fría, son una herida que permanece abierta.
Tal como lo señaló Yair Lapid, canciller de Israel: “Los judíos no se suicidaron en el Holocausto”.
El primer ministro de Israel, Naftali Bennett, también refutó enérgicamente a Lavrov: "Mentiras como estas están destinadas a culpar a los propios judíos por los crímenes más terribles de la historia, que se cometieron contra ellos, y así liberar a los opresores de los judíos de su responsabilidad”.
En el mismo sentido, la presidente de la Comunidad judía de Roma, Ruth Durenghello, señaló que las declaraciones de Lavrov “son delirantes y peligrosas” y agregó: “Nos preguntamos cuál es límite y hacia dónde vamos. Si se puede distorsionar completamente la historia, el resultado será una democracia debilitada y carente de anticuerpos necesarios para protegerla”.
Una reflexión final. Lamentablemente la guerra se retroalimenta continuamente con nuevas argumentaciones. Lavrov, por razones meramente propagandísticas, invierte el sentido del Holocausto, lo da vuelta y les da un fuerte argumento a los negadores de la Shoá.
Hoy los líderes mundiales deberían buscar solamente argumentos para la paz. ¡Solo paz traerá la paz!
Mario Eduardo Cohen es Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDICSEF).
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Un ejemplo de integración a través del idioma. Los sefarditas de habla judeoespañola en América Latina
Nos adentramos en el relato de la llegada de un judío sefardí1 a Cuba, según el testimonio oral del inmigrante Julio Crespín (nacido en Edirne-Adrianópolis, Turquía): «Llegué con el barco hasta La Habana en el año 1923; sabía dónde vivía mi hermano, tomé el tren; había de viaje desde la Habana hasta Santiago (de Cuba) 36 horas. Al llegar a Santiago me recibió mi hermano… Al día siguiente de haber llegado, mi hermano me llevó a trabajar como vendedor ambulante, como era él».2
Este relato, tomado en Santiago de Cuba, indica un ejemplo de la inmediata adaptación laboral de un inmigrante sefardí hablante del idioma judeoespañol. Al día siguiente de su llegada, ya estaba trabajando. Nos preguntamos: ¿por qué le fue tan fácil este proceso? Veremos el papel central que jugó el idioma de los sefardíes.
Esta ponencia se dedicará a analizar la integración en la nueva sociedad de los inmigrantes judíos sefardíes en América Latina. Lo tomaremos en tres momentos. Luego de una introducción general al tema, en primera instancia comentaremos la temprana inmigración de algunos pocos miles los judíos marroquíes al Amazonas y otras zonas de América Latina, iniciada hacia 1860. En la segunda parte nos adentraremos en el caso de los maestros judíos marroquíes (algunas decenas) que sirvieron como docentes en las escuelas de las colonias judías asquenazíes en Argentina y, por último, la emigración masiva de los judíos del ex Imperio Otomano, (especialmente originados en los Balcanes y de la Península de Anatolia).
Si bien no hay cifras ciertas sobre la población judía sefardí en América Latina, en la actualidad, sobresalen por su pujanza, importancia numérica y organizacional las comunidades sefardíes de Argentina, Brasil, México y Venezuela. Son significativas las de Uruguay y Chile. Existen también comunidades sefardíes en Panamá, Perú, Colombia y Costa Rica. Hay, asimismo, pequeños grupos en varios otros países. Un caso especial es la comunidad sefardí cubana radicada, en la actualidad, en Miami (Estados Unidos).
La lengua materna de los judíos sefardíes del Imperio Otomano, que vivían en los Balcanes y Anatolia, hasta el siglo xix y comienzos del siglo xx, era el judeoespañol. Un idioma con la estructura del castellano con el agregado de palabras hebreas, árabes, griegas, búlgaras y más tarde francesas e italianas. Así, se encuentran arcaísmos españoles en la lengua judeoespañola, como ser: merkar (comprar), trokar (cambiar), mancebez (juventud).
He aquí un ejemplo de proverbio popular en judeoespañol, que no existe en español peninsular y nos puede dar idea de la estructura de la lengua: «cuando el padre da al hiyo, ríe el padre y ríe el hiyo; cuando el hiyo da al padre, iora el padre y iora el hiyo».
Como veremos más adelante, en el caso de los judíos del norte de Marruecos, hablaban la variedad conocida como jaketía, jaquetía o haquetía, lengua hispana más influenciada por el árabe que el judeoespañol de Oriente y, más modernamente, por el español contemporáneo.
El judeoespañol
El judeoespañol sirvió de comunicación entre casi todos los judíos del Mediterráneo durante cuatro siglos (siglo xvi al xix). La razón de esta estructura de idioma judeoespañol se debe, fundamentalmente, a razones históricas. Los judíos fueron expulsados de Castilla, Aragón y sus dominios en 1492, si bien había comenzado antes la emigración. Se radicaron, luego de muchas peripecias, en todo el Mediterráneo central y Oriental en la época de expansión del Imperio Otomano. Otro grupo se asentó en Marruecos. Los expulsados llevaron su lengua castellana a la que debieron agregar nuevas palabras locales para poder comunicarse. Un ejemplo elocuente: recién hacia el siglo xvii y xviii se empezó a utilizar, en las mesas cotidianas, el tenedor. Los judíos sefardíes que ya no tenían contacto con la península ibérica eligieron, para nombrar a este utensilio la palabra griega pirón. Los demás elementos de la mesa tienen nombres hispanos.
Fueron los judíos quienes introdujeron la imprenta, tanto en África como en el Imperio Otomano. Un papel central en el fenómeno de la expansión de la lengua judeoespañola (hasta el siglo xix generalmente escrita en caracteres hebreos) se le debe a impresión de variados libros y traducciones y a partir del siglo xix a la importante prensa escrita.
Hacia el siglo xvi, el español se hablaba en todos los continentes conocidos de la época. En América y Europa gracias a los peninsulares. En Asia y África en mérito a los sefardíes.
Se trata de un caso casi único de supervivencia de una lengua lejos de su metrópolis cultural (la Península Ibérica).
Los sefardíes han utilizado distintos nombres para referirse a su propia lengua. En los primeros siglos, después de la expulsión de 1492, aparecen denominaciones como romance, lengua vulgar, ladino y (s)panyol, a lo que se agregaron posteriormente el de djudezmo, yidió, lingua franca, djudeoespañol, yargón y otros en el Imperio Otomano. En Israel se lo suele llamar spanyolit, ladino y djudeo-esapnyol; en otros países, quizás el término mas utilizado sea el de «ladino». Académicos de renombre se oponen a esta denominación ya que reservan el nombre de «ladino» al judeoespañol calco del idioma hebreo.3
En España se ha impuesto el nombre de idioma sefardí, mientras que los estudiosos y académicos prefieren llamarlo judeoespañol o djudezmo.4
Jaquetía
Dentro de las llamadas lenguas judeoespañolas está la Jaketía (haquetía), lengua de los sefardíes del norte de Marruecos. Cuando los judíos fueron expulsados en 1492 de la península Ibérica, un grupo significativo de personas cruzó al África. Es así que, a través del tiempo, surgió esta lengua de los sefardíes marroquíes del norte.
Marruecos nunca fue parte del Imperio Otomano, por lo que mantuvo su independencia cultural. A partir del siglo xix especialmente España pasa a tener un papel preponderante, al igual que otras potencias europeas.
La jaketía se ha formado sobe la base de aquel castellano medieval, al que, en distintas etapas, se fueron agregando términos del hebreo, del árabe dialectal marroquí y del español moderno. Como sucede en el judeoespañol de Oriente, las raíces de verbos de otro origen (árabe o hebreo) se conjugan de acuerdo a las reglas del castellano.5
En oposición al judeoespañol del oriente, en esta lengua hay escasez de escritos e informantes originales.
A fines del siglo xix (y aún antes) y comienzos del siglo xx, se produce una verdadera re-hispanización de la jaketía. Según la investigadora Isabel Molina Matos:
la proximidad geográfica, los contactos continuos con los españoles desde la Guerra de África, el establecimiento del Protectorado y la posterior emigración a España, han contribuido a que la jaketía haya ido disolviéndose en el español hasta desaparecer…//…la jeketía permanece como sustrato que deja sentir su influencia en el habla coloquial.6
Entraremos ahora en el análisis del primer grupo de las inmigraciones que comentaremos.
1.ª parte
Judíos marroquíes. Los que abrieron las puertas
Desde mediados del siglo xix, los judíos marroquíes de las costas del Mediterráneo (Tánger y Tetuán), fueron pioneros en la inmigración. Su lengua española, como hemos dicho, (conocida como la jaketía) les facilitó su integración rápida al nuevo continente. Iquitos en Perú, Manaos y Belem en Brasil son ejemplos de una inmediata adaptación al medio.
Si bien la emigración desde Marruecos había comenzado ya a principios del siglo xix en forma esporádica, fue sólo hacia 1862 que se inició una corriente emigratoria considerable (algunos centenares), inicialmente hacia España y, luego, hacia Iberoamérica: Brasil, Venezuela y Argentina.
En efecto, tras la guerra hispano-marroquí (1859/1860), al producirse la retirada de las fuerzas hispanas —el 2 de mayo de 1862— los judíos marroquíes comenzaron a sentir el hostigamiento de los musulmanes locales, lo que se tradujo en una fuerte corriente emigratoria.
Justamente por esa época se instalaron las escuelas de la Alliance Israélite Universelle en Tetuán (en 1862) y Tánger (en 1864). La Alliance Isrélite Universelle (en el futuro la llamaremos Alianza) era una organización filantrópica judía francesa creada con el objetivo de instruir en la cultura gala a las minorías judías en países de bajo nivel cultural. Las ideas europeas de progreso y capacitación para el mundo moderno eran transmitidas desde estos claustros, lo que aceleró también la emigración.
Un directivo de estas escuelas, David Cazés, lo confirmó en un informe, escrito en 1885, sobre las escuelas de la Alianza de Tánger y Tetuán: «la escuela de Tetuán ha funcionado solamente para exportar… ya que el 95 por ciento de los estudiantes emigra… Hoy en día, Argelia no es suficiente para esta acción y ellos se van a la América española. Hay una amplia cantidad de ellos en Caracas, Colón, Panamá, Paramaribo, Buenos Aires; algunos se radicaron, por su cuenta, en los Estados Unidos: Nueva York, Baltimore, Filadelfia, etc.».7
El oro llamado caucho
Con la llegada de los 70 —del siglo xix, naturalmente— la prosperidad económica en el Brasil surge de la explotación del caucho, del cacao y del azúcar. Cabe recordar que Brasil fue, por varias décadas, el único productor mundial de caucho. Asimismo señalaremos que la Constitución del Brasil, ya desde 1824, había consagrado la libertad religiosa, admitiendo así la coexistencia con religiones distintas a la católica.
Los principales puntos de arribo de los judíos marroquíes en este país fueron, entonces, Belem (Estado de Pará, donde desemboca el Amazonas en el Atlántico) y luego Manaos. Respecto de Manaos, situada al oeste de la primera y en plena selva amazónica, con clima extremadamente cálido y húmedo, desarrolló además una rica vida cultural, llegando incluso a tener un Teatro de ópera.
La inmigración, básicamente, era de hombres solteros, desde adolescentes hasta jóvenes de treinta. En algunos casos retornaban, temporalmente, a Marruecos, para contraer matrimonio con alguna muchacha judía, para luego regresar a América e instalarse. Aunque la mayoría de estos jóvenes solteros se casaron con americanas no-judías.
El Día del Perdón en Iquitos
Hacia 1880, la ambición de enriquecimiento estaba encarnada en la selva amazónica. Además de la ya mencionada Manaos en Brasil, también Iquitos, en la amazonía peruana, pasó a constituir un punto de asentamiento para muchos judeo marroquíes aventureros que llegaban a Sudamérica. Muchos de ellos consiguieron trabajos como representantes de compañías brasileñas o europeas en la explotación del caucho. Lo interesante es que estas comunidades judías, asentadas en un medio tan singular como el selvático, crearon instituciones comunitarias y un cementerio, manteniendo de este modo —si bien de manera mínima porque la única conmemoración que se llevaba a cabo era la del Iom Kipur, el Día del Perdón— su identidad judía.
Hacia 1910, el señor Pisa, un docente de la Escuela de la Alianza de Tánger, visitó Iquitos, ya que en su ciudad natal se hablaba de ésta «como de una ciudad fabulosa, con oro fluyendo por sus calles» y agrega: «En Iquitos viven más de 200 de nuestros antiguos alumnos de Marruecos. Al llegar, uno pensaría que se trata de una ciudad judía (…) Es típico de los tangerinos hacer su fortuna en Iquitos. Esta es la visión y el sueño de los jóvenes. Hay que saber, sin duda alguna, que el camino es largo y el clima riguroso. (…) Ellos hacen negocios con cualquier cosa imaginable… Ropa inglesa, novedades francesas, ferretería alemana, maquinaria estadounidense. Remontan el río en canoas o lanchas… Es una vida dura. Hay temporadas en que pasan largos meses en sus canoas, comiendo sólo arroz y banana, luchando contra los caimanes y se quedan esperando que los indígenas se acerquen a comprar sus mercaderías».8
La caída de los precios del caucho entre 1910 y 1912 arruinó a la mayoría de los comerciantes y dejó a la región amazónica empobrecida.
Por constituir un grupo relativamente pequeño, los judeo marroquíes en el Brasil y del Perú se integraron a núcleos judíos de otra procedencia o bien se asimilaron, mimetizándose con el medio.
Otro grupo de los judíos marroquíes que arribaron a la Argentina y a Venezuela fueron los pioneros en la inmigración sefardí. Este grupo fundó, en 1891, la primera comunidad sefardí de la Argentina. De hecho, fueron quienes «abrieron las puertas» a la gran inmigración judía. La correspondencia que mantuvieron con sus familiares sembraron las esperanzas en futuros inmigrantes.
2.ª parte
Sefardíes hispanizan a los asquenazíes
Otro ejemplo de adaptación lo constituyen los judíos marroquíes, de habla española, en su variante que hemos comentado, la jaketía, educados en las escuelas de la Alianza y que sirvieron como maestros de lengua castellana a la inmigración agraria asquenazí (hacia fines del siglo xix y comienzos del siglo xx). Estos judíos inmigrantes de Europa Oriental, que acababan de llegar a estas tierras, jamás habían escuchado hablar en español. Se expresaban a modo de lengua materna, en el dialecto germánico judío llamado yiddish o simplemente idish (lengua judía) y en idiomas de sus países de origen. Gracias a estos sefardíes comenzaron a hablarlo y luego escribirlo con gran maestría.
Antes debemos hacer un poco de historia. Con el objetivo de facilitar la emigración de los judíos, que vivían oprimidos en los países de Europa Central y Oriental, el Barón Mauricio de Hirsch (1831-1896), famoso filántropo judío, fundó en Londres, en 1891, la Jewish Colonization Association (JCA). Sus estatutos declaraban que tenía por finalidad «asistir y promover la emigración de los judíos desde cualquier parte de Europa y Asia, especialmente desde países en que estuvieran sujetos a cualquier especie de gabela, persecución política o discriminación (y llevarlos) hacia cualquier parte delmundo, para formar y establecer colonias y poder dedicarse a la agricultura o cualquier otra actividad comercial o cultural».9
De tal manera, ya en 1891, el vapor Pampa, fletado por el Barón Hirsch, condujo a 817 inmigrantes judíos de Ucrania, Polonia, Lituania y Besarabia hacia la Argentina.
El proyecto original de colonización consistía en un traslado masivo, de centenares de miles de judíos de Europa Oriental. Finalmente, por diversas razones, la cantidad alcanzó apenas algunas decenas de miles de personas. Los inmigrantes fundaron colonias agrícolas en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Chaco. Estas colonias dieron lugar a ciudades y pueblos que hoy continúan existiendo.
Hacia 1913, el historiador Haim Avni10 calcula, por lo menos, en 35 000 los judíos dedicados a tareas de campo (entre agricultores, ganaderos y obreros temporales o permanentes) y unas 50 instituciones educativas, hacia 1910.
Las autoridades de JCA se interesaron en darles a los agricultores judíos una educación básica. Inmediatamente pensaron en traer como docentes a alumnos egresados de las escuelas de la Alliance.
Dice una investigadora del tema, Diana Epstein: «el conocimiento de español que recibieron quienes egresaban de las escuelas de la Alianza en Marruecos, determinó que la JCA los eligiera para que éstos fueran sus primeros maestros en las colonias judías de la Argentina».11
Agrega la investigadora que la falta de docentes y medios generó el hecho de que «fueron los propios maestros quienes solicitaban con frecuencia a la Alianza el traslado de nuevos docentes de habla hispana, que pudieran colaborar en la tarea. Ya en 1892 señalaban que era necesario contar con un número mayor y pedían ‘el envío de profesores de la Alianza, originarios de Marruecos, y alumnos avanzados de escuelas deTánger y Tetuán, con conocimiento de español, (que) prestarían aquí excelentes servicios’».12
El conocimiento de la lengua española era considerado, por las autoridades argentinas, el eje central para lograr el proceso de integración al país de las masas migratorias.
Cuando llegaron los primeros maestros, también advirtieron —según comenta Diana Epstein— que «lo que se exige, sobre todo, en las escuelas privadas, es la buena enseñanza de la lengua del país; el idioma nacional es considerado, con razón, como el mejor instrumento para obtener una pronta asimilación de los hijos de los inmigrantes…».13
De todas maneras, la situación estaba lejos de ser ideal: eran habituales los problemas con los colonos, las difíciles condiciones de trabajo, bajos sueldos, largas jornadas de trabajo, etc. Todo ello hizo que muchos pidiesen el retorno a sus países de origen.
Así, algunos regresaron pero otros se casaron y se quedaron en Argentina.
Para concluir, cabe señalar que el primer contacto que tuvieron los colonos judíos de Europa Oriental con el idioma español y con la historia de la España de la Edad Media, el Sefarad clásico, fue a través de estos judíos marroquíes que oficiaron de sus maestros de la lengua española. Posiblemente haya que indagar aquí el interés de muchos judíos asquenazíes por la cultura sefardí. De estas colonias agrícolas surgieron excelentes hombres de letras que se expresaron en español. En otro trabajo he indagado el interés de muchos de ellos por considerarse, asimismo, como nuevos sefardíes.14
3.ª parte
Inmigración masiva desde Turquía y los Balcanes
Los judíos del antiguo Imperio Otomano (de Anatolia y los Balcanes) hablantes en el idioma judeoespañol llegaron masivamente a América latina a fines del siglo xix y, en especial, a comienzo del siglo xx, haciéndolo poco después que los llegados desde Marruecos.
Se trata ahora de una inmigración masiva que abarca casi toda América Latina y que dio origen a importantes instituciones sefardíes.
No nos referiremos aquí a los sefardíes de Siria y Líbano, cuya lengua materna era el árabe; con este grupo se completaría el espectro completo de las comunidades judías de América Latina.
¿Por qué los sefardíes decidieron emigrar del Imperio Otomano?
Una de las causas de la emigración desde las tierras turcas se centra en la decadencia política y económica del Imperio Otomano y el empobrecimiento general. Con el inicio del siglo xx, las continuas guerras y el reclutamiento de tropas (muchos de los soldados volvían heridos, mutilados o muertos) llevaron a cantidades de judíos a buscar otros horizontes eligiendo, en muchos casos, a Latinoamérica como su nueva casa. Las razones económicas y las guerras se inscriben, en primer lugar, como causa de la salida. En cambio, la elección del lugar de destino estaba condicionada, entre otros factores, por el idioma y es por ello que los hablantes del judeoespañol orientaron su brújula hacia Iberoamérica.
Señala el investigador chileno Salvador Benadava: «Nunca es fácil adaptarse a un cambio como el que significó para los judíos otomanos instalarse en países tan diferentes como los que habían abandonado; no obstante lo cual el proceso de aceptación del nuevo entorno fue relativamente rápido. Al poco tiempo de haber llegado, muchos de ellos ya pensaban en hacer venir a sus familias y daban, definitivamente, las espaldas a su tierra de origen. Tres cosas los deslumbraban, tres valores que suelen considerarse como característicos de la cultura occidental: la libertad, la igualdad, la democracia y un corolario de las tres: las posibilidades de trabajo y de ascensión social».15
Los testimonios de la mayoría de los entrevistados coinciden en señalar que la causa principal de la primera emigración a América Latina fue la búsqueda de nuevas oportunidades económicas, aunque los temas del idioma están implícitos y en muchos casos no se mencionan por su carácter de obviedad.
De acuerdo al informante Moises Benaim, «ante la idea de emigrar, uno se orienta a qué posibilidades puede ofrecer un país u otro. Y aquí, la Argentina tenía la posibilidad del idioma, que era fundamental (…)».16
Otra inmigrante señala: "¿Por qué la Argentina? Por informes de otros, por el idioma, y tal vez —pensó más adelante— porque el mazal (la suerte) lo había decidido así".17
La investigadora Helene Gutkowki arriba a la siguiente conclusión respecto a decenas de entrevistas realizadas a los inmigrantes sefardíes: «Los mecanismos de elección y asentamiento de los Sefardíes en un país nuevo han respondido, en lo que hace a las migraciones del último siglo (hablamos del siglo xix y principio del xx) a las pautas siguientes: se buscaba, con prioridad, y en la medida de lo posible, un país que tuviera algo que ver con la cultura española o con la francesa, ya que muchos de esos judíos habían sido alumnos de la Alianza Israelita Universal. El idioma, en particular, era determinante a la hora de elegir la futura patria».18
Otros inmigrantes agregan el sentimiento hispánico: «Moisés: nos sentíamos Españoles, más aún, ¡éramos españoles! Ya no solamente por nuestros ancestros sino porque a partir de la segunda mitad del siglo xix la injerencia de España en el norte de Marruecos había ido en aumento hasta finalmente imponer, en 1912, su protectorado sobre gran parte de la región…».19
En síntesis, para las decenas de miles de inmigrantes sefarditas de Turquía y los Balcanes llegados a comienzos del siglo xx, un elemento central en la decisión de inmigración a estas tierras fue la similitud del judeoespañol con el español moderno.
Mientras que las tasas de retorno de los inmigrantes italianos y españoles fue muy alta (hasta el 50 %), en el caso de los sefardíes prácticamente no se registró este fenómeno, por lo que el proceso de integración fue sumamente acelerado.
Conclusión
En el comienzo de este trabajo, comentábamos la narración de una persona (Julio Crespín) que comenzó a trabajar en Santiago de Cuba al día siguiente de su inmigración en 1923. El relato fue tomado varias décadas después por lo que ya se encontraba totalmente integrado a la nueva realidad latinoamericana.
En opinión de esta ponencia, el caso de Julio Crespín no es una excepción, los judíos que viven en Hispanoamérica están integrados a sus países de absorción. La lengua española sirve como gran elemento de unión entre los individuos y comunidades. Las lenguas judías de origen (idish y judeoespañol) casi han desaparecido y todos se expresan en español moderno. Si bien hacia 1960 ha comenzado una reducida emigración, ningún judío latinoamericano quiere retornar al «viejo país» de origen: sea Rusia, Polonia, Siria, Turquía o Marruecos. Los judíos de América Latina mantienen ciertas costumbres tradicionales, sin dejar de tener fuertes ligazones con la cultura, la historia y el destino de los países de adopción y con Israel. El antisemitismo no es el centro de la preocupación, si bien hubo por época algunos hechos que trajeron mucha intranquilidad. Hoy, interactúan en la cultura local y los asuntos de interés general y, simultáneamente, contribuyen como profesionales, artesanos, agricultores o gente de negocios al desarrollo económico y social de sus países. Los judíos hispanoamericanos asquenazíes y sefardíes forman parte, una vez más, de Sefarad (España) y su legado. De alguna manera los podemos llamar los nuevos sefardíes, gestores y constructores, forjadores de la América moldeada por manos aborígenes e inmigrantes.
Notas:
1. Utilizamos el gentilicio sefardí para indicar a los judíos descendientes o influenciados por la cultura creada por los judíos en la España medieval. Desde el siglo xi, aproximadamente, la palabra hebrea Sefarad pasó a denotar a la Península Ibérica o España.Volver
2. Margalit Bejarano: La comunidad hebrea de Cuba - la memoria y la historia, Instituto Abraham Harman de Judaísmo Contemporáneo, Universidad Hebrea de Jerusalem, 1996, p. 18.Volver
3. El académico Haim Vidal Sephiha ha defendido la utilización de «ladino» sola y únicamente como traducción del hebreo calco y ha resaltado que el ladino no se habla. Ver de su autoría: «El judeoespañol: una herencia europea» en Sefárdica XI, CIDICSEF, Buenos Aires, 2001, p. 124. En el mismo sentido, otro académico nos muestra un ejemplo del ladino tomado de una traducción calcada del hebreo, extraído del Génesis (27:3) «I Israel amava a Yosef mas ke todos sus ijos ke hijo de vejezes el.» que se traduce como «Israel amaba a Yosef más que todos sus hijos porque los había tenido en la vejez…». Salvador Benadava Cattan. «De dónde venimos, quiénes somos, hacia dónde vamos». En Sefárdica XV, El Judeoespañol. Una lengua exiliada. CIDICSEF, Buenos Aires. p. 168.Volver
4. Para ampliar en el conocimiento de este idioma véase en idioma español : Mario E. Cohen (compilador) Sefárdica n.º: 15 . El Judeoespañol. Una lengua exiliada, CIDICSEF, Buenos Aires, 2005. Mario Eduardo Cohen. (director) Sefárdica n.º: 16. El judeoespañol/2 Djudezmo y jaquetía, CIDICSEF, Buenos Aires, 2006. M. L. Wagner. Caracteres Generales del judeo-español de Oriente, Madrid, 1930. David M. Bunis. El idioma de los sefardíes: Un panorama histórico en Moreset Sefarad. El Legado de Sefarad. Editado por Haim Beinart, Jerusalén, 1993, págs. 414 a 437. Elena Romero (editor literario), coordinado Iacob M. Hassan y Ricardo Izquierdo Benito. Sefardíes. Literatura y Lengua de una Nación Dispersa. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca, 2008. José Menascé. El Judeoespañol y los sefardíes. Un fenómeno olvidado, p. 121 a 134 y María Cherro de Azar. El judeoespañol está presente, p. 11 a 17 ambos en Boletín de la Academia Argentina de Letras, Tomo LXXI n.º 283-284. Enero/abril de 2006. Paloma Díaz-Mas. Los sefardíes: Historia, lengua y cultura, Riopiedras, 2006 En otros idiomas véase: S. Marcus. La Lengua judeo-española. Jerusalén, 1965 (en hebreo); R Renard, Sépharad: Le monde et la langue judeo-espagnole des Séphardim, Mons (Bélgica) 1966. Haim Vidal Sephiha. Le judeo-espagnol, París, 1986. Volver
5. Para mayor conocimiento de este idioma sugerimos consultar: Isaac Benharroch B. Diccionario de Haquetía. Guía esencial del dialecto de los judíos del norte de Marruecos, Asociación Israelita de Venezuela, Centro de Estudios Sefardíes, University of Miami, Caracas, 2004.Volver
6. Isabel Molina Martos. Sociolingüista del español en el Norte de África. En Biblioteca de Recursos Electrónicos en Humanidades, E-Excelence, 2006, p. 8.Volver
7. David Cazés. «Rapport sur les ècoles de l’Alliance de tanger et de Tetuán», Bulletin de l’Alliance Israélite Universelle, 1884-85, p. 52. Citado por Victor Mirelman en «Los sefardíes en Latinoamérica después de la Independencia», Sefárdica n.º 11, CIDICSEF, 1996, Buenos Aires, p. 66.Volver
8. Citado por Günter Böhm. Judíos en el Perú durante el siglo xix. Santiago, Universidad de Chile, 1985, p. 102.Volver
9. Santiago Saltiel. «El Barón Mauricio de Hirsch y la colonización judía en la Argentina». En Nosotros. Centro de Estudios Judaicos y Sionistas. 1989, p.190.Volver
10. Haim Avni. Argentina y las migraciones judías. De la Inquisición al Holocausto y después. Editorial Mila, Buenos Aires, 2005, pp. 215 y 201.Volver
11. Diana Epstein. «Maestros Marroquíes. Estrategia educativa e integración. 1892-1920» en Anuario IEHS, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro, 12, 1997, Tandil, Argentina.Volver
12. Diana Epstein, op. cit., pp. 359-350. AIU. Correspondencia. Prof. Haym, 29/9/1892, Colonia Mauricio, Argentina IV 0 8. Archivo AIU. París.Volver
13. Diana Epstein. «Maestros Marroquíes. Estrategia….», op. cit., p. 364: AIU. Correspondencia. Prof. Sabah, 3/6/1898, Colonia Clara, Argentina 1 0 2. Archivo AIU, París.Volver
14. Mario Eduardo Cohen. La emigración asquenazí en Hispanoamérica. Los «nuevos sefardíes» en América y los judíos hispanoportugueses. Coordinado por Fernando Díaz Esteban. Real Academia de Historia. Madrid, 2009, pp. 221 a 246.Volver
15. Salvador Benadava Cattan. op. cit. p. 193.Volver
16. Diana Epstein. «Judíos de Marruecos en Argentina. La inmigración política (1955-1970)» en Estudios Migratorios Latinoamericanos, abril 2006, n.º 59, Buenos Aires. Entrevista testimonial realizada a Moisés Benaim en julio del 2005, p. 79.Volver
17. Estela Levy. Crónica de una familia sefaradí. Buenos Aires, Carcos, 198,. p. 20.Volver
18. Helene Gutkowski. Érase una vez Sefarad. Los sefaradies del Mediterráneo. Su Historia. Su Cultura. Lumen, 1999. p. 384.Volver
19. Helene Gutkowski. op. cit., p. 429
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Un ejemplo de integración a través de la Lengua
Ponencia del Dr. Mario Eduardo Cohen para el Congreso Internacional de la Lengua Española 2010, Valparaíso, Chile, suspendido debido a las consecuencias del terremoto.
Nos adentramos en el relato de la llegada de un judío sefardí1 a Cuba, según el testimonio oral del inmigrante Julio Crespín (nacido en Edirne-Adrianópolis, Turquía): «Llegué con el barco hasta La Habana en el año 1923; sabía dónde vivía mi hermano, tomé el tren; había de viaje desde la Habana hasta Santiago (de Cuba) 36 horas. Al llegar a Santiago me recibió mi hermano… Al día siguiente de haber llegado, mi hermano me llevó a trabajar como vendedor ambulante, como era él»2.
Este relato, tomado en Santiago de Cuba, indica un ejemplo de la inmediata adaptación laboral de un inmigrante sefardí hablante del idioma judeoespañol. Al día siguiente de su llegada, ya estaba trabajando. Nos preguntamos: ¿por qué le fue tan fácil este proceso? Veremos el papel central que jugó el idioma de los sefardíes.
Esta ponencia se dedicará a analizar la integración en la nueva sociedad de los inmigrantes judíos sefardíes en América Latina. Lo tomaremos en tres momentos. Luego de una introducción general al tema, en primera instancia comentaremos la temprana inmigración de algunos pocos miles los judíos marroquíes al Amazonas y otras zonas de América Latina, iniciada hacia 1860. En la segunda parte nos adentraremos en el caso de los maestros judíos marroquíes (algunas decenas) que sirvieron como docentes en las escuelas de las colonias judías asquenazíes en Argentina y, por último, la emigración masiva de los judíos del ex Imperio Otomano, (especialmente originados en los Balcanes y de la Península de Anatolia).
Si bien no hay cifras ciertas sobre la población judía sefardí en América Latina, en la actualidad, sobresalen por su pujanza, importancia numérica y organizacional las comunidades sefardíes de Argentina, Brasil, México y Venezuela. Son significativas las de Uruguay y Chile. Existen también comunidades sefardíes en Panamá, Perú, Colombia y Costa Rica. Hay, asimismo, pequeños grupos en varios otros países. Un caso especial es la comunidad sefardí cubana radicada, en la actualidad, en Miami (Estados Unidos).
La lengua materna de los judíos sefardíes del Imperio Otomano, que vivían en los Balcanes y Anatolia, hasta el siglo XIX y comienzos del siglo XX, era el judeoespañol. Un idioma con la estructura del castellano con el agregado de palabras hebreas, árabes, griegas, búlgaras y más tarde francesas e italianas. Así, se encuentran arcaísmos españoles en la lengua judeoespañola, como ser: merkar (comprar), trokar (cambiar), mancebez (juventud).
He aquí un ejemplo de proverbio popular en judeoespañol, que no existe en español peninsular y nos puede dar idea de la estructura de la lengua: «cuando el padre da al hiyo, ríe el padre y ríe el hiyo; cuando el hiyo da al padre, iora el padre y iora el hiyo».
Como veremos más adelante, en el caso de los judíos del norte de Marruecos, hablaban la variedad conocida como jaketía , jaquetía o haquetía, lengua hispana más influenciada por el árabe que el judeoespañol de Oriente y, más modernamente, por el español contemporáneo.
El judeoespañol
El judeoespañol sirvió de comunicación entre casi todos los judíos del Mediterráneo durante cuatro siglos (siglo XVI al XIX). La razón de esta estructura de idioma judeoespañol se debe, fundamentalmente, a razones históricas. Los judíos fueron expulsados de Castilla, Aragón y sus dominios en 1492, si bien había comenzado antes la emigración. Se radicaron, luego de muchas peripecias, en todo el Mediterráneo central y Oriental en la época de expansión del Imperio Otomano. Otro grupo se asentó en Marruecos. Los expulsados llevaron su lengua castellana a la que debieron agregar nuevas palabras locales para poder comunicarse. Un ejemplo elocuente: recién hacia el siglo XVII y XVIII se empezó a utilizar, en las mesas cotidianas, el tenedor. Los judíos sefardíes que ya no tenían contacto con la península ibérica eligieron, para nombrar a este utensilio la palabra griega pirón. Los demás elementos de la mesa tienen nombres hispanos.
Fueron los judíos quienes introdujeron la imprenta, tanto en África como en el Imperio Otomano. Un papel central en el fenómeno de la expansión de la lengua judeoespañola (hasta el siglo XIX generalmente escrita en caracteres hebreos) se le debe a impresión de variados libros y traducciones y a partir del siglo XIX a la importante prensa escrita.
Hacia el siglo XVI, el español se hablaba en todos los continentes conocidos de la época. En América y Europa gracias a los peninsulares. En Asia y África en mérito a los sefardíes.
Se trata de un caso casi único de supervivencia de una lengua lejos de su metrópolis cultural (la Península Ibérica).
Los sefardíes han utilizado distintos nombres para referirse a su propia lengua. En los primeros siglos, después de la expulsión de 1492, aparecen denominaciones como romance, lengua vulgar, ladino y (s)panyol, a lo que se agregaron posteriormente el de djudezmo, yidió, lingua franca, djudeoespañol, yargón y otros en el Imperio Otomano. En Israel se lo suele llamar spanyolit, ladino y djudeo-esapnyol; en otros países, quizás el término mas utilizado sea el de «ladino». Académicos de renombre se oponen a esta denominación ya que reservan el nombre de «ladino» al judeoespañol calco del idioma hebreo3.
En España se ha impuesto el nombre de idioma sefardí, mientras que los estudiosos y académicos prefieren llamarlo judeoespañol o djudezmo4.
Jaquetía
Dentro de las llamadas lenguas judeoespañolas está la Jaketía (haquetía), lengua de los sefardíes del norte de Marruecos. Cuando los judíos fueron expulsados en 1492 de la península Ibérica, un grupo significativo de personas cruzó al África. Es así que, a través del tiempo, surgió esta lengua de los sefardíes marroquíes del norte.
Marruecos nunca fue parte del Imperio Otomano, por lo que mantuvo su independencia cultural. A partir del siglo XIX especialmente España pasa a tener un papel preponderante, al igual que otras potencias europeas.
La jaketía se ha formado sobe la base de aquel castellano medieval, al que, en distintas etapas, se fueron agregando términos del hebreo, del árabe dialectal marroquí y del español moderno. Como sucede en el judeoespañol de Oriente, las raíces de verbos de otro origen (árabe o hebreo) se conjugan de acuerdo a las reglas del castellano 5.
En oposición al judeoespañol del oriente, en esta lengua hay escasez de escritos e informantes originales.
A fines del siglo XIX (y aún antes) y comienzos del siglo XX, se produce una verdadera re-hispanización de la jaketía. Según la investigadora Isabel Molina Matos:
«la proximidad geográfica, los contactos continuos con los españoles desde la Guerra de África, el establecimiento del Protectorado y la posterior emigración a España, han contribuido a que la jaketía haya ido disolviéndose en el español hasta desaparecer»…//…«la jeketía permanece como sustrato que deja sentir su influencia en el habla coloquial»6.
Entraremos ahora en el análisis del primer grupo de las inmigraciones que comentaremos.
1.ª parte
Judíos marroquíes. Los que abrieron las puertas
Desde mediados del siglo XIX, los judíos marroquíes de las costas del Mediterráneo (Tánger y Tetuán), fueron pioneros en la inmigración. Su lengua española, como hemos dicho, (conocida como la jaketía) les facilitó su integración rápida al nuevo continente. Iquitos en Perú, Manaos y Belem en Brasil son ejemplos de una inmediata adaptación al medio.
Si bien la emigración desde Marruecos había comenzado ya a principios del siglo XIX en forma esporádica, fue sólo hacia 1862 que se inició una corriente emigratoria considerable (algunos centenares), inicialmente hacia España y, luego, hacia Iberoamérica: Brasil, Venezuela y Argentina.
En efecto, tras la guerra hispano-marroquí (1859/1860), al producirse la retirada de las fuerzas hispanas -el 2 de mayo de 1862- los judíos marroquíes comenzaron a sentir el hostigamiento de los musulmanes locales, lo que se tradujo en una fuerte corriente emigratoria.
Justamente por esa época se instalaron las escuelas de la Alliance Israélite Universelle en Tetuán (en 1862) y Tánger (en 1864). La Alliance Isrélite Universelle (en el futuro la llamaremos Alianza) era una organización filantrópica judía francesa creada con el objetivo de instruir en la cultura gala a las minorías judías en países de bajo nivel cultural. Las ideas europeas de progreso y capacitación para el mundo moderno eran transmitidas desde estos claustros, lo que aceleró también la emigración.
Un directivo de estas escuelas, David Cazés, lo confirmó en un informe, escrito en 1885, sobre las escuelas de la Alianza de Tánger y Tetuán: «la escuela de Tetuán ha funcionado solamente para exportar… ya que el 95 por ciento de los estudiantes emigra… Hoy en día, Argelia no es suficiente para esta acción y ellos se van a la América española. Hay una amplia cantidad de ellos en Caracas, Colón, Panamá, Paramaribo, Buenos Aires; algunos se radicaron, por su cuenta, en los Estados Unidos: Nueva York, Baltimore, Filadelfia, etc.»7
El oro llamado caucho
Con la llegada de los años ’70 -del siglo XIX, naturalmente- la prosperidad económica en el Brasil surge de la explotación del caucho, del cacao y del azúcar. Cabe recordar que Brasil fue, por varias décadas, el único productor mundial de caucho. Asimismo señalaremos que la Constitución del Brasil, ya desde 1824, había consagrado la libertad religiosa, admitiendo así la coexistencia con religiones distintas a la católica.
Los principales puntos de arribo de los judíos marroquíes en este país fueron, entonces, Belem (Estado de Pará, donde desemboca el Amazonas en el Atlántico) y luego Manaos. Respecto de Manaos, situada al oeste de la primera y en plena selva amazónica, con clima extremadamente cálido y húmedo, desarrolló además una rica vida cultural, llegando incluso a tener un Teatro de ópera.
La inmigración, básicamente, era de hombres solteros, desde adolescentes hasta jóvenes de treinta. En algunos casos retornaban, temporalmente, a Marruecos, para contraer matrimonio con alguna muchacha judía, para luego regresar a América e instalarse. Aunque la mayoría de estos jóvenes solteros se casaron con americanas no-judías.
El Día del Perdón en Iquitos
Hacia 1880, la ambición de enriquecimiento estaba encarnada en la selva amazónica. Además de la ya mencionada Manaos en Brasil, también Iquitos, en la amazonía peruana, pasó a constituir un punto de asentamiento para muchos judeo marroquíes aventureros que llegaban a Sudamérica. Muchos de ellos consiguieron trabajos como representantes de compañías brasileñas o europeas en la explotación del caucho. Lo interesante es que estas comunidades judías, asentadas en un medio tan singular como el selvático, crearon instituciones comunitarias y un cementerio, manteniendo de este modo -si bien de manera mínima porque la única conmemoración que se llevaba a cabo era la del Iom Kipur, el Día del Perdón- su identidad judía.
Hacia 1910, el señor Pisa, un docente de la Escuela de la Alianza de Tánger, visitó Iquitos, ya que en su ciudad natal se hablaba de ésta «como de una ciudad fabulosa, con oro fluyendo por sus calles» y agrega: «En Iquitos viven más de 200 de nuestros antiguos alumnos de Marruecos. Al llegar, uno pensaría que se trata de una ciudad judía (…) Es típico de los tangerinos hacer su fortuna en Iquitos. Esta es la visión y el sueño de los jóvenes. Hay que saber, sin duda alguna, que el camino es largo y el clima riguroso. (…) Ellos hacen negocios con cualquier cosa imaginable… Ropa inglesa, novedades francesas, ferretería alemana, maquinaria estadounidense. Remontan el río en canoas o lanchas… Es una vida dura. Hay temporadas en que pasan largos meses en sus canoas, comiendo sólo arroz y banana, luchando contra los caimanes y se quedan esperando que los indígenas se acerquen a comprar sus mercaderías»8.
La caída de los precios del caucho entre 1910 y 1912 arruinó a la mayoría de los comerciantes y dejó a la región amazónica empobrecida.
Por constituir un grupo relativamente pequeño, los judeo marroquíes en el Brasil y del Perú se integraron a núcleos judíos de otra procedencia o bien se asimilaron, mimetizándose con el medio.
Otro grupo de los judíos marroquíes que arribaron a la Argentina y a Venezuela fueron los pioneros en la inmigración sefardí. Este grupo fundó, en 1891, la primera comunidad sefardí de la Argentina. De hecho, fueron quienes «abrieron las puertas» a la gran inmigración judía. La correspondencia que mantuvieron con sus familiares sembraron las esperanzas en futuros inmigrantes.
2.ª parte
Sefardíes hispanizan a los asquenazíes
Otro ejemplo de adaptación lo constituyen los judíos marroquíes, de habla española, en su variante que hemos comentado, la jaketía, educados en las escuelas de la Alianza y que sirvieron como maestros de lengua castellana a la inmigración agraria asquenazí (hacia fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX). Estos judíos inmigrantes de Europa Oriental, que acababan de llegar a estas tierras, jamás habían escuchado hablar en español. Se expresaban a modo de lengua materna, en el dialecto germánico judío llamado yiddish o simplemente idish (lengua judía) y en idiomas de sus países de origen. Gracias a estos sefardíes comenzaron a hablarlo y luego escribirlo con gran maestría.
Antes debemos hacer un poco de historia. Con el objetivo de facilitar la emigración de los judíos, que vivían oprimidos en los países de Europa Central y Oriental, el Barón Mauricio de Hirsch (1831-1896), famoso filántropo judío, fundó en Londres, en 1891, la Jewish Colonization Association (JCA). Sus estatutos declaraban que tenía por finalidad «asistir y promover la emigración de los judíos desde cualquier parte de Europa y Asia, especialmente desde países en que estuvieran sujetos a cualquier especie de gabela, persecución política o discriminación (y llevarlos) hacia cualquier parte delmundo, para formar y establecer colonias y poder dedicarse a la agricultura o cualquier otra actividad comercial o cultural»9.
De tal manera, ya en 1891, el vapor Pampa, fletado por el Barón Hirsch, condujo a 817 inmigrantes judíos de Ucrania, Polonia, Lituania y Besarabia hacia la Argentina.
El proyecto original de colonización consistía en un traslado masivo, de centenares de miles de judíos de Europa Oriental. Finalmente, por diversas razones, la cantidad alcanzó apenas algunas decenas de miles de personas. Los inmigrantes fundaron colonias agrícolas en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Chaco. Estas colonias dieron lugar a ciudades y pueblos que hoy continúan existiendo.
Hacia 1913, el historiador Haim Avni10 calcula, por lo menos, en 35.000 los judíos dedicados a tareas de campo (entre agricultores, ganaderos y obreros temporales o permanentes) y unas 50 instituciones educativas, hacia 1910.
Las autoridades de JCA se interesaron en darles a los agricultores judíos una educación básica. Inmediatamente pensaron en traer como docentes a alumnos egresados de las escuelas de la Alliance.
Dice una investigadora del tema, Diana Epstein: «el conocimiento de español que recibieron quienes egresaban de las escuelas de la Alianza en Marruecos, determinó que la JCA los eligiera para que éstos fueran sus primeros maestros en las colonias judías de la Argentina»11.
Agrega la investigadora que la falta de docentes y medios generó el hecho de que «fueron los propios maestros quienes solicitaban con frecuencia a la Alianza el traslado de nuevos docentes de habla hispana, que pudieran colaborar en la tarea. Ya en 1892 señalaban que era necesario contar con un número mayor y pedían ‘el envío de profesores de la Alianza, originarios de Marruecos, y alumnos avanzados de escuelas deTánger y Tetuán, con conocimiento de español, (que) prestarían aquí excelentes servicios’»12.
El conocimiento de la lengua española era considerado, por las autoridades argentinas, el eje central para lograr el proceso de integración al país de las masas migratorias.
Cuando llegaron los primeros maestros, también advirtieron -según comenta Diana Epstein- que «lo que se exige, sobre todo, en las escuelas privadas, es la buena enseñanza de la lengua del país; el idioma nacional es considerado, con razón, como el mejor instrumento para obtener una pronta asimilación de los hijos de los inmigrantes…13».
De todas maneras, la situación estaba lejos de ser ideal: eran habituales los problemas con los colonos, las difíciles condiciones de trabajo, bajos sueldos, largas jornadas de trabajo, etc. Todo ello hizo que muchos pidiesen el retorno a sus países de origen.
Así, algunos regresaron pero otros se casaron y se quedaron en Argentina.
Para concluir, cabe señalar que el primer contacto que tuvieron los colonos judíos de Europa Oriental con el idioma español y con la historia de la España de la Edad Media, el Sefarad clásico, fue a través de estos judíos marroquíes que oficiaron de sus maestros de la lengua española. Posiblemente haya que indagar aquí el interés de muchos judíos asquenazíes por la cultura sefardí. De estas colonias agrícolas surgieron excelentes hombres de letras que se expresaron en español. En otro trabajo he indagado el interés de muchos de ellos por considerarse, asimismo, como nuevos sefardíes14.
3.ª parte
Inmigración masiva desde Turquía y los Balcanes
Los judíos del antiguo Imperio Otomano (de Anatolia y los Balcanes) hablantes en el idioma judeoespañol llegaron masivamente a América latina a fines del siglo XIX y, en especial, a comienzo del siglo XX, haciéndolo poco después que los llegados desde Marruecos.
Se trata ahora de una inmigración masiva que abarca casi toda América Latina y que dio origen a importantes instituciones sefardíes.
No nos referiremos aquí a los sefardíes de Siria y Líbano, cuya lengua materna era el árabe; con este grupo se completaría el espectro completo de las comunidades judías de América Latina.
¿Por qué los sefardíes decidieron emigrar del Imperio Otomano?
Una de las causas de la emigración desde las tierras turcas se centra en la decadencia política y económica del Imperio Otomano y el empobrecimiento general. Con el inicio del siglo XX, las continuas guerras y el reclutamiento de tropas (muchos de los soldados volvían heridos, mutilados o muertos) llevaron a cantidades de judíos a buscar otros horizontes eligiendo, en muchos casos, a Latinoamérica como su nueva casa. Las razones económicas y las guerras se inscriben, en primer lugar, como causa de la salida. En cambio, la elección del lugar de destino estaba condicionada, entre otros factores, por el idioma y es por ello que los hablantes del judeoespañol orientaron su brújula hacia Iberoamérica.
Señala el investigador chileno Salvador Benadava: «Nunca es fácil adaptarse a un cambio como el que significó para los judíos otomanos instalarse en países tan diferentes como los que habían abandonado; no obstante lo cual el proceso de aceptación del nuevo entorno fue relativamente rápido. Al poco tiempo de haber llegado, muchos de ellos ya pensaban en hacer venir a sus familias y daban, definitivamente, las espaldas a su tierra de origen. Tres cosas los deslumbraban, tres valores que suelen considerarse como característicos de la cultura occidental: la libertad, la igualdad, la democracia y un corolario de las tres: las posibilidades de trabajo y de ascensión social15».
Los testimonios de la mayoría de los entrevistados coinciden en señalar que la causa principal de la primera emigración a América Latina fue la búsqueda de nuevas oportunidades económicas, aunque los temas del idioma están implícitos y en muchos casos no se mencionan por su carácter de obviedad.
De acuerdo al informante Moises Benaim, «ante la idea de emigrar, uno se orienta a qué posibilidades puede ofrecer un país u otro. Y aquí, la Argentina tenía la posibilidad del idioma, que era fundamental (…)»16.
Otra inmigrante señala: «¿Por qué la Argentina? Por informes de otros, por el idioma, y tal vez -pensó más adelante- porque el mazal (la suerte) lo había decidido así»17.
La investigadora Helene Gutkowki arriba a la siguiente conclusión respecto a decenas de entrevistas realizadas a los inmigrantes sefardíes: «Los mecanismos de elección y asentamiento de los Sefardíes en un país nuevo han respondido, en lo que hace a las migraciones del último siglo (hablamos del siglo XIX y principio del XX) a las pautas siguientes: se buscaba, con prioridad, y en la medida de lo posible, un país que tuviera algo que ver con la cultura española o con la francesa, ya que muchos de esos judíos habían sido alumnos de la Alianza Israelita Universal. El idioma, en particular, era determinante a la hora de elegir la futura patria18».
Otros inmigrantes agregan el sentimiento hispánico: «Moisés: nos sentíamos Españoles, más aún, ¡éramos españoles! Ya no solamente por nuestros ancestros sino porque a partir de la segunda mitad del siglo XIX la injerencia de España en el norte de Marruecos había ido en aumento hasta finalmente imponer, en 1912, su protectorado sobre gran parte de la región…19».
En síntesis, para las decenas de miles de inmigrantes sefarditas de Turquía y los Balcanes llegados a comienzos del siglo XX, un elemento central en la decisión de inmigración a estas tierras fue la similitud del judeoespañol con el español moderno.
Mientras que las tasas de retorno de los inmigrantes italianos y españoles fue muy alta (hasta el 50%), en el caso de los sefardíes prácticamente no se registró este fenómeno, por lo que el proceso de integración fue sumamente acelerado.
Conclusión
En el comienzo de este trabajo, comentábamos la narración de una persona (Julio Crespín) que comenzó a trabajar en Santiago de Cuba al día siguiente de su inmigración en 1923. El relato fue tomado varias décadas después por lo que ya se encontraba totalmente integrado a la nueva realidad latinoamericana.
En opinión de esta ponencia, el caso de Julio Crespín no es una excepción, los judíos que viven en Hispanoamérica están integrados a sus países de absorción. La lengua española sirve como gran elemento de unión entre los individuos y comunidades. Las lenguas judías de origen (idish y judeoespañol) casi han desaparecido y todos se expresan en español moderno. Si bien hacia 1960 ha comenzado una reducida emigración, ningún judío latinoamericano quiere retornar al «viejo país» de origen: sea Rusia, Polonia, Siria, Turquía o Marruecos. Los judíos de América Latina mantienen ciertas costumbres tradicionales, sin dejar de tener fuertes ligazones con la cultura, la historia y el destino de los países de adopción y con Israel. El antisemitismo no es el centro de la preocupación, si bien hubo por época algunos hechos que trajeron mucha intranquilidad. Hoy, interactúan en la cultura local y los asuntos de interés general y, simultáneamente, contribuyen como profesionales, artesanos, agricultores o gente de negocios al desarrollo económico y social de sus países. Los judíos hispanoamericanos asquenazíes y sefardíes forman parte, una vez más, de Sefarad (España) y su legado. De alguna manera los podemos llamar los nuevos sefardíes, gestores y constructores, forjadores de la América moldeada por manos aborígenes e inmigrantes.
Notas:
1. Utilizamos el gentilicio sefardí para indicar a los judíos descendientes o influenciados por la cultura creada por los judíos en la España medieval. Desde el siglo XI, aproximadamente, la palabra hebrea Sefarad pasó a denotar a la Península Ibérica o España.
2. Margalit Bejarano: La comunidad hebrea de Cuba – la memoria y la historia, Instituto Abraham Harman de Judaísmo Contemporáneo, Universidad Hebrea de Jerusalem, 1996. Pág. 18.
3. El académico Haim Vidal Sephiha ha defendido la utilización de «ladino» sola y únicamente como traducción del hebreo calco y ha resaltado que el ladino no se habla. Ver de su autoría: «El judeoespañol: una herencia europea» en Sefárdica XI, CIDICSEF, Buenos Aires, 2001, pág. 124. En el mismo sentido, otro académico nos muestra un ejemplo del ladino tomado de una traducción calcada del hebreo, extraído del Génesis (27:3) «I Israel amava a Yosef mas ke todos sus ijos ke hijo de vejezes el.» que se traduce como «Israel amaba a Yosef más que todos sus hijos porque los había tenido en la vejez…». Salvador Benadava Cattan. «De dónde venimos, quiénes somos, hacia dónde vamos». En Sefárdica XV, El Judeoespañol. Una lengua exiliada. CIDICSEF, Buenos Aires. Pág. 168.
4. Para ampliar en el conocimiento de este idioma véase en idioma español : Mario E. Cohen (compilador) Sefárdica Nª: 15 .El Judeoespañol. Una lengua exiliada, CIDICSEF, Buenos Aires, 2005. Mario Eduardo Cohen. (director) Sefárdica Nª: 16. El judeoespañol/2 Djudezmo y jaquetía, CIDICSEF, Buenos Aires, 2006. M. L. Wagner. Caracteres Generales del judeo-español de Oriente, Madrid, 1930. David M. Bunis. El idioma de los sefardíes: Un panorama histórico en Moreset Sefarad. El Legado de Sefarad. Editado por Haim Beinart, Jerusalén, 1993, págs. 414 a 437. Elena Romero (editor literario), coordinado Iacob M. Hassan y Ricardo Izquierdo Benito. Sefardíes. Literatura y Lengua de una Nación Dispersa. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca, 2008. José Menascé. El Judeoespañol y los sefardíes. Un fenómeno olvidado, Pág. 121 a 134 y María Cherro de Azar. El judeoespañol está presente, pág. 11 a 17 ambos en Boletín de la Academia Argentina de Letras, Tomo LXXI N.° 283-284. Enero/abril de 2006. Paloma Díaz-Mas. Los sefardíes: Historia, lengua y cultura, Riopiedras, 2006 En otros idiomas véase: S. Marcus. La Lengua judeo-española. Jerusalén, 1965 (en hebreo); R Renard, Sépharad: Le monde et la langue judeo-espagnole des Séphardim, Mons (Bélgica) 1966. Haim Vidal Sephiha. Le judeo-espagnol, París, 1986.
5. Para mayor conocimiento de este idioma sugerimos consultar: Isaac Benharroch B. Diccionario de Haquetía. Guía esencial del dialecto de los judíos del norte de Marruecos, Asociación Israelita de Venezuela, Centro de Estudios Sefardíes, University of Miami, Caracas, 2004.
6. Isabel Molina Martos. Sociolingüista del español en el Norte de África. En Biblioteca de Recursos Electrónicos en Humanidades, E-Excelence, 2006. Pág. 8.
7. David Cazés. «Rapport sur les ècoles de l’Alliance de tanger et de Tetuán» , Bulletin de l’Alliance Israélite Universelle, 1884-85, pág.52. Citado por Victor Mirelman en «Los sefardíes en Latinoamérica después de la Independencia», Sefárdica Nº11, CIDICSEF, 1996, Buenos Aires. Pág. 66.
8. Citado por Günter Böhm. Judíos en el Perú durante el siglo XIX. Santiago, Universidad de Chile, 1985. Pág 102.
9. Santiago Saltiel. «El Barón Mauricio de Hirsch y la colonización judía en la Argentina». En Nosotros. Centro de Estudios Judaicos y Sionistas. 1989. Pág.190.
10. Haim Avni. Argentina y las migraciones judías. De la Inquisición al Holocausto y después. Editorial Mila, Buenos Aires, 2005. Págs. 215 y 201.
11. Diana Epstein. «Maestros Marroquíes. Estrategia educativa e integración. 1892-1920» en Anuario IEHS, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro, 12, 1997, Tandil, Argentina.
12. Diana Epstein, Op. Cit. Pag.359-350. AIU. Correspondencia. Prof. Haym, 29/9/1892, Colonia Mauricio, Argentina IV 0 8. Archivo AIU. París.
13. Diana Epstein. «Maestros Marroquíes. Estrategia….», Op. cit , pág. 364: AIU. Correspondencia. Prof. Sabah, 3/6/1898, Colonia Clara, Argentina 1 0 2. Archivo AIU, París.
14. Mario Eduardo Cohen. La emigración asquenazí en Hispanoamérica. Los «nuevos sefardíes» en América y los judíos hispanoportugueses. Coordinado por Fernando Díaz Esteban. Real Academia de Historia. Madrid, 2009. Págs. 221 a 246.
15. Salvador Benadava Cattan. Op. Cit. Pág. 193.
16. Diana Epstein. «Judíos de Marruecos en Argentina. La inmigración política (1955-1970)» en Estudios Migratorios Latinoamericanos, abril 2006, Nº 59, Buenos Aires. Entrevista testimonial realizada a Moisés Benaim en julio del 2005. Pág.79.
17. Estela Levy. Crónica de una familia sefaradí. Buenos Aires, Carcos, 1983. Pág.20.
18. Helene Gutkowski. Érase una vez Sefarad. Los sefaradies del Mediterráneo. Su Historia. Su Cultura. Lumen, 1999. Pág. 384.
19. Helene Gutkowski. Op. Cit. Pág. 429.
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Las Provisiones de expulsión de 1492: vigencia en el espacio y en el tiempo
VISTA POR LOS CRONISTAS JUDÍOS DE LA ÉPOCA
Por el Dr. MARIO EDUARDO COHEN
Medio: Nueva Presencia. Fecha: Viernes 1° de junio de 1990 . Pag.: 5, 6 y 7
A casi cinco siglos de los hechos, al redactar este artículo no nos guía espíritu alguno de enemistad ni revanchismo. Sólo quisimos indagar en el modo de reacción humana, en este caso de los judíos, ante situaciones límite. Tales fueron las impuestas por un Decreto de Expulsión, inesperado tras una permanencia de casi quince siglos en la Península Ibérica y que representó, a no dudar, el hecho más traumático de la historia de los sefaradíes.
Desde América latina, lejanos en tiempo y lugar, tratando de sortear las limitaciones que dichas “lejanías” imponen, y en base a los aportes de los historiadores contemporáneos reconstruiremos el relato de los cronistas judíos de la época.
Actualmente hay consenso entre los grandes historiadores para señalar que el Decreto de Expulsión de los Judíos de Castilla, Aragón, Sicilia, etc. salió del “taller de la Inquisición”. 1
Trataremos por lo tanto, de internarnos en la forma de pensar y de historiar de los cronistas de aquella época. Se ha escrito mucho acerca de la expulsión de los judíos, pero poco respecto del modo de ver las cosas de parte de quienes fueron los contemporáneos cronistas de los hechos. Especialmente se ha descuidado el relato de los cronistas judíos víctimas de tales acontecimientos.
LOS EXPULSADOS TENÍAN ESPERANZA
Así, cuatro cronistas judíos de la época dejaron testimonios. Son hombres muy poco citados, y aún más, no se conocieron tampoco entre sí. Tales fueron Abraham ben Shlomó Ardutiel (o Torrutiel), Shlomó ibn Verga, Isaac Abravanel e Iosef Ha Cohen.
Nos dice al respecto el moderno historiador Itzhak Baer: “La mente de los escritores pertenecientes a la generación de la Expulsión estaba toda ella puesta en los cálculos apocalípticos, y en las meditaciones de arrepentimiento, y todos ellos profetizaban la misma cosa, cada uno en su lenguaje”. 2
El historiador contemporáneo Julio Baroja agrega que “los judíos se veían sometidos a los peligros de una diáspora, de una nueva dispersión. Les había invadido un espíritu mesiánico que les hacía esperar milagros”. 3
Por su parte, el cronista Imanuel Aboab afirma que “de manera que no tuvieron los Reyes de Castilla causa porque desterrarnos de sus Reinos, mas de la que manifestaron de que incitamos a sus nobles a judaizar”. 4
Estos cronistas son quienes recuerdan la acusación formal de “proselitismo judío” con lo que el edicto da cuenta, al expresar que “desterraron a los judíos de su país para que no volvieran a marchar los conversos por las vías de aquéllos”. 5 Estas crónicas fueron escritas ya en años posteriores a los hechos, y cuando se comenzaba a entender que el Edicto sería inderogable. La mayoría de los judíos debió haber creído en un principio, que la expulsión sería circunstancial y pasajera, como había ya ocurrido con anterioridad con otras expulsiones en la historia de las judíos españoles.
FIDELIDAD JUDÍA DE LA GENTE DE MENORES RECURSOS
Fue así que en algunos casos escondieron los judíos sus pertenencias esperando materializar un pronto retorno, y la mayor parte de ellos apenas cruzó las fronteras, dirigiéndose hacia Navarra o Portugal, mientras que una minoría anclaría en los Estados italianos, el Magreb o el Imperio Turco. El cabalista rabí Ardutiel afirma entonces que “muchos de los judíos, sus magnates notables y jueces, permanecieron en sus casas y trocaron su religión ... Fueron muy pocos los que se aprestaron para la salida”. 6 Iosef Iaabes, por su lado, agrega que: “casi todos se convirtieron al Cristianismo aquel día amargo”. 7
Aunque en la actualidad la historiografía moderna rechaza tal supuesto, ya que si bien es cierto que hacia fines del siglo XV el remanente judío era pequeño, la mayoría -y especialmente aquella parte del pueblo de bajos recursos- habría optado por el destierro. El cronista Benito de Cárdenas llega a afirmar que “ ... fuéronse los que tenían poco caudal, e los demás estuviéronse” (o sea que se quedaron los de mayores recursos).
Shlomó ibn Verga ha sido uno de los autores religioso-tradicionalistas de la época que más detalles brindó en algunos aspectos. Así, respecto de la insinceridad de muchos de los bautizados involuntariamente para mantener el status en el país, escribió que “ ... ya fue dicho de antiguo que hay tres aguas que se pierden por completo: el agua del bautismo derramada sobre un judío, el agua que cae en el mar y el agua que cae en el vino”.
Y queremos también recoger de este cronista una anécdota referida a las expulsiones que si bien da cuenta del destierro de una pariente que opta por marcharse a Portugal, es válida para todas las situaciones de expulsión. Cuenta Shlomó ibn Verga que su pariente dejó a manera de advertencia tres palomas con leyendas a la entrada de aquella finca. El uno, desplumado y degollado tenía sobre sí una sentencia que dejaba leer: “Éstos son los que dejaron la marcha para el final”. El segundo estaba vivo, aunque desplumado, y portaba sobre sí la siguiente frase: “Éstos son los que salieron en tiempo intermedio”, y finalmente el tercer palomo gozoso de plumas y buena salud tenía sobre sí la leyenda que decía: Éstos son los que se fueron primero”. 8
VIENDO LA ANGUSTIA DE MIS HERMANOS TODA MI ALEGRÍA SE TORNABA EN LLANTO
Por su parte, mientras que la mayoría de los cronistas se rebelaba contra su suerte, Isaac Abravanel (padre del célebre León Hebreo) se expresaría en otros términos al afirmar que la expulsión fue la prueba decisiva por lo que pronto llegaría el Mashíaj salvador del Pueblo. 9
En el “Comentario del Deuteronomio”, Isaac Abravanel añade, respecto de los años posteriores a la expulsión, en una visión moralista de la historia, que: “Yo tampoco, por mis pecados, escapé de los robos, y toda mi alegría se tornaba llanto, viendo la angustia de mis hermanos y esperando siempre que el Ser supremo los libertase”. 10 A lo que agrega Shlomó ibn Verga en la “Vara de Judá”: “Él, en gracia a los que sufrieron, perdone sus pecados, y a sus aflicciones diga ‘basta’ “. 11
Dice al respecto el cronista R. Iosef Iaabes en su obra Luz de la vida (“Or-ha-Jaím”) en el capítulo dos, que: “A vosotros, hombres, yo os llamo desde la diáspora de España, de donde fuistéis expulsados por vuestros numerosos y grandísimos pecados, la mayoría de los que se enorgullecieron de su sabiduría casi todos se convirtieron al cristianismo aquel día amargo, mientras las mujeres y los humildes entregaban su cuerpo y sus bienes por la santificación de su Creador”. 12
Abravanel hace coincidir la salida de los judíos de España con el 9 de Av (2 de agosto de 1492), aniversario de la destrucción del Templo. Pero lo más lógico, como lo admite Ardutiel, es suponer que no se fueron todos en la misma fecha. 13
La impotencia ante la tremenda situación es comentada por Ibn Verga con estas palabras: “No sabían los judíos lo que era un arma ni cómo se hacía, la voluntad de Dios no los acompañaba y suscribieron como rebaño sin pastor. No se encontró siquiera a uno que se atreviera a dar la propuesta decisiva y fuerte para salvar sus almas de estas tristes expulsiones. Héte aquí la prueba más clara de que los judíos tenían tendencia a entregarse. Lo lógico es que sean vencidos por los pueblos, pues los judíos son pocos y débiles”.
CONCLUSIÓN
Las crónicas desgarradoras muchas veces nos recuerdan al Holocausto del siglo veinte contra los judíos. De allí que la historiadora Anita Novinsky llame a la Expulsión el “Holocausto sefardí”.
Vemos cómo, con ingenio, los cronistas judíos muestran el dolor de una realidad que les golpea. Algunos de ellos critican a la Reina, supuesta autora del Decreto, otros coinciden en señalar la actitud de los más pudientes que habían elegido quedarse.
En síntesis, los cronistas judíos de la época reaccionaron de manera dispar, aunque fueron coincidentes en buscar como causa una autocrítica moral hacia el propio pueblo perseguido. El fermento estaba dado para que algunas décadas más tarde en este clima, alcancen fundamental importancia el misticismo y el mesianismo.
Cabría cerrar estas líneas con un pensamiento respecto de estos cronistas que pertenece a Itzhak Baer, quien expresó que: “Todo un mundo quedó destruido ante sus ojos, y sin embargo, las bases de su pensamiento no se desmoronaron”. 14
NOTAS
1. Itzhak Baer. Historia de los Judíos en la España cristiana. 2° Parte. Madrid, 1981. Traducción del hebreo por José Luis Lacave, pp. 646 y sig.
2. Ibídem, p. 653.
3. Julio Caro Baroja. Los Judíos en la España moderna y contemporánea. Tomo 1, p. 195. Madrid, 1978.
4. Imanuel Aboab en Nomología. Citado por Julio Caro Baroja en p. 291.
5. Iosef HaCohen. Emek a Bajá. Citado por Pilar León Tello en Judíos de Toledo. Tomo 1, p. 355. Madrid, 1979.
6. Citado por Itzhak Baer. Op. cit., p. 791.
7. Ibídem, pág. 790.
8. Reproducido por Rita Amram. Maguén.
9. Isaac Abravanel. Las Fuentes de la Salvación. Citado por Luis Suárez Fernández en Judíos Españoles en la Edad Media, p. 275. Madrid, 1980.
10. Citado por José Amador de los Ríos. Historia Social, Política y Religiosa de los Judíos de España y Portugal, p. 723. Madrid, 1960 en la reedición de Editorial Aguilar.
11. Citado por Luis Suárez Fernández. Judíos Españoles en la Edad Media, ediciones Rialp S. A., Madrid, 1980, p. 275.
12. Citado por Itzhak Baer. Op. cit., p. 790.
13. Pilar León Tello. Op. cit., p. 353. Nota 26.
14. Itzhak Baer. Op. cit., p. 653.
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La sociedad civil que pudo enfrentar al Ejército nazi
En estos días se conmemora el 80 aniversario de la milagrosa salvación de 49.000 judíos búlgaros durante la Segunda Guerra Mundial, un hecho poco desconocido, que merece ser conocido
Parecería que el 10 de marzo de 1943 no pasó nada importante en la historia, sin embargo ese día se evitó una masacre. Justamente por lo que no ocurrió se recuerda esta fecha oficialmente en Bulgaria.
En estos días se conmemora el 80 aniversario de la milagrosa salvación de 49.000 judíos búlgaros durante la Segunda Guerra Mundial, un hecho prácticamente desconocido, que merece ser estudiado y que genera profunda reflexión.
En el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí, CIDICSEF, se realizó, en febrero, un encuentro sobre el tema, en el que participaron el destacado historiador Dr. Mario Sinay, de Israel, y el embajador de Bulgaria, Stoyan Miahylov. Consideramos que las conclusiones de esa jornada son valiosas para toda la sociedad.
La comunidad hebrea, en su mayoría sefardita, tenía varios siglos de integración a la sociedad de Bulgaria. Durante la Segunda Guerra Mundial, Bulgaria se alió, en 1941, con los nazis. Estos recompensaron este acuerdo entregando los territorios de Tracia y Macedonia.
El parlamento, con mayoría nacionalista, dictó leyes antisemitas que limitaban los derechos y posesiones de los judíos. Por presión de los nazis, el pacifista rey Boris III se vio forzado a aceptar la deportación de los 11323 judíos (no búlgaros) de los territorios ocupados de Tracia y Macedonia. Este avasallamiento enervó a toda la sociedad.
Se conoció, por una infidencia, que el 10 de marzo de 1943 sería la fecha de la deportación de los judíos búlgaros. La reacción de la sociedad civil fue inmediata. En el parlamento, 43 diputados solicitaron la anulación de la medida. Presionados, varios diputados se retractaron. Dimitar Peshev, vicepresidente del parlamento, no se retractó y debió renunciar.
Se comenta que Cirilo, el metropolitano de la iglesia ortodoxa de Plovdiv, se acostó sobre las vías del ferrocarril para evitar la deportación. El exarca Stefan I, de Sofía, refugió al gran rabino de Bulgaria en su casa.
Finalmente, los judíos búlgaros fueron traslados al interior para realizar trabajos forzados, pero todos sobrevivieron.
Esta salvación es un ejemplo único, por su dimensión, en la historia de la Shoá, ya que la sociedad civil, las autoridades de la iglesia ortodoxa y una parte del gobierno se opusieron a las represalias del ejército nazi, el más poderoso de la época. En efecto, los órganos de la sociedad como las asociaciones de médicos, abogados, escritores y una parte del parlamento salieron en defensa de los judíos. Incluso hubo manifestaciones masivas a su favor, con el lema “Viva Bulgaria, patria de todos sus hijos”.
Algo similar, en menor escala, ocurrió en Dinamarca. En 1943 la acción conjunta de las organizaciones sociales y religiosas, la policía y los pescadores consiguieron salvar a más de 7200 judíos, llevándolos por mar a la neutral Suecia, que recibió a los refugiados.
Otro caso muy significativo fue la recepción de centenares de refugiados judíos por parte de los musulmanes albaneses. El Museo Yad Vashem (Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá) señala: “Los albaneses competían por ayudar a los perseguidos”.
En los tres casos mencionados, la gente común y las organizaciones de la sociedad civil pudieron oponerse a la deportación de gente inocente. Estos hechos son una muestra más de que la fuerza mancomunada de la sociedad puede contra los autoritarismos.
Una reflexión final. Nos preguntamos por qué estas actitudes fueron solo la excepción. Qué habría pasado si en otros países la sociedad civil y las iglesias se hubiesen opuesto firmemente a los nazis.
Los historiadores y pensadores nos deben una respuesta.
Mario Eduardo Cohen es Presidente del CIDICSEF
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Las festividades judías y el lugar del prójimo.
Según estudios realizados por investigadores del Conicet, la mayoría de la población argentina se considera “creyente” en las religiones establecidas, aunque también en otras formas de expresión de la fe.
Este mes de abril, debido a las distintas fases de la luna tenemos una triple coincidencia que se da muy pocas veces. Los creyentes argentinos y de todo el mundo, ya sean judíos, cristianos o musulmanes, se encuentran celebrando alguna de sus festividades principales que tienen origen milenario. En efecto, las tres religiones monoteístas, que representan a la mitad de la población mundial, estarán orando al mismo Dios, según sus respectivas costumbres y modalidades.
Vayamos al detalle de cada una. El calendario musulmán es lunar. Desde el 2 de abril y hasta el 2 de mayo es el mes del Ramadán. Respetar este período es uno de los pilares centrales del Islam. Se trata de un mes completo dedicado al ayuno (durante los horarios de sol) y a la reflexión, comunidad y caridad. La creencia dice que en esta época le fue revelado el Corán al profeta Muhammad. Según el Islam, los pecados son “quemados” (“Ramadán” significa “ardiente” o “quemado”).
Ocurre que el calendario musulmán, al ser lunar de doce meses, tiene once días menos que el calendario solar, por lo que el mes del Ramadán va rotando hacia atrás durante el año solar. Por ejemplo: el año próximo comenzará el 21 de marzo; el siguiente, el 9, y así sucesivamente.
Raramente, entonces, el mes de Ramadán podrá cubrir a todas las Pascuas.
Como es sumamente conocido, la Pascua cristiana recuerda la crucifixión y la resurrección de Jesucristo, por lo tanto es una festividad central dentro la fe cristiana.
Para calcular la fecha de la Pascua católica y evangélica, se toma el equinoccio del 21 de marzo del calendario gregoriano y se busca la primera luna llena posterior. El Domingo de Pascua fue el primer domingo siguiente a dicha fecha. Este año, la luna llena apareció el sábado 16 abril, por lo que el Domingo de Pascua correspondió al 17. Así, los días de la Semana Santa fueron los días que la precedieron. En cambio, todavía estamos en el período previo a las Pascuas de las Iglesias Ortodoxas cristianas, que se celebrarán el 24 de abril (ellos se guían por el calendario juliano).
El plenilunio del 16 de abril también generó el inicio de la Pascua hebrea o Pésaj, que se festeja hasta el sábado 23. Se trata de fiesta religiosa más antigua de Occidente, pues se comenzó a festejar hace más de tres milenios. Recuerda la liberación de la esclavitud del pueblo de Israel en el Egipto de los faraones.
En síntesis, se trata del nacimiento del pueblo hebreo, generador de las ideas del monoteísmo ético, de la igualdad de los seres humanos ante el Creador, del respeto por el extranjero, del descanso semanal y de la solidaridad con el semejante.
En conclusión, en este mes de abril, los musulmanes, cristianos y judíos celebran casi al mismo tiempo sus respectivas festividades y recuerdan los principios éticos universales enunciados hace ya milenios
Mario Eduardo Cohen es Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDICSEF)
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Sabato, sobre la soberanía y la Justicia internacional
En mayo de 1960, un comando israelí captura secretamente en Buenos Aires al criminal de guerra nazi, Adolf Eichmann, trasladándolo a Israel para ser juzgado. El 17 de junio, Ernesto Sabato publica su artículo "Soberanía para carniceros" en el diario El Mundo, en el que se pregunta cómo y por qué entró a nuestro país tamaño genocida, mientras reivindica el derecho a enjuiciarlo por sus crímenes.
En mayo de 1960, un comando israelí captura secretamente en Buenos Aires al criminal de guerra nazi, Adolf Eichmann, trasladándolo a Israel para ser juzgado. Eichmann había sido el responsable de la Oficina de Asuntos Judíos de la Cancillería del Reich y coordinó la deportación para el exterminio por lo menos de 1.500.000 personas.
Fugitivo, en la posguerra, con identidad ficticia y pasaporte de la Cruz Roja, consigue refugiarse en la Argentina en 1950. Hacia mayo de 1960 la legislación argentina –que todavía no había incorporado los modernos conceptos de crímenes de lesa humanidad- consideraba prescriptos los hechos de la Segunda Guerra Mundial, por lo que rechazaba los pedidos de extradición de distintos criminales nazis.
Hoy sabemos que al gobierno de Israel le llevó tres años encontrar al criminal nazi y actuó de este modo dado que si pedía la extradición sería rechazada.
En junio, el gobierno democrático argentino —presidido por Arturo Frondizi— reacciona enviando un ultimátum a Israel, exigiendo la devolución del prisionero (incluso lleva el asunto a las Naciones Unidas). En el mismo sentido la mayoría de la prensa se escandaliza por lo que llaman “violación de la soberanía” por la forma en que se lo sacó del país. Braman por ello, los nacionalistas, antisemitas y filonazis. Entonces Ernesto Sabato —en un muy valioso alegato— responde magistralmente con su artículo “Soberanía para carniceros” (Diario “El Mundo”, 17 de junio de 1960). Aquí se pregunta cómo y por qué entró a nuestro país tamaño genocida, mientras reivindica el derecho a ser juzgado por sus crímenes.
Leemos allí: ”… Comprendo que esto significa una violación de la soberanía. Y así lo hace notar nuestro gobierno con energía. Lástima que esa energía no se haya demostrado para localizar a estos criminales que se albergan burguesamente en nuestro territorio, para ver cómo entraron, con qué documentos y con el apoyo de quién…”.
Luego sostiene: “… aquí está en juego otra soberanía, y es la del ser humano, el supremo derecho de justicia cuando hay de por medio una masacre y la tortura de un pueblo…”. Ya entonces Sabato se adelanta varias décadas al moderno concepto de justicia universal para los crímenes de lesa humanidad.
Y continúa el texto: “… el monstruo que organizó y dirigió esta operación satánica pudo refugiarse en nuestro país como tantos otros de pareja monstruosidad…”.
La valiente nota de Sabato —que le valió amenazas de muerte por grupos nazis argentinos— tuvo enorme repercusión internacional; y fue citada reiteradamente por tratadistas del derecho, diplomáticos, legisladores.
Un mes y medio después de publicada dicha nota, Argentina acepta la disculpa israelí, reanudándose las relaciones entre ambos países. En un histórico juicio en Jerusalén, el fallo determina la culpabilidad de Eichmann, que es ejecutado en 1962.
Siguiendo la parábola bíblica del Génesis podríamos decir que Sabato fue uno de los diez hombres justos capaces de salvar a una sociedad.
Mario Eduardo Cohen es presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDICSEF).-
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Las primeras Pascuas en soledad: volver a la solidaridad
Este mes de abril coincidirán algunas de las festividades más importantes de las tres religiones monoteístas. Situación que se da raramente (cada tres décadas). Este año tendremos varios días en común entre la Pascua Judía y la Semana Santa católica (y protestante). Es que ambas festividades se rigen por la luna llena.
La Semana Santa contiene el plenilunio (se trata del primero posterior al 21 de marzo) y la semana del Pésaj (o Pascua hebrea) comienza habitualmente, el 15 del mes hebreo de Nisán, con el plenilunio de abril o marzo. Además, éste año se agrega, a partir de la Luna nueva del 24 de abril, el comienzo del mes sagrado de los musulmanes: el Ramadán. ¡Nuestro satélite natural parece llamarnos a la convivencia!
Pero éste abril lo habremos de recordar también por la angustia y el temor que nos produce la actual pandemia. Por primera vez, estas magnas festividades las celebraremos recluidos en soledad, lejos del “mundanal ruido”. Estas fechas tradicionales refuerzan nuestra necesaria y saludable introspección, ahora acelerada por la cuarentena. Este aislamiento nos hace recordar, en todo momento, que necesitamos del otro y de los otros. Hoy más que nunca corresponde recordar las palabras del filósofo Emmanuel Lévinas: “Yo no soy el otro pero no puedo ser sin el otro”.
Hablemos ahora del Pésaj que comienza hoy. ¿Qué recuerda la Pascua hebrea o Pésaj? ¿Es, meramente –como algunos creen- la Fiesta de los Panes sin levadura, o es mucho más?
El Pésaj es la más antigua festividad religiosa de Occidente y celebra la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Mizrahim (Egipto) hace unos tres milenios. Es también el nacimiento del pueblo de Israel, creador de la ideas del monoteísmo ético y de numerosas leyes de convivencia para todos los tiempos.
El sufrimiento de la esclavitud dio origen a unos cincuenta preceptos morales bíblicos que siguen teniendo plena vigencia. Sólo a manera de ejemplo recordaremos dos: “No quitarás el derecho del extranjero ni del huérfano ni tomarás en prenda el vestido de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto…” (Deut. XXIV, 17) “Cuando el extranjero habitare en vuestra tierra, no lo oprimiréis… Y lo amarás como a ti mismo, porque extranjero fuisteis en la Tierra de Egipto” (Lev. XIX, 33 y 34).
Según la tradición se prescinde en Pésaj por una semana del pan dilatado por la levadura (en hebreo jametz). El jametz fue comparado con la soberbia. La sociedad moderna -en su afán de hacernos buenos consumidores- engrandece exageradamente nuestro individualismo. Se nos pide en estos días volver a la modestia del pan sin levadura.
Para finalizar, no estamos viviendo hoy tiempos bíblicos y no tenemos a Moisés para que nos guíe en la travesía cuando finalice la pandemia. Hay un sólo enemigo común: el virus. En aquella oportunidad fue el pueblo hebreo el que inició el camino hacia la libertad. Pronto toda la humanidad comenzará la travesía, seguramente algo mejores si es que en éstas días hemos aprendido algo sobre la necesidad de solidaridad con el otro.
Felices Pascuas! ¡Jaq Pésaj Sameaj! ¡Ramadán Mubarak!.
Mario Eduardo Cohen es presidente de CIDICSEF (Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí)
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Auschwitz: ¿la civilización llevó a la barbarie?
Los historiadores se siguen preguntando ¿cómo la “civilización” pudo llevar a la barbarie? Y se contesta Ian Kershaw: “Frente a Auschwitz, la capacidad del historiador resulta insignificante”. El filósofo español Reyes Mate llama al Holocausto “lo impensado que da que pensar”.
El 27 de enero de 1945, hace 75 años, el ejército soviético entró en Auschwitz y liberó a los pocos prisioneros que quedaban en el campo. Los restantes, obligados a caminar en la “Marcha de la Muerte”. A partir de ese día, Auschwitz es sinónimo de la más cruel noche de la historia. En menos de cuatro años son asesinados en Auschwitz 1.100.000 personas (en su mayoría judíos) con “eficiencia industrial”. Inicialmente se utilizan las personas como esclavos y luego sus cuerpos.
Los nazis se ocuparon primero de tergiversar el lenguaje, lo que Anson Rabinbach llama “la catástrofe de la palabra”. Así, hablan de “insectos a exterminar”, supuestas “razas inferiores”, “solución final”, llamando “duchas” a las cámaras de gas… Auschwitz-Birkenau, el más grande campo de la muerte, no fue el único de este tipo y la masacre durante el Holocausto (Shoá) se realizó con diversos métodos, incluyendo el fusilamiento a sangre fría de más de 1.000.000 de judíos (y otras minorías) por los grupos de tareas nazis en el territorio invadido de la Unión Soviética. La mayoría de sus comandantes, tenían estudios superiores y universitarios. Y doctores en derecho era la mitad de los asistentes que en la conferencia de Wannsee deciden el asesinato masivo de los judíos europeos.
Raoul Hilberg nos interpela: “¿No estarían Uds. más contentos si se hubiera logrado demostrar que todos los perpetradores estaban locos?” y nos sorprende con una dolorosa respuesta: “los ejecutores fueron hombres educados y de su tiempo”. Agrega Yehuda Bauer: “nada hay más peligroso que asesinos masivos inteligentes”.
Para Zygmunt Bauman, “el Holocausto se gestó y se puso en práctica en nuestra sociedad moderna y racional, en una fase avanzada de nuestra civilización y en un momento álgido de nuestra cultura y, por esta razón es un problema de esa sociedad, de esa civilización y esa cultura”. Lo reconfirma Daniel Rafecas al señalar que “Auschwitz ha sido un producto de nuestra modernidad”.
Los seres humanos tenemos dos herramientas contra la barbarie: la memoria y la educación. Para Theodor Adorno, “la exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas en la educación”.
En síntesis, no se trata de recordar un pasado “pasado” sino un pasado “presente”. Hoy han resurgido los autoritarismos, los partidos ultranacionalistas racistas y antisemitas son una realidad. Los negadores del Holocausto siguen ciegos ante las evidencias (Pierre Naquet los llamó “los asesinos de la memoria”). ¡En 75 años la humanidad ha aprendido muy poco de la historia!
Nos preguntamos: ¿Puede haber nuevos genocidios? Adorno responde: “la barbarie persiste mientras perduren en lo esencial las condiciones que hicieron madurar esta recaída”.
En relación al 75 Aniversario, esta semana el Papa acaba de señalar enfáticamente: “Si perdemos nuestra memoria, destruimos nuestro futuro”.
Mario Eduardo Cohen es presidente de CIDICSEF (Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí)
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Pascuas, Pesaj y el compromiso con el otro
¿Por qué la Pascua católica y la judía varían de año en año? ¿Por qué suele haber días en común (aunque no siempre) entre la Semana Santa y la semana de Pascua judía? Es que ambas festividades se fijan por la luna llena de esta época.
La Semana Santa contiene el plenilunio (se trata del primero posterior al 21 de marzo) y la semana del Pésaj (o Pascua hebrea) comienza habitualmente con el plenilunio de abril o marzo (siempre el 14 del mes de Nisán).
Nos encontramos este año en la semana de la festividad del Pésaj, coincidente en varios días con la Semana Santa católica y protestante, gracias a la luna llena del 19 de abril.
El Pésaj es la celebración religiosa más antigua de Occidente. Recuerda la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Mizrahim (Egipto) hace algo más de tres mil años.
La festividad tiene su centro en una reunión familiar para “contarle a tus hijos que fuimos esclavos” y que por lo tanto sabemos de su dolor y que se luchó para conseguir la libertad, que debe siempre defenderse.
En el Pésaj se expresan valores permanentes inherentes a toda época y lugar, la citada libertad (individual y colectiva), la igualdad del nacido en el país con el extranjero (EX: XII-40), la liberación de los oprimidos, el interés por el sufrimiento humano y la no discriminación.
¡El relato histórico sirve para darnos una lección ética para todos los tiempos!
Es bueno recordar los párrafos bíblicos justamente en un momento que los nacionalismos y la xenofobia excluyen a los extranjeros y no les dan derecho a los refugiados.
“No torcerás el derecho del forastero, ni del huérfano, ni tomarás en prenda el vestido de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto…” (Deut. XXIV, 17).
“Cuando el extranjero habitare en vuestra tierra, no lo oprimiréis… Y lo amarás como a ti mismo, porque extranjero fuisteis en la Tierra de Egipto” (Levítico XIX, 33 y 34).
Al respecto, el filósofo Maimónides (siglo XII) reflexiona sobre este tema y dice que “amar al extranjero” es mucho más que “honrar y respetar” a nuestros padres (un sentimiento natural) que ordena el Decálogo.
La tradición se vale de objetos simbólicos para recordar aspectos éticos. Se dice por ejemplo que la matzá (pan sin levadura) es “este es el pan del aflicción que comieron nuestros padres en Egipto”.
La matzá es recordar la pobreza de los esclavos.
Las verduras amargas (en hebreo “maror”) son para recordarnos la amargura y es también memoria de la angustia y compromiso con el sufrimiento del otro.
El poeta Moacys Scliar señala respecto a la festividad del Pésaj: “Esta noche recordamos. Recordamos a los que fueron esclavos en Egipto, a aquellos sobre cuyas espaldas restallaba el látigo del faraón.
Recordamos el hambre, el cansancio, el sudor, la sangre y las lágrimas….
Recordamos el desamparo de los oprimidos frente a la arrogancia de los poderosos.
Recordamos con alivio: es el pasado.
Recordamos con tristeza: es el presente.
Todavía existen faraones. Todavía existen esclavos” En síntesis, ambas Pascuas nos invitan a volver a la olvidada ética de la solidaridad. ¡Felices Pascuas!
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Con la aparición de la primera estrella, este domingo se inicia el Año Nuevo hebreo 5779
Con la aparición de las primeras estrellas y de la luna nueva, el domingo 9 al anochecer se inicia el Año Nuevo hebreo 5779 (se celebra por dos días).
Las llamadas Altas Fiestas judías que se inician a partir de esta celebración (conocida, habitualmente, con el nombre en hebreo de Rosh Hashaná -literalmente: cabeza del año-) se continúan con varias otras conmemoraciones (entre ellas la muy solemne del Iom Kipur o Día del Perdón, el miércoles 19 de septiembre comenzando la noche anterior) concluyendo al inicio del mes de octubre.
Las Altas fiestas judías son un momento de re-unión, para volver a ver a la familia y los amigos, un momento de religión en su sentido original de re-ligare con el Creador y un momento para re-pensar el tiempo.
Podemos señalar algunos aspectos novedosos de la festividad hebrea del inicio del año. Para comenzar, diremos que, como muchas otras celebraciones judías, tiene carácter agridulce. Por una parte, su costado festivo en las reuniones familiares y por otro, también es de resaltar su aspecto solemne en la introspección, autoanálisis y rectificación de conductas. Se trata del llamado balance del alma. Esta celebración excede los tradicionales servicios en las sinagogas y comprende también rituales que se cumplen en el hogar como, por ejemplo, llevar a cabo la muy colorida tradición de compartir una manzana untada en miel para desear un año prospero y dulce.
Dice la tradición judía que, en Rosh Hashaná, debe nacer un ser humano nuevo y renovado a la manera de lo que sucedió en el momento de la Creación. Más exactamente, la festividad recuerda el sexto día (etapa) de la Creación en que el primer hombre y la primera mujer dan comienzo a la historia del mundo. Hagamos un poco de historia. Si bien estas festividades están reflejadas en la Biblia, escrita hace unos tres mil años, es en la etapa posbíblica que se les otorgó el profundo sentido espiritual que hoy tienen. A partir de la Edad Media, rabinos, pensadores y poetas de las juderías y guetos europeos agregaron a la liturgia numerosas plegarias. En esos sitios “germinó una increíble teología”, según se admiraba Jorge Luis Borges, que rubricaba: “Durante siglos, en toda Europa el pueblo elegido fue confinado en barrios que tenían algo o mucho de leprosarios y que, paradójicamente, fueron invernáculos mágicos de la cultura judía”.
En la tradición de estas fiestas judías hay tres tipos de comportamiento especialmente valorados (las tres t): la teshuvá, cuya traducción literal sería “retorno” (dado que se refiere al arrepentimiento, cuyas puertas están siempre abiertas); la tefilá, “plegaria”, y la tzedaká, que habitualmente se interpreta como “caridad”, pero que los más celosos del idioma y de la fundamentación teológica judaica sostienen que se trata de “justicia”, un concepto más amplio. El concepto central alude a que, dar al necesitado, es recomponer la justicia. En síntesis: se nos solicita para estas festividades una limpieza espiritual en las tres dimensiones humanas: teshuvá (retorno) con uno mismo, tefilá (plegaria) en nuestra comunicación con el Creador y tzedaká (justicia con el semejante) en nuestro compromiso con el prójimo.
Más de dos milenios después del profeta Isaías, nos señala el filósofo judío Emmanuel Levinas: “Jamás existimos en singular porque estamos relacionados con los seres y las cosas que nos rodean”, y agrega: “Yo no soy el otro, pero no puedo ser sin el otro”. En el mismo sentido se expresaba el cabalista Yehuda Áshlag cuando agregaba que a la tradicional pregunta sobre la naturaleza del sentido de la vida, le cabe una segunda pregunta, inquietante en su formulación: “¿Alguien se beneficia con mi vida?”.
Un detalle lo confirma, si bien varios párrafos bíblicos nos hablan del Rosh Hashaná no lo nombran así. Lo llaman, entre otros nombres, “Día del Recuerdo”. El recuerdo debe estar orientado a recordar el compromiso con el prójimo, recordar al necesitado, recordar nuestras acciones.
En cuatro milenios de historia judía, a cada una de las celebraciones se les han ido agregando diversos significados. Además del Día del Juicio, del Recuerdo y de la Creación es el Día de la Evocación de la Atadura del Patriarca Isaac (varias oraciones se dedican a esta prueba de fe de su padre, el patriarca Abraham), el Día del Toque del Shofar (Cuerno de Carnero), etc.
Profundizaremos en éste último nombre, Iom Teruá (Día del Toque del Shofar). Una de las ideas que expresan los rituales es la del mejoramiento moral. Concentrarnos en los errores cometidos nos posibilitará mejorar nuestro futuro comportamiento como miembros de la comunidad y parte activa de la humanidad. El universo puede ser mejor y para ello debemos ajustar nuestro obrar a los principios éticos. Estas celebraciones tienen el propósito de reconciliarnos con el Todopoderoso y con los demás seres humanos. Son jornadas destinadas a la introspección, al olvido de los agravios sufridos y a una auténtica y profunda reconciliación.
El sonido del Shofar es como una plegaria sin palabras. O, como sugiere una interpretación contemporánea, un llamado al hombre para que escuche el llanto de la humanidad.
Las costumbres
Según la tradición judía, durante las cenas de Rosh Hashaná la familia comparte un pan redondo para simbolizar el ciclo de la vida. Sobre la mesa iluminada con velas, se unta manzana con miel para que el año tenga dulzura. Una copa de vino dulce ritual es bebida, de a sorbos, por toda la familia. Por un sentido de pureza, hay quienes visten de blanco.
Para bendecir los alimentos se rezan oraciones especiales (berajot). Otros explican el significado de Rosh Hashaná o cuentan historias con moralejas de la tradición popular judía.
Conclusión
En síntesis, se trata de una época de buscar la hermandad de los seres humanos. Según la tradición, es una época apropiada para pedir disculpas por las ofensas cometidas y enmendar actitudes impropias hacia nuestros semejantes.
Las ideas de un mundo mejor nos retumban en una sociedad actual donde el individualismo ha llegado al extremo, en la que se profundizan las diferencias sociales, donde algunos nadan en la abundancia mientras otros tienen hambre y la justicia es un mero enunciado. Es hora de pensar en nuestros semejantes y para ello llegan estas festividades. La sociedad ideal no es la que tenga muchos bienes sino la que tenga el comportamiento ético como núcleo en su funcionamiento.
En conclusión: frente a la falta de compromiso que caracteriza a nuestras sociedades, este sentimiento de justicia o de caridad, sigue teniendo plena vigencia. Es una esperanza, renovada cada año, de rectificar conductas y perfeccionar nuestra actitud ética en el mundo. En ellas, los judíos rendimos culto al Creador y nos preocupamos también por la ventura de nuestros semejantes. Estas fiestas vienen de muy lejos en el pasado y nos proyectan hacia un futuro mejor. Su vigencia se expresa ya que transmiten su milenario mensaje porque su lenguaje es el de todos los tiempos. Y dan razón a la existencia de la sociedad humana contribuyendo a la plena armonía entre los hombres.
Si el lector quiere saludar a sus amigos judíos para tan importante ocasión, puede simplemente decirles: ¡Shaná Tová! (en hebreo) o en español: ¡Feliz año!
(*) El autor es Presidente del Centro de Investigación y difusión de la Cultura Sefardí (CIDiCSef).
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Festividades de abril: coincidencias entre judíos, cristianos y musulmanes
Según estudios realizados por investigadores del Conicet, la mayoría de la población argentina se considera “creyente” en las religiones establecidas, aunque también en otras formas de expresión de la fe.
Este mes de abril, debido a las distintas fases de la luna tenemos una triple coincidencia que se da muy pocas veces. Los creyentes argentinos y de todo el mundo, ya sean judíos, cristianos o musulmanes, se encuentran celebrando alguna de sus festividades principales que tienen origen milenario. En efecto, las tres religiones monoteístas, que representan a la mitad de la población mundial, estarán orando al mismo Dios, según sus respectivas costumbres y modalidades.
Vayamos al detalle de cada una. El calendario musulmán es lunar. Desde el 2 de abril y hasta el 2 de mayo es el mes del Ramadán. Respetar este período es uno de los pilares centrales del Islam. Se trata de un mes completo dedicado al ayuno (durante los horarios de sol) y a la reflexión, comunidad y caridad. La creencia dice que en esta época le fue revelado el Corán al profeta Muhammad. Según el Islam, los pecados son “quemados” (“Ramadán” significa “ardiente” o “quemado”).
Ocurre que el calendario musulmán, al ser lunar de doce meses, tiene once días menos que el calendario solar, por lo que el mes del Ramadán va rotando hacia atrás durante el año solar. Por ejemplo: el año próximo comenzará el 21 de marzo; el siguiente, el 9, y así sucesivamente.
Raramente, entonces, el mes de Ramadán podrá cubrir a todas las Pascuas.
Como es sumamente conocido, la Pascua cristiana recuerda la crucifixión y la resurrección de Jesucristo, por lo tanto es una festividad central dentro la fe cristiana.
Para calcular la fecha de la Pascua católica y evangélica, se toma el equinoccio del 21 de marzo del calendario gregoriano y se busca la primera luna llena posterior. El Domingo de Pascua fue el primer domingo siguiente a dicha fecha. Este año, la luna llena apareció el sábado 16 abril, por lo que el Domingo de Pascua correspondió al 17. Así, los días de la Semana Santa fueron los días que la precedieron. En cambio, todavía estamos en el período previo a las Pascuas de las Iglesias Ortodoxas cristianas, que se celebrarán el 24 de abril (ellos se guían por el calendario juliano).
El plenilunio del 16 de abril también generó el inicio de la Pascua hebrea o Pésaj, que se festeja hasta el sábado 23. Se trata de fiesta religiosa más antigua de Occidente, pues se comenzó a festejar hace más de tres milenios. Recuerda la liberación de la esclavitud del pueblo de Israel en el Egipto de los faraones.
En síntesis, se trata del nacimiento del pueblo hebreo, generador de las ideas del monoteísmo ético, de la igualdad de los seres humanos ante el Creador, del respeto por el extranjero, del descanso semanal y de la solidaridad con el semejante.
En conclusión, en este mes de abril, los musulmanes, cristianos y judíos celebran casi al mismo tiempo sus respectivas festividades y recuerdan los principios éticos universales enunciados hace ya milenios
Mario Eduardo Cohen es Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDICSEF)
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Auschwitz, cuando la humanidad perdió el rostro
Hace 73 años, un 27 de enero, se abrieron las puertas de Auschwitz y la humanidad se encontró con “el acontecimiento más monstruoso de la historia humana”, como lo calificara Norberto Bobbio. El nazismo quería generar un hombre autoritario, impiadoso, y sin responsabilidad para con los otros seres humanos. Y Auschwitz era apenas un engranaje dentro del sistema de asesinatos masivo de los judíos, conocido como “Holocausto” o preferentemente “Shoá” (también fueron asesinados patriotas católicos, homosexuales, discapacitados, distintas minorías). Auschwitz-Birkenau era un conjunto de campos de trabajo esclavo y de experimentación médica, al tiempo que una fábrica de la muerte. Allí fueron asesinadas por lo menos 1.100.000 personas.
Los nazis intentaron borrar las pruebas de su crimen. Destruyeron hornos, quemaron los archivos, ejecutaron a los sonderkomando. Pero lo acontecido era de tal magnitud que no pudieron ocultarlo.
Rudolf Höss, quien fuera su comandante de Auschwitz confesaba fríamente que, hacia 1943,: “Se llevaba a la gente a las cámaras de gas (…) Entraban de a 200, todos apretados (…) Normalmente se tardaba de 3 a 15 minutos en aniquilar a toda la gente, es decir, en que no quedasen signos de vida (…) En 24 horas se podía incinerar a 2000 personas en los cinco hornos”. Sin el menor remordimiento arguyó que cumplía órdenes: “Que fuera necesario o no ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones”. ¡Rudolf Höss se había olvidado totalmente de su condición humana y de la responsabilidad con nuestros prójimos!
Hubo también otros métodos, como el asesinato masivo por fusilamiento. Unos 3.000 soldados mataron en la ex URSS a más de un millón de personas. Historiadores y pensadores mantienen vivas las preguntas: ¿El Holocausto/Shoá es un producto de la civilización moderna o fue un carcinoma circunstancial que atacó el cuerpo social? ¿Estamos seguros de que no tendremos otros Auschwitz en el futuro? Se contesta el pensador español Manuel Reyes Mate: “El Holocausto judío perpetrado por los nazis no fue la obra de un loco, sino el final de un proceso que compromete a lo mejor de la civilización occidental (): ¿podemos pensar ya de espaldas a Auschwitz como si nada hubiera ocurrido?”.
Coincide Elie Wiesel, sobreviviente de Auschwitz: “Si olvidamos, somos culpables, somos cómplices”. Y agregaba en otra oportunidad: “una memoria que no tomase en cuenta el futuro violaría el legado del pasado. Recordar significa vivir en más de un mundo. Ser tolerante: ser comprensivo el uno para el otro…(). En aquellos días y noches la Humanidad perdió su rostro”.
La indiferencia del mundo facilitó el Holocausto /shoá. Señalaba Elie Wiesel: “que lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”.
Mario Eduardo Cohen es presidente de CIDICSEF (FESELA).
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El Iom Kipur y la globalización de la indiferencia
Este sábado 30 de septiembre (comenzando la noche del viernes) el Judaísmo conmemora el Iom Kipur (Día de la Expiación, más conocido como Día del Perdón). ¿Cuál es el secreto de la supervivencia de esta conmemoración en el mundo moderno luego de casi tres mil años? Trataremos de brindar algunas hipótesis sobre su vigencia en épocas tan distintas y en geografías tan disímiles.
Debe recordarse que el Iom Kipur no es el único día para recapacitar y hacer el pedido sincero de perdón a los restantes seres humanos y al Creador; está precedido por cuarenta días previos de oraciones especiales. Existen tres tipos de comportamiento particularmente valorados en las costumbres de estas fechas. Uno es un replanteo frente al propio ser humano: teshuvá = retorno a lo más puro de uno mismo; otro, frente al Creador: tefilá = plegaria, y un tercero frente a nuestros semejantes (tzedaká = caridad en sentido amplio de reparar las situaciones injustas).
El sentido del ayuno del Iom Kipur no implica pasividad, sino, por el contrario, actividad. De acuerdo con el texto de Isaías (Cap. 58), que se lee durante el rezo en la sinagoga, el ayuno debe tener un significado de activa solidaridad con los necesitados, los desvalidos y los desposeídos.
Escribe el filósofo judío Emmanuel Levinas: “Jamás existimos en singular porque estamos relacionados con los seres y las cosas que nos rodean. (...) Yo no soy el otro, pero no puedo ser sin el otro”.
Como él mismo afirma en otro texto, la tragedia del hombre no procede de sus limitaciones y de la inexorabilidad de la muerte; más bien debe ser encontrada la tragedia humana en la explotación y en la injusticia, que nosotros como género humano producimos. O en la indiferencia ante el dolor de otros seres humanos. El profeta Isaías, por ejemplo, nunca se queja de la desdicha de la muerte ni de la fragilidad humana. La tragedia está en nuestra capacidad de generar injusticia que desgarra a la sociedad. ¡El asesinato es muchísimo más funesto que la muerte!.
¿Cómo es nuestro mundo actual? Mientras se destruye nuestro hábitat natural por la sobreexplotación; según el reciente informe de la FAO, ha aumentado el número de personas que pasan hambre, ahora son 815.000.000 y cantidades mueren por año por enfermedades prevenibles. En la otra punta existen ultra millonarios, como antes nunca existieron, (según el informe de la OXFAM: sólo ocho personas poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial).
Uno de los problemas de nuestra época es el exagerado individualismo y la falta de solidaridad. Últimamente, pensadores como Lipovetsky, Bourdieu y Dubet lo señalan enfáticamente. El Papa caracteriza nuestros días como los de la “globalización de la indiferencia”.
Volviendo al tema de esta nota, estas festividades se proponen —entre otros objetivos— que la solidaridad no pase de moda. Nos preguntábamos al comienzo del artículo acerca de la vigencia de estas conmemoraciones durante casi tres milenios.
La respuesta está, quizá, en que interpretan el sentimiento solidario de deseo de un mundo mejor, gobernado por la ética y el amor al prójimo.
Mario Eduardo Cohen es presidente del CIDICSEF (Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí)
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Janucá y Navidad: celebraciones ecuménicas
Ya forma parte del paisaje urbano el encendido de luminarias en candelabros gigantes en varias plazas de Buenos Aires, del conurbano y en ciudades del interior donde hay comunidades judías. Lo mismo ocurre en otras grandes capitales del mundo actual. Este año coinciden con árboles de Navidad ya previamente iluminados. Candelabros y árboles de Navidad conviven hoy en las grandes urbes y se erigen como mudos testigos de una era de convivencia.
¿Cuál es el significado de la fiesta de las luminarias (o Janucá) que festejamos los judíos en estos días? ¿Cuál es la razón de darle vida a la luz? ¿Cuál es el motivo de estos encendidos públicos?.
¿Qué es Janucá? En muy pocas palabras, es la evocación de una de las primeras luchas por la libertad religiosa que se conoce en la historia de la humanidad. Esta ocurrió hace unos 22 siglos atrás.
¿Por qué en esta época en los Estados Unidos es común ver carteles con este texto: “Happy Hanukkah, Merry Christmas” (feliz Janucá y feliz Navidad)?. ¿Tienen algo en común el período de la Navidad al Año Nuevo (católico y protestante) con la Janucá? Los estudiosos han encontrado algunos puntos en común solamente en el ritual: ambas comienzan un día 25 (25 de diciembre la Navidad y 25 del mes hebreo de Kislev la Janucá), tienen una duración de 8 días (desde Navidad hasta Año Nuevo y los 8 días de Janucá), en las dos religiones se realizan alegres reuniones familiares y los chicos reciben regalos.
Otro detalle importante es la importancia que ambas tradiciones le dan en estos días a “la luz”. Debe tenerse en cuenta que estas festividades tuvieron su origen en el Hemisferio Norte donde las oscuras noches invernales son las más largas del año y la luz en estas condiciones adquiere un significado difícil de valorar en nuestras latitudes y en la era actual de la iluminación eléctrica.
La festividad de Janucá (literal: inauguración) evoca el levantamiento popular de los macabeos contar el rey greco sirio Antíoco IV Epífanes. Éste había pretendido helenizar a la fuerza al pueblo hebreo (incluso llegó a poner prostitutas en el Templo de Jerusalén).
Al reconquistar Jerusalén pudieron re inaugurar el Templo y encender el candelabro. Allí ocurrió lo que se conoce como “el milagro de Janucá”: el aceite que servía para sólo un día alcanzó para ocho. La tradición señala también la valentía de dos mujeres: Janá (también llamada Salomé) vio morir sus siete hijos por no apostar de sus creencias y Judith sedujo, emborrachó y finalmente mató al comandante Holofermes. Nos preguntábamos al inicio el por qué de las ceremonias públicas de encendido de las luminarias de Janucá. Estas luces tienen por objetivo –de acuerdo a Maimónides (siglo XII)-“hacer público el milagro y aumentar así la alabanza y agradecimiento al Todopoderoso”.
Janucá celebra los derechos de las minorías a ser diferentes, a expresar sus sentimientos y a practicar sus costumbres y tradiciones. Nuestra época se caracteriza por la llamada globalización, que trae como consecuencia la pérdida de la identidad de las minorías.
En conclusión, debemos señalar hoy que, lamentablemente, Antíoco IV no ha sido el único intolerante de la historia humana. Muchos otros lo han seguido, intentando imponer su ideología o religión por la fuerza a naciones enteras.
Señor lector, en el espíritu de convivencia de estos días saludamos con un ¡Feliz Navidad, Feliz Janucá!
Mario Eduardo Cohen es presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura sefardí. CIDICSEF
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Media humanidad en festividades: una Luna para tres religiones milenarias
En estos días, posiblemente, encontrarán a algunos vecinos degustando huevos de Pascua, a otros consumiendo matzá, el pan ácimo, y a otro grupo comiendo y bebiendo solamente por la noche. ¿A qué se deben estas costumbres? ¿Cuál es su origen y significado?
Es que en este mes coinciden tres importantes festividades religiosas milenarias, que involucran a media humanidad y que rezan a un único y mismo Dios.
En efecto, los católicos y evangelistas se encuentran en la Semana Santa, que culminará el 9 de abril, en el llamado Domingo de Gloria o Pascua de Resurrección. Los cristianos ortodoxos, por guiarse por el calendario juliano, lo harán el domingo 16 de abril. Se trata de la festividad más importante de la cristiandad.
Los judíos estamos, desde el miércoles 5 al anochecer, festejando la semana de Pésaj, que recuerda la liberación de la esclavitud de Egipto y el nacimiento del pueblo hebreo, creador de las ideas monoteístas.
Es la festividad religiosa más antigua de Occidente. Según la tradición, al salir de Egipto no hubo tiempo para elaborar pan leudado, por lo que se lo recuerda consumiendo comidas sin levadura.
Por su parte, los musulmanes se encuentran desde el 23 de marzo en el sagrado mes del Ramadán, en el que se conmemora el comienzo de la Revelación del Corán (libro sagrado del islam). Se trata de un mes de oración, de rectificación de conductas, de reflexión y autoanálisis. Se lo complementa con un ayuno completo durante las horas de sol.
Esta triple coincidencia de las festividades de los cristianos, judíos y musulmanes se da muy pocas veces (pasó también en 2022). Para que vuelva a ocurrir deberemos esperar unas tres décadas. Es que el calendario musulmán al ser lunar (con 10 u 11 días menos que el solar) irá cambiando gradualmente en dos años hacia marzo y así sucesivamente.
Debemos recordar que durante siglos y hasta el Concilio Vaticano II, las Pascuas cristianas servían para enervar a la plebe contra los judíos, por el supuesto asesinato de Jesucristo, un falso crimen de “lesa divinidad” (si se me permite el neologismo). Felizmente, hoy la Iglesia ha dejado de hablar del “pueblo deicida” y los papas lo han calificado como “nuestros hermanos mayores en la fe”.
Aunque pareciera que estas festividades no tienen aspectos en común, en realidad están emparentadas por muchos siglos de influencias mutuas. La palabra “Pascua” proviene del “Pésaj” hebreo. Como es conocido,
Jesús festejó Pésaj, en sus últimos días. Por otra parte, el ayuno del Ramadán de los musulmanes tiene puntos en común con el Día del Perdón de los judíos y la Cuaresma de los cristianos.
Otro elemento las une: en este año se guían por las fases de la misma Luna. Los judíos y cristianos se rigen por el plenilunio del 6 de abril (14 de Nisán, en el calendario hebreo) y los musulmanes por la Luna nueva del 21 de marzo. La misma Luna parece invitarnos a la convivencia.
Es cierto que existen diferencias en sus respectivos significados y rituales, sin embargo, las tres festividades proponen las re-uniones con familiares y amigos e invitan a la reflexión, la humildad, la generosidad con el necesitado y a valorar la vida. En síntesis, son un llamado al retorno a la ética.
Hoy es oportuno que las autoridades de las tres religiones hagan un dramático reclamo por el fin de la guerra, por la defensa de la naturaleza, por una distribución más justa de la riqueza y contra el hambre que afecta a millones de personas.
Para cerrar, nos hermanamos con los clásicos saludos: ¡Felices Pascuas!, ¡ Jag Pésaj sameaj! y ¡Ramadán Mubarak!.
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La sociedad civil que pudo enfrentar al Ejército nazi
Parecería que el 10 de marzo de 1943 no pasó nada importante en la historia, sin embargo ese día se evitó una masacre. Justamente por lo que no ocurrió se recuerda esta fecha oficialmente en Bulgaria.
En estos días se conmemora el 80 aniversario de la milagrosa salvación de 49.000 judíos búlgaros durante la Segunda Guerra Mundial, un hecho prácticamente desconocido, que merece ser estudiado y que genera profunda reflexión.
En el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí, CIDICSEF, se realizó, en febrero, un encuentro sobre el tema, en el que participaron el destacado historiador Dr. Mario Sinay, de Israel, y el embajador de Bulgaria, Stoyan Miahylov. Consideramos que las conclusiones de esa jornada son valiosas para toda la sociedad.
La comunidad hebrea, en su mayoría sefardita, tenía varios siglos de integración a la sociedad de Bulgaria. Durante la Segunda Guerra Mundial, Bulgaria se alió, en 1941, con los nazis. Estos recompensaron este acuerdo entregando los territorios de Tracia y Macedonia.
El parlamento, con mayoría nacionalista, dictó leyes antisemitas que limitaban los derechos y posesiones de los judíos. Por presión de los nazis, el pacifista rey Boris III se vio forzado a aceptar la deportación de los 11323 judíos (no búlgaros) de los territorios ocupados de Tracia y Macedonia. Este avasallamiento enervó a toda la sociedad.
Se conoció, por una infidencia, que el 10 de marzo de 1943 sería la fecha de la deportación de los judíos búlgaros. La reacción de la sociedad civil fue inmediata. En el parlamento, 43 diputados solicitaron la anulación de la medida. Presionados, varios
diputados se retractaron. Dimitar Peshev, vicepresidente del parlamento, no se retractó y debió renunciar.
Se comenta que Cirilo, el metropolitano de la iglesia ortodoxa de Plovdiv, se acostó sobre las vías del ferrocarril para evitar la deportación. El exarca Stefan I, de Sofía, refugió al gran rabino de Bulgaria en su casa.
Finalmente, los judíos búlgaros fueron traslados al interior para realizar trabajos forzados, pero todos sobrevivieron.
Esta salvación es un ejemplo único, por su dimensión, en la historia de la Shoá, ya que la sociedad civil, las autoridades de la iglesia ortodoxa y una parte del gobierno se opusieron a las represalias del ejército nazi, el más poderoso de la época. En efecto, los órganos de la sociedad como las asociaciones de médicos, abogados, escritores y una parte del parlamento salieron en defensa de los judíos. Incluso hubo manifestaciones masivas a su favor, con el lema “Viva Bulgaria, patria de todos sus hijos”.
Algo similar, en menor escala, ocurrió en Dinamarca. En 1943 la acción conjunta de las organizaciones sociales y religiosas, la policía y los pescadores consiguieron salvar a más de 7200 judíos, llevándolos por mar a la neutral Suecia, que recibió a los refugiados.
Otro caso muy significativo fue la recepción de centenares de refugiados judíos por parte de los musulmanes albaneses. El Museo Yad Vashem (Centro Mundial de Conmemoración de la Shoá) señala: “Los albaneses competían por ayudar a los perseguidos”.
En los tres casos mencionados, la gente común y las organizaciones de la sociedad civil pudieron oponerse a la deportación de gente inocente. Estos hechos son una muestra más de que la fuerza mancomunada de la sociedad puede contra los autoritarismos.
Una reflexión final. Nos preguntamos por qué estas actitudes fueron solo la excepción.
Qué habría pasado si en otros países la sociedad civil y las iglesias se hubiesen opuesto firmemente a los nazis.
Los historiadores y pensadores nos deben una respuesta.
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Conmueve el hallazgo de un escrito de Maimónides
Se trata de un texto inédito en romance (base del castellano) originario de Egipto y hallado en Cambrige.
Clarín14 Jun 2023
El manuscrito. El texto del pensador a través de los ojos de eruditos.
El mundo científico se acaba de conmocionar con el descubrimiento de un escrito en romance (base de nuestro actual idioma castellano), de puño y letra de Maimónides.
¿Quién era Maimónides? ¿En qué radica su importancia? Rabí Moisés Ben Maimón nació en Córdoba hacia 1138 y falleció en El Cairo, en 1204. Es conocido entre los judíos con el acrónimo de RAMBAM, entre los árabes como Musa Ibn Maimún y en el mundo occidental, desde el Renacimiento, como Maimónides o Moisés Maimónides.
Se destacó como filósofo, médico, comentarista de la ley judía, astrónomo, entre otras disciplinas. En síntesis, un sabio universal citado por personalidades de las tres grandes religiones monoteístas. Incluso Isaac Newton, cinco siglos después, leyó sus textos sobre astronomía (según lo informa una exposición recientemente inaugurada en Nueva York).
Su mayor contribución es, quizás, el haber tratado de compatibilizar la fe con la razón. La primera representada por la Biblia y la segunda, por la filosofía aristotélica. Simbólicamente, en Maimónides se dan la mano el Moisés hebreo con el griego Aristóteles.
Escribió la mayoría de su obra en árabe, la lengua culta de la época, y en hebreo, los textos relacionados con la ley judía, pero hasta hoy no se conocía ningún texto manuscrito en nuestro idioma. Justamente el destacado investigador José Martínez Delgado de la Universidad de Granada acaba de descubrir, en la biblioteca de la Universidad de Cambridge, un documento en romance.
En el escrito Maimónides se interesa en varios temas: colores, sabores, acciones y alimentos escritos en judeo-árabe y su traducción a nuestro idioma (aparecen palabras como pan, agua, fruta, carne, grano, etc.). Podría tratarse de una ayuda memoria o una base para escribir un texto.
Pero ¿por qué causa este documento se encuentra en Cambridge? Debemos retrotraernos a 1896, cuando sucedieron una serie de hechos casuales que hoy nos permiten conocer textos de puño y letra de Maimónides, escritos hace más de 800 años.
Ocurrió que en mayo de ese año regresaron a Londres Agnes y Margaret Smith, coleccionistas de documentos de Medio Oriente. Habían comprado en un comercio de El Cairo documentos que sorprendieron a Salomón Schechter, rabino y profesor de la Universidad de Cambridge.
Inmediatamente Schechter se puso en campaña, con ayuda del profesor Taylor, para viajar a El Cairo a buscar más documentos. En diciembre consiguió, luego de una búsqueda detectivesca, entrar en la llamada Guenizá de la sinagoga. Se trataba de una muy pequeña habitación donde se guardaban documentos sagrados y profanos de hasta diez siglos de antigüedad. El clima seco de El Cairo ayudó a su conservación.
El investigador llevó a Cambridge unos 140.000 documentos, lo que constituyó el mayor descubrimiento de escritos de la Edad Media. Frente al rico material hallado, Schechter declaró: “Esta no es la tarea de un solo hombre, ni siquiera para una generación”. El citado documento en romance pertenece justamente a la colección Taylor- Schechter, donde hay unos 60 escritos relacionados con Maimónides, en proceso de digitalización.
Para concluir, incluimos la opinión del profesor Alberto Frutos de la Universidad de Zaragoza: “El manuscrito nos confirma que Maimónides tenía intereses y conocimientos muy amplios, nos ofrece una faceta nueva en un personaje clave en la historia del pensamiento universal
“El manuscrito confirma que el autor tenía conocimientos muy amplios”.
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7/10: el pogromo del Día de la Torá
A nadie le puede quedar duda de que Hamas es un grupo terrorista que pretende destruir al Estado judío. Pese a las amenazas, Israel vive y vivirá.
11/10/2023
Clarin
La RAE define al pogromo como: “masacre, aceptada o promovida por el poder, de judíos y, por extensión, de otros grupos étnicos”. El sábado 7 de octubre hubo una especie de pogromo. Mientras los judíos en Israel festejaban “Shabat” y el sagrado “Día de la alegría de la Torá” (Simjat Torá) irrumpió en forma artera y vil del grupo Hamas (que gobierna en la Franja de Gaza).
Unos mil fanáticos asesinaron a unas mil personas, en su gran mayoría judíos, con una crueldad pocas veces vista. El día más alegre del calendario judío pasó a ser el más trágico de la historia de Israel.
La misma artera sorpresa ocurrió hace cincuenta años, en el inicio de la “Guerra de Iom Kipur”, cuando el ejército egipcio y sirio aprovechó el descanso sagrado de aquel 6 de octubre de 1973. La guerra terminó con un muy costoso triunfo de Israel.
Volviendo a lo ocurrido el sábado, los hechos fueron de un salvajismo y una brutalidad que no tienen precedentes contra judíos israelíes. No hubo piedad para la gente desarmada ni para los ancianos ni para los niños.
Para encontrar un paralelismo de esta crueldad en la historia deberíamos recordar las matanzas contra los judíos por parte de los cosacos, en 1648; los pogromos de la época zarista y la frialdad de los asesinatos de los “einsatzgruppen” nazis.
El grupo terrorista Hamas cometió decenas de violaciones y secuestros masivos durante este verdadero pogromo. Un ejemplo: el asesinato de 260 jóvenes desarmados que estaban en un festival de música.
Un testigo presencial, Raziel Tamir describió el horror vivido: “Cuando salí de mi tienda, vi una enorme cantidad de cadáveres y terroristas corriendo y disparando por todas partes, lanzando granadas”, y agregó: “La gente intentó correr hacia sus coches, pero los terroristas esperaron y los masacraron”. Otro testigo, Moti Bukjin, señaló: “Han masacrado a la ente a sangre fría de una forma inconcebible”.
Después de su accionar criminal exhibieron su crueldad, enviando al mundo decenas de videos de una brutalidad inmensa, con el objetivo de sembrar miedo. Desde el 7/10 la humanidad no puede desconocer el grado de inhumanidad de estos terroristas. Los asesinos no tuvieron en cuenta que la respuesta de Israel seguramente va a costar muchas víctimas inocentes en Gaza y posiblemente ponga fin a este grupo para siempre.
Se puede estar o no de acuerdo con las reivindicaciones que piden los palestinos, pero lo que no se puede jamás aceptar es su metodología, muy alejada de la verdadera doctrina del islam. A nadie le puede quedar duda de que Hamas es un grupo terrorista que pretende destruir al Estado judío. Pese a las amenazas de Hamas, Israel vive y vivirá.
Nos queda ahora dar consuelo y acompañamiento a las víctimas y, como decía el salmista hace 3000 años, “rogar por la paz en Jerusalén”.
La historia nos enseña que el pueblo judío ha sabido sobreponerse siempre al dolor y puede en el futuro- como expresó Ernesto Sabato- “volver a reír y bailar sobre las cenizas del último pogromo”.
Mario Eduardo Cohen es Presidente del CIDICSEF (Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí)
https://www.clarin.com/opinion/710-pogromo-dia-tora_0_5AepxoUNcY.html
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Distinguen a una antigua comunidad de América
La UNESCO declaró Patrimonio Mundial Cultural a un asentamiento judío en Su-rinam del siglo XVII.
08.11.2023
Suplemento de VALORES RELIGIOSOS
Clarin
Es habitual escuchar que las comu- nidades judías en América Central y en Sudamérica recién se constituyen en el siglo XIX y XX. La realidad es que existen varias desde el si-glo XVII, que se han mantenido hasta la actua- lidad. Uno de estos ejemplos más co- lori-dos e interesantes lo encontramos en Surinam (ex Guayana Holandesa).
En este país se registra una comu- nidad judía desde la llegada de los eu- ropeos a América. Hoy es noticia in- ternacional por una reciente decisión de la UNESCO. Luego de un gran tra- bajo de conservación llevado a cabo por la Jodensavanne Foundation que dirige Harold Sijlbind, se acaba de agregar como Patrimonio Mundial Cultural al sitio arqueológico del asentamiento de la “Sabana de los ju- díos” y al cementerio Cassipora, por- que según la resolución del organis-
mo: “nos ilustra los primeros inten- tos de colonización judía en el Nue- vo Mundo. El asentamiento de Joden- savanne (Sabana de los judíos), fun- dado en la década de 1680, incluye las ruinas de la que se cree que fue la pri- mera sinagoga de importancia arqui- tectónica en América, junto con los cementerios. El de Cassipora Creek es el vesti-gio de un asentamiento más antiguo que fue fundado en los años 1650”.
Cabe recordar que durante el siglo XVII se asentó una importante pobla- ción judía sefar-dí que tenía amplia li- bertad, cumplía con todas las pres- cripciones bíblicas y llegó a re-presen- tar la mitad de la población blanca de la colonia. Se encontraban en torno a la antigua capital, que significativa- mente se llamaba Torarica (en portu- gués: “Torá opu-lenta”).
Hacia el siglo XVIII, la comunidad estaba integrada por unas 2000 per- sonas y tenían unas 115 plantaciones de cañas de azúcar e ingenios sobre el Río Surinam (muchos tenían nom- bres bíblicos). Fue una actividad muy lucrativa, que declinó en el siglo XIX.
La vida comunitaria se centraba en la sinagoga Berajá VeShalom (Bendi- ción y Paz), cuyos restos aún indican su magnificencia (incendiada, junto
a casi todo el poblado, en 1832).
Un detalle: el escritor judeoholandés Miguel de Barrios le dedicó un poema al famoso rabino (jajam) y maes- tro Isaac Netto: Merecen ser nombra- dos por la ciencia/ que huérfanos/ aprenden con desvelo/Isaac Netto, ja- jam en indio suelo/ en su escuela con artes de elocuencia.
Es de destacar un hecho único en el mundo: los restos de la “Sabana de los judíos” hoy son mantenidos por la tribu indígena de los arahuacos. En el documental “La experiencia judía. De Basabilbaso a Nueva Ámsterdam”, de Miguel Kohan, los indígenas re- cuerdan la buena amistad que los unía con los judíos.
Una curiosidad: la opulenta colo- nia judía de Surinam ayudó econó- micamente para la construcción de la primera y modesta sinagoga de Nueva York, en 1730, y hasta el día de hoy se le agradece una vez al año.
Actualmente queda una pequeña sinagoga en Paramaribo, la capital, que, como todas las sinagogas del Ca- ribe, tiene pisos de arena.
Saludamos a la UNESCO por haber rescatado del olvido a esta comuni- dad judía.
Saludamos a la UNESCO por haber rescatado del olvido a esta comunidad judía.
Presidente del Cidicsef
Mario Eduardo Cohen
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Einsatzgruppen, un antecedente de Hamas
Si bien no hay comparación en su dimensión numérica, son semejantes respecto al salvajismo y brutalidad.
En cambio, mientras los nazis ocultaban sus crímenes, Hamas se ufana en mostrar los mismos
20/11/2023 22:01
Las crueldades cometidas por el grupo Hamas el 7 de octubre nos han hecho recordar, en muchos medios del mundo, a los tristemente célebres “Einsatzgruppen” nazis y ha avivado el interés sobre este grupo. Si bien no hay comparación en su dimensión numérica, son semejantes respecto al salvajismo y brutalidad. En cambio, mientras los nazis ocultaban sus crímenes, Hamas se ufana en mostrar los mismos.
¿Quiénes eran estos grupos de tareas móviles (en alemán “Einsatzgruppen”) que fusilaron en Europa oriental a casi 2.000.000 de judíos? ¿Qué les ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial?
El excelente documental alemán Civiles armados: el “Holocausto olvidado”, que acaba de estrenar Netflix, aborda y explica este tema. Fue dirigido por Manfred Oldenberg y está basado en el historiador norteamericano Christopher Browning. Esta temática también había sido estudiada por el investigador Daniel Goldhagen, en los 90.
La película se centra en el Batallón 101 de policía de reserva de Hamburgo, conformado por hombres comunes: taxistas, plomeros, carpinteros, panaderos, colectiveros, comerciantes, que no tenían ideología nazi al momento del reclutamiento.
El documental explora cómo, en pocos meses, estos hombres comunes pasaron a ser monstruos asesinos.
El Batallón 101 fue responsable del fusilamiento masivo de 83.000 judíos y de enviar a los campos de la muerte a 43.000. Tomaban cada misión como mera rutina y se refugiaban en el alcohol, las fiestas y el adoctrinamiento. Todos eran “títeres” y ninguno se sentía responsable.
Lo más significativo que señala el documental es que muy pocos se rehusaron a participar en las operaciones de asesinatos masivos, aunque no se han encontrado ejemplos de penas severas a los que se negaban a cumplir las órdenes. Solamente recibían una condena social de su grupo. Se da por ejemplo la matanza del gueto de Josefow en que solamente declinaron su participación doce hombres sobre un total de casi 500.
La tergiversada ideología nazi (como hoy la del Hamas) les había hecho creer que los judíos ni siquiera eran una raza inferior, eran la anti–raza. Lo dice uno de los perpetradores: “No veíamos a los judíos como seres humanos”.
Luego de la guerra, los asesinos no mostraron signos de arrepentimiento ni culpa. Se consideraron “doble víctimas” de las circunstancias y lo manifestaban con frases como estas: “Nos juzgan por hechos que ahora son ilegales, pero en aquella época era legales”, “Alguien tenía que hacer el trabajo sucio”, “Teníamos un deber histórico que cumplir”.
De los miles que intervinieron en las masacres, solamente un puñado de los perpetradores tuvo condena. Dos tercios de los comandantes de los Einsatzgruppen tenían estudios superiores y un tercio había cursado doctorados y sabía varios idiomas. Había abogados, médicos y hasta un clérigo.
De esta historia debemos aprender cuánto daño puede hacer el conocimiento técnico prescindente de los deberes hacia el resto del género humano. Para que no se cumpla en el futuro que “hombres comunes” terminen asesinando masivamente debemos mantener un estado de continua alerta contra la discriminación de cualquier clase.
Hay que romper el huevo de la serpiente del racismo y del fundamentalismo antes que nazca. Todos somos responsables de una educación para la convivencia.
https://www.clarin.com/opinion/einsatzgruppen-antecedente-hamas_0_L52xosKsRw.html
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Hamas, antisemitismo e islamofobia
El terrorismo fundamentalista alienta las manifestaciones de odio contra musulmanes y judíos. No debemos permitir que lo que ocurre en Medio Oriente rompa la convivencia y la armonía en nuestra tierra.
OPINION
26/10/2023
Clarín
Señala el historiador Yuval Harari respecto a los hechos aberrantes cometidos por Hamas el 7/10: “El objetivo a largo plazo de los terroristas era sembrar la semilla del odio en la mente de millones de personas en Israel y en todo el mundo musulmán, para obturar todo intento de paz con Israel durante varias generaciones”. Este objetivo lo están consiguiendo, ahora mismo, con el resurgimiento de la islamofobia y el antisemitismo, en muchas partes del mundo.
En efecto, las violentas acciones de Hamas han creado antipatía hacia los musulmanes y se han registrado muchas agresiones a miembros del islam. Por otro lado, se han multiplicado en todo el mundo los actos antisemitas supuestamente como respuesta a las operaciones del Ejército de Israel.
Lo primero que hay que aclarar es que la metodología que utilizó Hamas está muy alejada de los verdaderos preceptos del islam, por lo que la islamofobia no tiene ninguna razón de existir.
Así como la violencia del ETA no representó a todos vascos, ni el IRA, a los irlandeses, tampoco Hamas representa a los palestinos.
Aunque parezca sorprendente, el grupo terrorista, teocrático y ultranacionalista Hamas que cometió crueldades el 7/10, como la quema de personas, violaciones, decapitaciones, ejecuciones y la toma de rehenes, tiene la adhesión de la ultraizquierda. Hay una alianza entre los “progres” y el yijadismo. ¡Los extremos opuestos se mimetizan!
Una solicitada de intelectuales judíos y árabes de Israel lo deja claro: “Nunca imaginamos que individuos de izquierda, defensores de la igualdad, la libertad, la justicia y el bienestar revelaran una inconcebible moral y una temeridad política extrema”.
Lamentablemente, en materia de los prejuicios, la sociedad ha retrocedido 80 años, a la época en que los judíos vivían con miedo en los años del nazismo. Ya lo ha señalado el presidente de Alemania Frank Steinmeier: “Es intolerable que los judíos vuelvan a vivir hoy con miedo”.
La Unión Europea acaba de denunciar “un dramático auge de contenidos antisemitas en las plataformas de Internet”, lo que preanuncia nuevos estallidos antijudíos.
Hoy el prejuicio y las fake news han encontrado un aliado en el anonimato de las redes sociales en desmedro de los medios tradicionales que cuidan más la verdad de la información. Lamentablemente el antisemitismo es como un carcinoma que está en la epidermis y que invade los tejidos de la sociedad.
El individuo antijudío siempre encontrará razones para odiar. Lo decía sabiamente Ernesto Sabato: “El antisemita dirá sucesivamente -y aun simultáneamente- que el judío es banquero y bolchevique, avaro y dispendioso, limitado en su gueto y metido en todas partes. Es claro que, en esas condiciones, el judío no tiene escapatoria: cualquier cosa que diga, haga o piense caerá en la jurisdicción del antisemitismo”.
Una posible conclusión es que el antisemitismo va mutando como los virus. Hoy tiene el carácter de antisraelí y antisionista. Mañana será otra causa. No debemos permitir que lo que ocurre en Medio Oriente rompa la convivencia y la armonía en nuestra tierra. Debemos combatir tanto la islamofobia como el antisemitismo y lamentar la muerte de todos.
Para finalizar, un llamado a los líderes para que encuentren soluciones por el camino de la paz. ¡Solo la paz traerá la paz!
(*) Presidente del CIDICSEF.Mario Eduardo Cohen es Presidente del CIDICSEF (Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí)
https://www.clarin.com/opinion/hamas-antisemitismo-islamofobia_0_DTFrnkg810.html
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“Zona de interés”, una película sobre la banalidad del mal
Clarín. Opinión. 5 de febrero de 2025
Borges se adelantó, en varios sentidos, a la biografía del comandante Rudolf Höss, que se muestra en el filme ganador del Oscar a mejor película extranjera.
Ya en 1946, nuestro Jorge Luis Borges, imaginó en el cuento “Deutsches Requiem”, las últimas horas de un subcomandante de un campo de concentración nazi, de apellido Zur Linde, que pretendía un nuevo orden “donde impere la violencia y la fe de la espada”. En el cuento, el protagonista, un amante de la música y la filosofía, había perdido el sentimiento de piedad. Acepta su condena, pero no muestra signos de arrepentimiento.
Borges se adelantó, en varios sentidos, a la biografía del comandante Rudolf Höss, que se muestra en el filme “Zona de Interés”, ganador del Oscar a mejor película extranjera.
La trama se centra en la idílica vida familiar del comandante, en su mansión contigua al campo de concentración. Un muro separa el paraíso del peor de los infiernos. Auschwitz está detrás de la muralla. Se escucha, pero no se ve lo que ocurre allí (el espectador debe imaginarlo).
La ficción –posiblemente basada en la realidad- muestra a Höss como un padre sensible con sus hijos, con las plantas y con su caballo. En la vida real, mucho años después, su hija Briggitte (que no se animó a utilizar el apellido de su padre) lo recuerda como “el más bueno del mundo”.
La película calla la vida de comandante dentro de Auschwitz, le propone al espectador que la deduzca. Ocurre que la mayoría no lo podemos ni imaginar.
Cabe recordar, entonces, que Höss fue quien diseñó, condujo y perfeccionó el mayor campo de la muerte de la historia humana. Un millón de judíos asesinados no cambiaron su vida familiar.
¿Cómo pudo llevar una vida doble tan extremadamente distinta dentro y fuera de su casa? ¿Se puede ser cariñoso con la familia y brutal con otras personas?
En estos días, medios prestigiosos describieron las acciones criminales de Höss, aplicando el concepto de “banalidad del mal”.
La filósofa Hannah Arendt acuñó en 1963 dicho término para explicar que una persona mediocre puede actuar de forma malvada, siguiendo las leyes establecidas por el régimen y sin pensar en las consecuencias. Había presenciado el juicio a Adolf Eichmann y entendió que este criminal nazi no era un psicópata antisemita, era simplemente un ejecutor que no pensaba en los resultados de lo que estaba haciendo.
La pregunta es si se podría aplicar el término “banalidad del mal” también al caso de Höss. Eichmann era un funcionario que coordinaba los transportes a los campos de concentración. Compraba en los ferrocarriles “solamente boletos de ida”. Si bien era un fanático radical, no veía la muerte masiva de sus transportados y argumentó que él era un burócrata.
En cambio, Höss presenciaba diariamente el asesinato masivo, era imposible que no tuviera conciencia de lo que estaba haciendo.
Tal como el protagonista del cuento de Borges, perdió el sentimiento de piedad y nunca se arrepintió.
En consecuencia, pongo en duda la aplicación del concepto de “banalidad del mal” para un asesino de la brutalidad de Rudolf Höss.
Para finalizar, parecería que los regímenes “de la violencia y de la espada” siempre van a encontrar ejecutores- como Eichmann, Höss y el imaginario Zur Linde-, para asesinar masivamente cumpliendo órdenes. A los seres humanos de bien nos resta solamente resistir, resistir y resistir a estos regímenes.
Hay que destruir el huevo de la serpiente antes que nazca.
Mario Eduardo Cohen es presidente del CIDICSEF
https://www.clarin.com/opinion/zona-interes-pelicula-banalidad-mal_0_1INdIei1r1.html
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El olvido por décadas de Auschwitz
Clarín. Opinion. 5 de febrero de 2025
Recién en el año 2005 la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoce al 27 de enero como “Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto”
Este 27 de enero se recuerda el 80 aniversario de la entrada del ejército soviético al campo de la muerte de Auschwitz y la liberación de los pocos prisioneros que allí quedaban. Hubo y habrán actos de recordación en el propio Auschwitz y en varias partes del mundo. Estas ceremonias comenzaron recién en las últimas décadas.
Auschwitz es el cementerio judío más grande de la historia. Sus tumbas están literalmente en el aire. Recordemos que allí fueron asesinadas 1.100.000 personas, entre ellas 260.000 niños y adolescentes, en su gran mayoría judíos.
Este campo de la muerte servía de base para el trabajo esclavo, la experimentación médica y el asesinato masivo. Era solo un engranaje del genocidio conocido luego como Holocausto (o Shoá). Se trató del mayor grado de inhumanidad de la historia de la humanidad. En palabras del filósofo Reyes Mate: “Lo impensado que da de pensar”.
Recién en el año 2005 la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoce al 27 de enero como “Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto”. Seis décadas después de la masacre. ¿Por qué se demoró tanto en recordarlo? Intentaremos encontrar las causas de este olvido.
Es que inmediatamente surgieron los negacionistas. Los nazis trataron de borrar todas las evidencias del horror, solo quedaban testimonios de los sobrevivientes. En la década de los 90 pseudohistoriadores, como David Irving, llegaron a negar la existencia de las cámaras de gas en Auschwitz. Le siguieron otros que incluso dieron conferencias para desconocer lo ocurrido. Pierre Naquet los llamó “asesinos de la memoria”.
Otra de las razones de esta postergación se debe al interés mezquino de la política internacional. Recordemos que en los juicios de Nuremberg contra los jerarcas nazis apenas se había tratado lo sucedido en el Holocausto.
En esta época comenzó la Guerra Fría, una confrontación de Occidente contra la Unión Soviética y sus aliados. El nazismo ya había pasado y se había puesto un manto de olvido sobre lo ocurrido. Recién en el juicio a Adolf Eichmann, en 1961, reaparece el tema en la prensa internacional.
Otra de las causas es profundamente humana y hace a la salud de la psiquis. En las primeras décadas no había nadie que quisiera contar el horror ni nadie que aceptara escucharlo. A los sobrevivientes les ocurrió una especie de “amnesia de la palabra” (según la expresión de Jorge Semprún).
La historia, la investigación y la literatura sobre el Holocausto se hizo conocida recién en la década de 1980. Tomemos, por ejemplo, el caso de “Si esto es un hombre”, de Primo Levi. Se trata del libro clásico para el conocimiento desde adentro de lo ocurrido en el Lager. Fue publicado en italiano, en 1947, casi sin ninguna repercusión. Se reeditó en 1958 y se tradujo al inglés, en 1959, y al francés, en 1961. Sin embargo, se tuvo que esperar hasta la década de 1980, para que fueran reconocidod sus libros como clásicos de la literatura del Holocausto.
Después de tantas postergaciones, llegamos a la actualidad, en un mundo donde han resurgido el antisemitismo y los partidos ultranacionalistas xenófobos. Además, cabe recordar que el 7 de octubre de 2023 el grupo terrorista Hamás utilizó métodos nazis que habíamos olvidado. Como vemos, el pasado no es pasado, es un pasado presente. El Holocausto mató a millones de judíos, pero no mató al antisemitismo. Como hace ocho décadas, se imponen las palabras de Elie Wiesel: “No olvidar, recordar y hacer recordar”, para que no haya nuevos Holocaustos.
Mario Cohen
https://www.clarin.com/opinion/olvido-decadas-auschwitz_0_ta4TcrPUq2.html
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Recordación universal del Holocausto / Shoá
Leer artículo en el Diario PerfilEl 27 de enero de 1945, el ejército soviético entró en Auschwitz y liberó a los pocos prisioneros que quedaban en el campo. Los restantes fueron obligados a caminar en la llamada “marcha de la muerte”. A partir ese día, la pronunciación del nombre Auschwitz sería el sinónimo fiel de la más oscura noche de la historia. La humanidad comenzó a conocer el más alto grado de inhumanidad, el acontecimiento más monstruoso de la Historia (según Norberto Bobbio), un acto monstruoso no realizado por monstruos sino por hombres y mujeres. Se trata de lo más pesado de nuestro pasado.
En un intento siniestro de poner todo en metáforas los nazis decían que Auschwitz era un “campo de concentración”. En realidad se trataba de un “campo de la muerte”, un lugar preparado para el asesinato masivo integrado por hornos crematorios, un complejo de fábricas con trabajo esclavo y de experimentación médica con seres humanos vivos (Auschwitz, Auschwitz II o Birkenau, Auschwitz III o Monowitz). Pero debemos recordar que si bien fue el más grande campo de la muerte, no fue el único, y la matanza se realizó con los más diversos métodos.
En algo menos de cuatro años fueron asesinadas 1.100.000 personas: ancianos, niños, mujeres y varones de toda edad, y la única razón era haber nacido judíos. También fueron asesinados patriotas polacos, rusos, testigos de Jehová y homosexuales. Un inmenso cementerio cuyas fosas están en el aire (donde ascendieron en forma de humo).Solamente pronunciar los nombres de las victimas nos llevaría casi cuatro días.
La indiferencia mata. La pregunta es cómo se llegó a este extremo. Una de las tantas respuestas es la indiferencia de millones de personas. El sobreviviente Emanuel Tonay, nacido en Alemania en 1928, lo testimonia de esta manera señalando que, en sus inicios, “muy pocas personas eran nazis de verdad, pero muchos disfrutaban de la devolución del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Así, la mayoría simplemente se sentó a dejar que todo sucediera. Luego, antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros…”
Respecto de la indiferencia señalaba Elie Wiesel (fallecido en 2016) en uno de sus párrafos más brillantes: “Lo contrario del amor no es odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. Lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”.
Contra la indiferencia el historiador Yehudá Bauer enunció tres nuevos mandamientos que tenemos los seres humanos luego del Holocausto: “No serás una víctima. No serás un perpetrador. No serás un espectador”. Agrega Elie Wiesel que: “Hemos aprendido algunas lecciones, que todos somos responsables y que la indiferencia es un pecado y merece un castigo. Hemos aprendido que cuando la gente sufre no podemos ser indiferentes”. Porque, como sostiene Ian Kershaw , “el camino que va a Auschwitz se construyó con el odio, pero se pavimentó con la indiferencia”.
Para Wiesel, el mandato de la memoria luego de Auschwitz se divide en sus tres partes: primera, no olvidar, segunda, recordar y tercera, hacer recordar. Y esa memoria incluye la responsabilidad de ser activos, de adquirir suficiente poder como para defender la dignidad y la responsabilidad para la solidaridad.
Wiesel vivía con la misión de mantener viva la memoria del Holocausto. En la ceremonia de recepción del Premio Nobel de la Paz de 1986, dijo: “Una memoria que no tomase en cuenta el futuro violaría el legado del pasado. Recordar significa vivir en más de un mundo. Ser tolerante: ser compresivo el uno para el otro. En aquellos días y noches la humanidad perdió su rostro”
No podemos permitir que el Holocausto mate también el recuerdo de los mártires.
*Presidente Cidicsef (Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí- Fesela).
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Contra la injusticia y la indiferencia
Leer artículo en el Diario PerfilDecía el poeta uruguayo Mario Benedetti sobre la necesidad de hacer un alto en la vida cotidiana: De vez en cuando hay que hacer /Una pausa / Contemplarse a sí mismo/ Sin la fruición cotidiana /Examinar el pasado rubro por rubro / Etapa por etapa /Baldosa por baldosa /Y no llorarse las mentiras / Sino cantarse las verdades.
Es habitual que todo caminante, luego de haber avanzado un largo trecho, realice una parada, un alto en su camino. El peregrino suele tomar asiento y mirar para atrás para ver la senda recorrida y reflexionar sobre la que aún le falta recorrer.
Salvando grandes diferencias, la pausa del caminante halla su paralelo en el contenido espiritual en las Altas Fiestas judías cuya culminación es el Iom Kipur. Justamente este próximo miércoles 19 de septiembre (comenzando la noche del martes) el Judaísmo conmemora el Iom Kipur (Día de la Expiación, más conocido como Día del Perdón). ¿Cuál es el secreto de la supervivencia de esta conmemoración en el mundo moderno luego de casi tres mil años? Trataremos de brindar algunas hipótesis sobre su vigencia en épocas tan distintas y en geografías tan disímiles.
Debe recordarse que el Iom Kipur no es el único día para recapacitar y hacer el pedido sincero de perdón a los restantes seres humanos y al Creador; está precedido por cuarenta días previos de oraciones especiales.
El sentido del ayuno del Iom Kipur no implica pasividad, sino, por el contrario, actividad. De acuerdo con el texto de Isaías (Cap. 58), que se lee durante el rezo en la sinagoga, el ayuno debe tener un significado de activa solidaridad con los necesitados, los desvalidos y los desposeídos.
Escribe el filósofo judío Emmanuel Levinas: “Jamás existimos en singular porque estamos relacionados con los seres y las cosas que nos rodean. (...) Yo no soy el otro, pero no puedo ser sin el otro”.
Como él mismo afirma en otro texto, la tragedia del hombre no procede de sus limitaciones y de la inexorabilidad de la muerte; más bien debe ser encontrada la tragedia humana en la explotación y en la injusticia, que nosotros como género humano producimos. O en la indiferencia ante el dolor de otros seres humanos.
¿Cómo es nuestro mundo actual? Mientras se destruye nuestro hábitat natural por la sobreexplotación; según el último informe de la FAO, ha aumentado el número de personas que pasan hambre, ahora son 815.000.000 (de los cuales 155.000.000 son niños) y cantidades mueren por año por enfermedades prevenibles. En nuestra América Latina 42.500.000 personas no cubren sus necesidades alimentarias. En la otra punta existen ultramillonarios, como antes nunca existieron, (según el informe de la Oxfam: 61 personas poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial. En América Latina y el Caribe el 10% más rico posee el 68% de la riqueza de la región).
Uno de los problemas de nuestra época es el exagerado individualismo y la falta de solidaridad. Ultimamente pensadores como Lipovetsky, Bourdieu y Dubet lo acaban de señalar enfáticamente. El Papa caracteriza nuestros días como los de la “globalización de la indiferencia”.
Volviendo al tema de esta nota, estas festividades se proponen –entre otros objetivos– que la solidaridad no pase de moda. Nos preguntábamos al comienzo del artículo acerca de la vigencia de estas conmemoraciones durante casi tres milenios. La respuesta está, quizás, en que interpretan el sentimiento solidario de deseo de un mundo mejor, gobernado por la ética y el amor al prójimo.
*Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (Cidicsef).
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El Universo cumple años
Leer artículo en el Diario PerfilEs habitual que todo caminante, luego de haber avanzado un largo trecho, realice un alto en su camino. El peregrino suele mirar para atrás para ver la senda recorrida y reflexionar sobre lo que le falta recorrer. Salvando grandes diferencias, la pausa del caminante halla su paralelo en el contenido espiritual de las Altas Fiestas Judías que comenzaron el miércoles 20 y continuaron el 21 y 22 de septiembre con el Rosh Hashaná (literalmente: cabeza del año) y llegarán a su punto cúlmine en el Iom Kipur o Día del Perdón el sábado 30. Estas conmemoraciones son una oportunidad para el hombre judío para repensar el futuro de la vida desde la ética, y permiten revisar sus actos pasados en relación al Creador y con los demás seres humanos con la voluntad de crecer y mejorar. Es que el futuro se arma con el pasado.
Al respecto, Albert Einstein decía –en Este es mi pueblo–que el judaísmo equiparó, en importancia, el servicio a Dios con el servicio a los restantes seres humanos, por lo que es tan significativo uno como el otro.
Las Altas Fiestas Judías recuerdan el tiempo de la Creación, una especie de cumpleaños del Universo, es que para la tradición judía, los hechos relatados en el Génesis habrían ocurrido en esta época del año, y se relacionan con la idea de juicio. Nos proponen un balance del mayor capital que tiene cada ser humano: la vida. Cada minuto que vivimos es único e irrepetible, el tiempo es la materia más escasa y más vital.
En la tradición de estas fiestas hay tres tipos de comportamiento valorados: la Teshuvá, cuya traducción “retorno” (arrepentimiento); la Tefilá, “oración”, y la Tzedaká, que se interpreta como “caridad” es en realidad “hacer justicia”.
Vivimos en un mundo en que cada día se amplía la brecha entre los ultrarricos y los extremadamente pobres. Diariamente mueren millares de personas por hambre y enfermedades que se podrían evitar. En síntesis, ¡hay muchísimo por hacer en materia de solidaridad y de la Tzedaká.
Dado que hay un pasado común judeocristiano, las más importantes festividades judías tienen su correlato temporal en las celebraciones cristianas –aunque con distintos significados– (Fiesta de las Luminarias con la Navidad; ambas Pascuas; Shavuot con el Pentecostés, etc.). No ocurre lo mismo con estas celebraciones. Las Altas Fiestas Judías revisten un carácter profundamente universal porque convocan al sentido moral de la existencia humana, mientras que en su aspecto formal se manifiestan como una expresión del pueblo judío. Si bien la forma y el rito son hebreos, el contenido es para todos los tiempos.
Para concluir, en nuestra lengua la expresión “ser humano” está formada por dos voces y se trata de un solo concepto que contiene en su composición el verbo “ser”, lo que indica que esta acción se puede alcanzar o perder. La semántica coincide con la filosofía basal de las Altas Fiestas Hebreas, al transmitirnos la idea de que la condición humana no nos es dada, sino que se trata de un ideal a alcanzar en cada día de nuestra vida y sólo a partir de considerar al prójimo como la persona que nos da una razón de ser a nuestra existencia. En las palabras del filósofo judío Emmanuel Levinas: “Yo no soy el otro, pero no puedo ser sin el otro”. La pausa en el camino que proponen estas conmemoraciones invitan con fervor a pensar en las conductas del tiempo pasado y su proyección al futuro de nuestra existencia en relación con nuestros prójimos.
El saludo tradicional de estas festividades es Shaná Tová (en hebreo) o A Guit Iur (en idish) o Añada Buena (en judeoespañol). Expresan el deseo de un buen año.
*Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (Cidicsef).
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Mucho más que manzanas y miel
Leer artículo en el Diario PerfilCon el encendido de las velas, la aparición de las primeras estrellas, este domingo 2 de octubre al anochecer comienza el año nuevo hebreo 5777. De acuerdo a la tradición hebrea el mundo fue creado en esta época del año y por lo tanto se podría hablar de una especie de Gran Cumpleaños del Universo
Las Altas Fiestas Hebreas
que se inician a partir del festejo deRosh Hashaná (año nuevo judío) se continúan con varias otras conmemoraciones (entre ellas la muy solemne del Iom Kipur o Día del Perdón, el 12 de octubre) concluyendo, este año, a fines de octubre
Simbolismos de la festividad. Seguramente que el lector querrá conocer la festividad por dentro. Encontramos elementos distintivos tanto en la mesa hogareña (por dos noches) como en la sinagoga.
Básicamente, se trata en la mesa familiar de tener elementos que representan endulzar la vida en el año que se inicia. Así, el pan, que habitualmente se unta en sal, en esta ocasión es untado en azúcar. A su vez, la manzana es también sumergida en azúcar o miel. Es el modo de expresar: “¡Que sea un buen año,pleno de dulzura!”.
Es una festividad en la que, por supuesto, es también activa la presencia de la grey judía en la sinagoga. En ésta, predomina en la ocasión el color blanco en tanto símbolo de la pureza. Todos los adornos de los Rollos de la Torá se hallan revestidos de ese color para Rosh Hashaná.
Otro aspecto interesante entre los simbolismos de esta festividad, se halla en el saludo de augurio para expresar al prójimo. Como en toda ocasión, el saludo del Pueblo del Libro (o de la Biblia) alude a éste. Es así que en estos días se dice a parientes, amigos y vecinos “ ... que seas inscripto en el Libro de la Vida...”.
El tiempo es el corazón de la existencia. En lo profundo las Altas Fiestas judías recuerdan el tiempo de la Creación, y se relacionan con la idea de juicio ético.
Nos proponen un balance del mayor capital que tiene cada ser humano: la vida. Cada minuto que vivimos es único e irrepetible, el tiempo es la materia más escasa y más vital. Es un buen momento para volver a reflexionar sobre el sentido de la existencia, un tiempo para repensar “el tiempo”. “¿Cabría preguntarse cuál es en el mundo de hoy el sentido del tiempo?” se cuestionaba, hace algunos años, el rabino Abraham I. Heschel (en el libro El Shabat y el hombre moderno), y se contestaba: “La civilización técnica es la conquista del espacio físico por el hombre. Es un triunfo frecuentemente logrado mediante el sacrificio de uno de los ingredientes esenciales de la existencia: el tiempo... Pero ‘tener más’ no significa ‘ser más’.
El poder que alcanzamos en el mundo del espacio se detiene bruscamente ante los límites del tiempo. Mas el tiempo es el corazón de la existencia...”.
Parafraseando a Heschel se podría decir que durante las Altas Fiestas hebreas, los judíos “somos llamados a participar en lo que hay de eterno en el tiempo y pasar de los resultados de la Creación al misterio de la Creación, del mundo de la Creación a la Creación del mundo...”.
Uno de los problemas de nuestra época es el exagerado individualismo y la falta de solidaridad. El Papa caracteriza a nuestros días como la “globalización de la indiferencia”. Pensadores como Lipovetsky, Bourdieu y Dubet lo acaban de señalar enfáticamente.
En toda la historia humana nunca hubo una diferencia económica tan grande entre los ultrarricos
y los extremadamente pobres que padecen hambre y mueren por enfermedades que se pueden prevenir.
En este presente donde prevalecen el mencionado individualismo, el egoísmo, la egolatría y la falta de solidaridad se levanta el pensamiento ético a favor de nuestros semejantes representado por las Altas Fiestas Judías.
Y si el estimado lector quiere saludar a sus amigos judíos para tan importante ocasión, puede simplemente decirles: Shaná Tová (en hebreo), A Guit Iur (en idish) o Aniada Buena (en judeoespañol). O bien, dígalo en español: ¡Buen Año!
*Es presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí, Cidicsef.
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30 años de divulgación judaica en los medios
Leer artículo en el DiarioJudio.comDiario Judio de Mexico. entrevistas y reportajes . 5 de noviembre 2024
Entrevistamos al Dr. Mario Eduardo Cohen, especialista en temática sefardí, presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDICSEF), profesor de la Universidad Maimónides y contador público.
¿Qué aniversario se cumple en estos meses?
Justamente el 15 de septiembre de 1994 el diario La Nación, en su página 9, publicaba un artículo mío con el título “Iom Kipur: festividad judía, universal y particular. Renovación de lo más antiguo”.
Treinta años después, hace unos días, el 11 de octubre de 2024, publiqué “El Iom Kipur de dolor”.
Después de aquel primer artículo seguí publicando más de una centena de notas en los diarios Clarín, Perfil e Infobae, y Aurora, de Israel. Estos artículos, a su vez, fueron reproducidos por otros medios.
Varios fueron traducidos al portugués, francés, hebreo, búlgaro, entre otros idiomas.
Muchos de mis artículos fueron luego reproducidos por los medios comunitarios
judíos. Valoro especialmente el esfuerzo de estos periodistas que con pocos recursos y mucho sacrificio informan a la judeidad.
¿Cómo llegó a publicarse su primer artículo a La Nación?
Yo había incursionado en los medios cuando era muy joven. Había publicado esporádicamente artículos en la prestigiosa revista Raíces y en otros periódicos
comunitarios, pero no tenía como objetivo dedicarme al periodismo especializado en temática judía.
En los años 2001 y 2002 elaboré varios CD-ROM sobre esta temática, los cuales fueron una especie de minienciclopedia judaica, que me dio una gran plataforma para poder abordar los diversos aspectos de la cultura judía.
Pero, la publicación del primer artículo en La Nación fue obra de la casualidad. Yo lo había enviado al diario como mera información sobre Iom Kipur, para que tomaran nota de los detalles de la festividad. Al editor de entonces le resultó interesante y lo publicó.
En la primera época debía casi rogar a los medios para que me publiquen una nota. Hoy, me alegra contarle que son ellos los que me las suelen pedir.
¿Alguna vez escribió sobre la misma temática en distintos medios, en forma simultánea?
Sí, en varias oportunidades. Cuando escribo para dos o tres medios sobre una misma temática, me cuido de que los artículos sean distintos. Por ejemplo, en enero de 2018 publiqué artículos sobre la Shoá en tres medios, en forma simultánea.
¿Qué información tenían los diarios argentinos antes de que comenzaras a publicar en los mismos?
Hace tres décadas los diarios impresos eran mucho más relevantes de lo que son ahora, muchísima gente recibía el diario en su propio domicilio y lo que primero hacía a la mañana temprano era leer las noticias. Hoy solo una minoría lee el diario impreso, el resto se informa por Internet.
Esta modalidad actual tiene un aspecto positivo: se llega a miles de personas de todo el mundo con el mensaje, a través de Internet y las redes sociales. Muchos portales reproducen mis artículos y en Google están siempre disponibles.
También tiene su lado negativo: me han reenviado notas escritas por mí en las que no figuro como autor. Una vez que se hace viral es casi imposible pedir que me reconozcan la autoría.
Volviendo a tu pregunta, la información que contenían los diarios sobre el judaísmo era sumamente elemental y se orientaba solo a los rituales formales de las festividades (cuatro copas y pan ácimo en Pésaj, ocho velas en Janucá, ayuno en Iom Kipur), sin explicar las causas y los contextos.
Lo que pretendo con mis artículos es transmitir la rica cultura judía que está detrás de estos rituales.
¿Has escrito solamente sobre las principales festividades o también acerca de otros temas?
Si bien el tema de las festividades fue el centro de mis aportes, escribí casi todos los años artículos sobre la Shoá, en coincidencia con el 27 de enero, Día Internacional de Recordación del Holocausto. Lamentablemente, en algunos casos, los comentarios de los lectores destilaban antisemitismo.
Además, en otras notas reflejé aspectos relacionados con el judaísmo en Borges, Maimónides, Sábato, Pedro II, Elie Wiesel y Einstein, entre otras personalidades.
Abordé temas tan variados como los tres mil años de Jerusalén y críticas de películas y reseñas de libros.
Les he dedicado también párrafos a los museos judíos y a las resoluciones de la Unesco que declararon patrimonio cultural de la humanidad a sitios de interés judío.
Elaboré artículos relacionados con las declaraciones de los papas Juan Pablo II y Francisco. Como dato curioso señalo que Jorge Bergoglio (ahora papa Francisco) compartió conmigo hace unos años la misma página de La Nación. Él explicó el sentido de Pascua y yo, el de Pésaj.
¿Qué repercusión han tenido tus artículos?
Me he enterado de que muchos de mis artículos han sido leídos y comentados en las mesas familiares de Pésaj, Rosh Hashaná y Iom Kipur. No solamente en la Argentina han acompañado las reuniones familiares. Me he enterado de que lo mismo ha ocurrido en Europa, Israel y Estados Unidos.
En los artículos he informado sobre el saludo propio de cada festividad, como “Shaná tová” o “Jag sameaj”.
Creo que mis contribuciones han sensibilizado a muchos lectores, quienes han comprendido que el judaísmo no es una secta, sino una cultura ética, base de las demás religiones monoteístas.
¿Cómo se entregaba un artículo a la redacción de un medio hace treinta años?
Las redacciones de los diarios han cambiado notoriamente con la incorporación de la tecnología relacionada con Internet. En aquella época uno tenía que entregar el artículo físicamente o enviarlo por fax. Luego, en la redacción se lo mandaba a los linotipistas del taller que lo transformaban en caracteres listos para imprimir. Finalmente, era revisado por un corrector.
Hoy directamente se envía por correo electrónico y el redactor lo deja armado para la impresión.
En aquella época el editor solicitaba un artículo con un número determinado de páginas y, para que entraran más conceptos, yo lo solía escribir en letra muy chica. Actualmente, piden una nota de cierta cantidad de caracteres, lo que limita claramente la longitud del texto.
Para documentarme sobre algún tema debía recurrir a la biblioteca, hoy las fuentes de información se han multiplicado casi al infinito, de ahí la importancia de saber seleccionar las fuentes.
¿Cómo conseguías las ilustraciones para tus artículos hace tres décadas?
Hoy Internet nos brinda centenares de opciones para elegir las imágenes que se requieren para un artículo.
En aquella época no era tan fácil conseguirlas. Uno debía buscarlas donde fuera.
Recuerdo que tuve que sacar una hoja de un libro y, en otra ocasión, romper un afiche, para encontrar una imagen que ilustrara mis aportes.
¿Has abordado también temas de actualidad?
Sí, he elaborado artículos sobre temas de mucha actualidad. Por ejemplo, apenas ocurrido el atentado del 7 de octubre, publiqué, en Clarín, el artículo que denominé: “7/10. El pogromo del Día de la Torá”.
La nota tuvo gran trascendencia internacional y fue traducida al hebreo, al francés y al inglés. Luego, le siguieron otras notas sobre las atrocidades cometidas por el grupo terrorista Hamas.
¿Cuánto tiempo demora en preparar un artículo?
La versión final que aparece en los medios generalmente es la cuarta o quinta versión del original. La elaboración de un artículo me puede llevar por lo menos una semana y atraviesa por varias correcciones y adaptaciones. En estos últimos años debo agradecer a Laura Slutsky sus esmeradas correcciones.
Además de los artículos que aparecen con mi firma, es habitual que les mande material a los medios para que ellos mismos elaboren su propia nota.
He encontrado en el rechazo a las sangrientas Cruzadas de los cristianos el germen del fundamentalismo musulmán, entre otros factores.
Relaciono la teoría del climatólogo Herbert Lamb, llamada “período cálido medieval”, con el crecimiento poblacional. Esta teoría explicaría la continua provisión de soldados cristianos para las Cruzadas.
En el año 2023 la Universidad de Granada, entre otras instituciones, publicaron mi trabajo en el que resalto las características de los documentos de Maimónides encontrados en el Guenizá de El Cairo.
¿Qué distinciones ha recibido?
El rey Juan Carlos de España me distinguió con la Orden del Mérito Civil y, más recientemente, recibí la condecoración de las Cuatro Sinagogas de Jerusalén.
¿Tiene planeada la escritura de otro libro o nuevas publicaciones?
En la actualidad estoy escribiendo un trabajo sobre Hasday Ibn Shaprut para
la Universidad de Granada. Tengo también otros pedidos que debería cumplimentar en los próximos meses.
Siempre planifico nuevas publicaciones y artículos. Espero tener salud para poder seguir escribiendo novedades y generando nuevos proyectos.
Para finalizar, ¿a quiénes quisiera agradecer por acompañarlo en su trayectoria profesional?
Todas las personas que nos dedicamos a escribir solamente agregamos un pequeño peldaño a lo que ya han investigado otros antes que nosotros.
Mucho le debo a mis maestros y a todos los colegas que me han apoyado en esta tarea, en especial a mis compañeros del CIDICSEF y de FESELA.
Quisiera agradecer a mi familia por acompañarme y comprenderme cuando no puedo dedicarles todo el tiempo que quisiera compartir con ellos
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Un Maimónides profundamente humano
Leer artículo en el DiarioJudio.comDiario Judio de Mexico. entrevistas y reportajes . 12 de Dic 2024
Se publicó en Granada la ponencia de Dr. Mario Eduardo Cohen llamada: “Maimónides en los documentos de la Guenizá de El Cairo”. La misma está incluida en el libro monográfico MOSHE BEN MAIMÓN. VIDA OBRA Y LEGADO, editado por varias instituciones españolas con el auspicio de la Universidad de Granada y la dirección de Francisco Jiménez Bedman.
El Dr. Mario Eduardo Cohen es presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDICSEF) y a la vez profesor de la Universidad Maimónides.
El editor del libro señala que el Cohen: “enfatiza que Maimónides no fue sólo un teórico del pensamiento y la escatología judía, sino que, a menudo abordaba temas concretos, de naturaleza individual o familiar, ora colectiva ora singular”.
Señala el autor de la ponencia que: “Maimónides fue un hombre múltiple y se destacó en muchas áreas de la filosofía, en las leyes judaicas y en la medicina, pero a su vez se mostró profundamente humano. El respeto que tenía a su padre y el profundo dolor en el cayó luego del fallecimiento de su hermano dan cuenta de ello”.
En otro párrafo, señala Cohen que el Rambam “fue un sabio que nos dejó un gran legado y, a su vez, un ser humano que vivió en una época muy conflictiva y que supo sustraerse de los inconvenientes y de las guerras”.
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